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19:00 | 16 ABR 2008
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Punto de vista: Otra mirada sobre la violencia en la escuela

Por: Jorge Álvarez (*) / Para Impulso Baires

En estos días mucho se ha dicho y se ha escrito sobre los casos de violencia en la escuela. Estos sucesos de características similares, han generado mucha inquietud en diversos ámbitos gubernamentales, en particular en lo referente a los profesionales de la Educación. 
Frente a esta situación, la desorientación es grande y los discursos previsibles. 
El más trillado es aquel que busca un componente violento en la sociedad, que se traslada a los jóvenes por propiedad transitiva. Otros rápidamente, tal vez la posición más conservadora, creen entender que es un producto de la pérdida de valores y en un paralelo, una pérdida de respeto al sentido de autoridad por parte de los jóvenes. 
Quisiera acercar otra mirada sobre el tema, que nos permita buscar soluciones que no signifiquen disminuir las libertades, sino por el contrario profundizarlas, dejando de lado discursos tan anticuados y conservadores. 
Para ello, una pregunta. ¿Y si la violencia es producto de la necesidad de encontrar un espacio en un mundo donde ser adolescente ahora es más complejo por la escasa distancia que tienen con los adultos?.
¿De que se trata? De pensar de otra manera la noción de nuestros adolescentes y su relación con la adolescencia misma y la necesidad de construir códigos, que sean difíciles de entender para el mundo adulto. Vayamos por partes.
La Adolescencia es la edad donde se intenta diferenciar del mundo adulto, cuales son las fronteras y en particular, confrontar con lo que ellos entienden es lo establecido.
Hoy los adolescentes son hijos de Padres que no hace mucho tiempo dejaron de ser adolescentes. Las diferencias ya no son tan abismales como nos tocó a los que tenemos más de treinta, cuando los Padres tenían diferencias culturales enormes con sus hijos. 
Hoy los hijos escuchan la misma música que sus Padres, tal vez comparten un concierto, etc. Viven un mundo donde lo diverso es la característica común. 
Los caminos tradicionales de la diferenciación con los adultos están cerrados, son anulados por la cercanía de estos Padres que ya no son el mundo viejo, que hablan un idioma parecido y no están tan lejos de sus hijos en términos culturales.
¿De qué manera entonces puede un adolescente manifestar su rebeldía?.
Hoy los adolescentes han visto reducida la capacidad de rupturas. Por ello manifiestan su búsqueda de reconocimiento desde culturas incomprensibles para los adultos y en la radicalización de estas, según señala el sociólogo Marcelo Urresti en una investigación a su cargo. 
Es una búsqueda por diferenciarse de un mundo adulto que los deja sin aire. Los grupos como los Emos, los Darks son un claro ejemplo de esto. Culturas codificadas que los adultos no comprenden. Un lugar donde los adolescentes conforman una especie de dialecto inentendible para el adulto.
Pero qué pasa hacia adentro del mundo adolescente, cómo se puede hacer para convivir en un mundo fragmentado. La diversidad es un fenómeno de nuestra época que irá profundizándose con el tiempo. No hay un modelo de jóvenes. Hay miles. 
Estas diferencias se expresan en la elección de la identidad musical, en el estilo de la ropa, por el criterio de elección de otros gustos, etc. La afirmación y la pertenencia a cada uno de estos colectivos es defendido de manera de construir su lugar, inclusive con la radicalización de su pertenencia. 
Entonces la lucha por imponer estos grupos, su grupo, es la lucha del adolescente. No se trata de enfrentar al mundo adulto, se trata de ganar un lugar en el espacio propio de pares. 
No hay aire en el conflicto con los mayores, el oxígeno se da en la compulsa con los pares.
¿Qué debemos hacer frente a esto? En primer lugar, políticas públicas que trabajen sobre la importancia de la diversidad y no sobre la necesidad de buscar la homogeneidad. Profundizar la tolerancia frente a los distintos.
Luego, es preciso instar y fomentar muchos más espacios dedicados al esparcimiento, a la cultura, donde puedan mostrarse las diversidades.
Y por último, dejar de exigirles a los adolescentes que sean como sus Padres, que sigan siendo jóvenes, que escriban su propia historia sin la necesidad de profundizar las diferencias que luego devienen en hechos violentos.


(*) Jorge Álvarez es Presidente del IADEPP 
http://alvarezsi.blogspot.com

 

 

 

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