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00:01 | 10 MAR
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La enfermedad del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, reabre el debate de su sucesión

El Cairo - La enfermedad del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, reabre el debate de su sucesión - El Baradei, ex director del OIEA, se perfila como símbolo del cambio.

Mientras Hosni Mubarak, presidente de Egipto, se recupera de la operación de vesícula a la que fue sometido el pasado sábado en Alemania, en sus dominios y en la comunidad internacional las lenguas se han disparado preguntándose por el futuro político de un país que el convaleciente, de 81 años, ha gobernado las últimas tres décadas. El debate sobre su sucesión (no tiene vicepresidente) lleva años abierto debido a su avanzada edad y los rumores sobre su salud hacen balancearse la Bolsa de El Cairo.
La amenaza de la inestabilidad se cierne sobre la región. Nadie sabe a ciencia cierta si Mubarak concurrirá a las elecciones presidenciales de 2011 en busca de un sexto mandato consecutivo. Las quinielas se han abierto después de que en 2005 se celebraran por primera vez unos comicios con varios candidatos. A pesar de mantener al pueblo egipcio desde hace 29 años bajo una dictadura disfrazada de democracia (votantes acosados, cierre de colegios electorales y cárcel para los oponentes políticos), Mubarak goza del apoyo del mundo occidental gracias a su retórica de país árabe moderado. Pero Egipto está rodeado de gobernantes que se perpetúan en el poder mediante dinastías, como la familia Assad, en Siria, o los Gaddafi en Libia.
El 20% de los 80 millones de habitantes que tiene Egipto vive por debajo del umbral de la pobreza. Hay deseos de cambio, aunque las actuales normas electorales hacen casi imposible presentar una alternativa de poder sin contar con el Partido Democrático Nacional (PDN), que dirige Mubarak. El rais barrió en las urnas en 2005 con el 88,6% de los sufragios.
La principal apuesta de sucesión es su hijo Gamal, un ex banquero de 46 años que ha ganado peso en el partido gobernante. Gamal Mubarak, jefe de la secretaría política del PDN, y sus aliados en puestos clave del Gabinete han diseñado medidas de liberalización de la economía elogiadas por los inversores internacionales.
Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos egipcios y hombre clave en la mediación entre israelíes y palestinos, es una figura principal en la política exterior egipcia. Estaría también bien situado entre los presidenciables bien vistos para quienes defienden una alternativa surgida desde el Ejército.
Ayman Nour, que desafió a Mubarak en los comicios de 2005 y que fue después encarcelado, aspira a ser también el candidato de la oposición. Pero si hay alguien que goza del beneplácito de un número cada vez más alto de egipcios es el ex director de la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA) y premio Nobel de la Paz, Mohamed el Baradei. Tras casi tres décadas viviendo fuera del país, El Baradei, de 67 años, se perfila como el icono del cambio en Egipto. Aunque aún no ha reconocido formalmente si se presentará a las elecciones, asegura que en cualquier caso lo haría como independiente, lo que no es factible con la actual legislación.
El novelista Alaa al Aswany, autor de El edificio Yacobián, para muchos el mejor retrato del Egipto moderno, ve con buenos ojos la irrupción del premio Nobel en la política egipcia: "No es tan importante el hecho de que El Baradei se presente a las elecciones como que esté presionando al régimen actual para conseguir un verdadero cambio político". "Lo que hemos estado viviendo han sido elecciones del miedo y no elecciones libres", asegura el escritor.
El novelista es un paradigma de la élite intelectual egipcia que está dando su apoyo a una posible candidatura de El Baradei, que tiene su propio grupo de fans en la red social Facebook, con más de 170.000 seguidores. Para el poeta Abderramán Yusuf, que dirige el grupo de apoyo a su candidatura, la presencia de El Baradei ha puesto sobre la mesa "un nuevo escenario que muestra la debilidad del régimen de Mubarak y que permitirá que se produzcan cambios". Además, duda de que el hijo del presidente tenga posibilidades de heredar el Gobierno: "No tiene antecedentes en el Ejército", como todos los presidentes: Nasser, Sadat y Mubarak.
Al Aswany recurre a una metáfora para resumir la complejidad política que vive ahora Egipto: "Somos como un equipo de fútbol con excelentes jugadores que permanecen en el banquillo mientras los malos salen al campo. Y si el problema reside en el entrenador, no nos queda más remedio que cambiar de entrenador". El País

 



 

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