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20:33 | 26 DIC
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Yrigoyen y la Patagonia Rebelde: El Instituto Nacional Yrigoyeneano refuta a Felipe Pigna

(Por: Diego Barovero /*/, y Fernando Blanco Muiño /*/)

Con relación a los hechos acaecidos en 1921 en la Patagonia durante una huelga de peones rurales y ante las graves, mendaces e injustas imputaciones formuladas al presidente doctor Hipólito Yrigoyen por parte de Felipe Pigna en el programa "Algo habrán hecho por la historia argentina", el Instituto Nacional Yrigoyeneano Ley 26040 asume una vez más el deber de hacer un aporte a la verdad histórica de dicho proceso.
A este respecto, se reiterarán argumentos esgrimidos con motivo de una polémica epistolar mantenida con el novelista Osvaldo Bayer en la sección "Cartas al País" del diario "Clarín" entre noviembre y diciembre de 2004, de la cual desistiera el mencionado tras la tercera carta de este Instituto.
En tal sentido es menester considerar las circunstancias del contexto internacional como se efectuara en referencia a los hechos de la Semana Trágica (Revolución Bolchevique, influencia de las tendencias maximalistas en los movimientos obreros radicalizados) así como la crisis económica de la posguerra mundial que aparejó la caída del precio de la lana provocando una enorme desocupación en el sur chileno-argentino. En julio de 1920 una huelga chilena fue reprimida y sus dirigentes buscaron refugio en la frontera argentina. En agosto del mismo año comenzaron a estallar huelgas en el entonces territorio nacional de Santa Cruz.
Ante la generalización del conflicto, el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen ordenó al teniente coronel Héctor Benigno Varela -militar de caballería de impecable foja de servicio, revolucionario radical de 1905 - marchar con tropas de caballería a la zona de conflicto. En este sentido también corresponde señalar la importancia estratégica de la región patagónica en el pensamiento de Yrigoyen - fundamental en la concepción del proyecto que daría inicio a partir de la fundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales YPF al año siguiente - habida cuenta de la larga historia de conflictos limítrofes con la hermana República de Chile, sobre la cual incidía también el escaso índice de población nativa que favorecía claramente la ocupación de territorios por parte de fuerzas chilenas.
Una vez en el lugar, el jefe militar negoció algunas mejoras en las condiciones laborales con los huelguistas (argentinos, españoles y chilenos) y adoptó algunas disposiciones trascendentes como la prohibición de la circulación de moneda chilena (hasta entonces indiscriminada, algo de extrema gravedad en consideración de la soberanía nacional) , logrando un acuerdo satisfactorio para los trabajadores. En mayo de 1921 las fuerzas militares abandonaron Santa Cruz, pero los estancieros no cumplieron con lo pactado por lo que recrudeció el descontento alentado por los dirigentes de fuerzas anarquistas más violentas,,compuesta mayoritariamente de extranjeros.
A estas alturas del conflicto las autoridades argentinas tenían conocimiento de la injerencia chilena: la sospechosa presencia del Director Nacional de Carabineros coronel Carlos Ibáñez del Campo (posteriormente presidente de Chile y aliado de Perón) con sus fuerzas cerca de la frontera con el objetivo de evitar que la huelga se extendiera a Chile y la abundancia de armas de fuego en poder de los huelguistas, fruto de expediciones nocturnas y asaltos para proveerse de las mismas. El testimonio de Dago Holmberg - de insospechada filiación radical - es fundamental en este sentido.
Por disposición del presidente Yrigoyen, el teniente coronel Varela nuevamente tuvo en sus manos la misión de resolver el problema. Pero esta vez reprimió la huelga en forma muy dura, algo que fue relatado con mayor o menor detalle por parte de diversos historiadores y publicistas. Es verdad que hubo excesos y violencia extrema. No es posible negarlo. Pero no es dable imputar de esas acciones al presidente de la República, que se hallaba a miles de kilómetros de distancia del lugar de los hechos y con limitados medios de comunicación, propios de la época.
En opinión del historiador Miguel Angel Scenna —que compartimos— el drástico cambio en la actitud de Varela —negociadora la primera vez, represiva la segunda— se debió a que en la primera huelga el gobierno argentino no tenía certeza de la injerencia extranjera, en tanto en la segunda oportunidad sí la tenía.
El publicista Bayer - a quien Pigna se remite en forma constante en el relato del conflicto patagónico - al intentar rebatir los argumentos antes esgrimidos por este Instituto sostuvo que "el gobierno chileno se dirigió al argentino ofreciéndole ayuda para combatir a los peones huelguistas". Por lógicas razones de política de Estado, el gobierno chileno no podía asumir otra actitud que la de ofrecer colaboración a su par argentino. ¿O acaso pretendía Bayer que Chile blanqueara sus intenciones expansionistas mediante documentos oficiales? Existe abundante documentación que demuestra la existencia de una operación de copamiento de la Patagonia por parte de Chile y del accionar de inteligencia chilena en la zona, fundamentalmente en tiempos del conflicto en estudio.
El gobierno argentino, con posterioridad a los hechos no formuló una investigación sobre las responsabilidades emergentes del desarrollo de las acciones represivas en la Patagonia y ello le es imputado directamente a Yrigoyen. Sí hubo un debate en la Cámara de Diputados donde se ventilaron los hechos y el bloque de la UCR defendió el accionar del gobierno, cuya autoridad había sido puesta en tela de juicio por el accionar violento y subversivo de las fuerzas anarquistas. El episodio es suficientemente doloroso como para que se pretenda sacar réditos por parte de ningún sector político, social e intelectual.
Sin embargo, cabe preguntarse qué fue del " combativo y revolucionario" activista Antonio Soto quien, a pesar de poseer un frondoso prontuario pudo escapar vía Chile donde se sospecha contaba con la benevolencia de las fuerzas militares y de inteligencia apostadas en la frontera con nuestro país.
Preferimos cerrar este comentario sobre los luctuosos hechos con las palabras de un testigo insobornable de los hechos: José María Borrero, español nacido en Aragón y periodista, autor de "La Patagonia Trágica" en cuyas últimas líneas promete escribir (lo que no pudo concretar debido a su prematura muerte) para deslindar responsabilidades "señalando con pruebas indubitables a los verdaderos autores morales y materiales de tales matanzas, quienes con fines inconfesables ponen todo su empeño en arrojar sombras siniestras sobre un eminente y austero ex mandatario de la Nación y sobre la memoria de un pundonoroso militar argentino, primera víctima propociatoria de los sucesos de Santa Cruz, cuya memoria se hace de todo punto preciso reivindicar, cumpliendo el deber fundamental de restablecer la verdad histórica". Así sea.


(*) Diego Barovero es vicepresidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano; mientras que Fernando Blanco Muiño es secretario general.


Imagen: Blog Instituto Yrigoyeneano

 



 

 

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