
Al menos ése es el discurso que los asesores próximos a la presidente intentan difundir a pesar de que diariamente los partidos anuncien reuniones de sus diputados en el Congreso para evaluar su apoyo al Ejecutivo. Cuando la presidente es interrogada sobre la crisis política responde a bote pronto: “¿Qué crisis?”
La negación de la crisis puede convertirse en algo aún más peligroso para la presidenta ya que la presión de los partidos aliados continúa creciendo y no hubo respuestas claras a sus reivindicaciones. Este miércoles, por ejemplo, el PR, cuyos senadores anunciaron el último miércoles que van a hacer oposición a Dilma, reunía a los presidentes de los directorios regionales para decidir institucionalmente si se pasa a la oposición.
Son siete votos menos para el Gobierno en el Senado. Y si los diputados del PR siguen el mismo camino serán cuarenta votos menos en la Cámara. “Siempre huvo un grupo entre 10 y 12 diputados que quería hacer oposición al gobierno”, contó un parlamentario del partido bajo condición de anonimato. También hoy el PSC reúne sus diputados para decidir como actuarán en la Cámara. También están coordinados con el PTB. Sumados sus escaños tienen 39 votos.
“Aún estamos intentando entender lo que está ocurriendo… la gente quiere saber la dimensión de nuestro espacio. Ya fueron cambiados tres ministros y no fuimos invitados”, dijo a Reuters el lunes el diputado Hugo Leal (PSC-RJ), cuyo nombre inclusive ya fue sondeado en el Palacio del Planalto para ocupar un ministerio.
Desde hace por lo menos dos semanas, Dilma Rousseff pasa por los embates de los congresistas aliados. Primero tuvo que reunirse con el vicepresidente Michel Temer después de que 54 de los 78 diputados del PMDB firmaron un manifiesto reclamando la relación con el gobierno y la preminencia del PT en los cargos de primer escalafón.
Después, la presidente sufrió una derrota en el Congreso al ver rechazada en el Senado la nominación de Bernardo Figueiredo para la dirección general de la Agencia Nacional de los Transportes Terrestres (ANTT), un técnico de su confianza. Después de la derrota Dilma decidió intercambiar sus líderes en el Congreso, lo que generó nuevos descontentos por la forma y por las decisiones tomadas.
“La dueña Dilma tiene que tener cuidado, porque la relación de ella con el Congreso es igual a la de Collor”, dijo el coordinador de la bancada nordestina en el Congreso, diputado Gonzaga Patriota (PSB-PE), acordándose de que uno de los motivos que llevaron al impeachment del ex-presidente Fernando Collor de Mello fue su desprecio por los congresistas.
La bancada del Nordeste, que reúne 153 diputados, también está descontenta con el tratamiento recibido por el gobierno, pero reivindica específicamente la renegociación de las deudas de los productores rurales en los Estados de la región y la suspensión inmediata de las ejecuciones de las deudas promovidas por el Banco de Brasil y por el Banco del Nordeste. “Vamos a tener que votar contra el gobierno hasta resolver esa situación”, dijo Patriota, que pretende llevar el próximo jueves un documento con las reivindicaciones sobre las deudas agrarias de la región a Dilma.
El diputado, sin embargo, difícilmente conseguirá movilizar a todos los 153 diputados de la región, ya que algunos de ellos son del PT y no deben votar contra la orientación del Palacio del Planalto. Ese cuadro de insatisfacción generalizada hace que el gobierno evite votaciones complicadas en el Congreso. Si dependiera del área política del Ejecutivo la reforma del Código Forestal, por ejemplo, debería ser votada en el segundo semestre.
El próximo miércoles, la votación de la medida provisional 547, que instituye la Política Nacional de Protección y Defensa Civil y permite la creación de un sistema de monitoreo e informaciones sobre desastres, es considerada llave por el gobierno para saber con cuántos senadores aún puede contar tras la salida del PR de la coalición y la elección del peemedebista Eduardo Braga (AM) para liderar los oficialistas en el parlamento.
Una fuente del gobierno dijo que la orden de la presidenta es estirar la cuerda y no dar espacio para las amenazas y presiones de los aliados. Según esa fuente, que pidió para no tener su nombre revelado, Dilma Rousseff no determinó una ofensiva para contener el alboroto de los aliados, pero está enredándose más en las negociaciones y apuesta que tras un tiempo de acomodación, que puede durar más algunas semanas, los partidos volverán a tranquilizarse.
“No tenemos prisa para votar nada”, dijo otra fuente del Ejecutivo bajo condición de anonimato. A la vez, Dilma también vaenderezar a los aliados con recursos, liberando enmiendas parlamentarias para abril. La decisión es otra tentativa de aplacar parte de la revuelta de los miembros de la coalición, que aguardan la liberación de recursos antes del inicio de la campaña electoral en junio.
Otra acción de la presidenta para distanciarse de la idea de vivir una crisis política, es dar más visibilidad a la agenda económica. El próximo jueves tiene reunión con pesos-pesados de la industria para cobrar más de las inversiones privadas. También las próximas semanas, Dilma debe anunciar otra ronda de estímulos a la producción industrial ampliando el programa Brasil Mayor, que entre otras medidas crea regímenes tributarios especiales para sectores económicos estratégicos.