por Redacción
El nuevo secretario llega con un recorrido político amplio: fue funcionario en los primeros años del macrismo en la Ciudad de Buenos Aires, luego legislador porteño, más tarde diputado nacional y, recientemente, diputado provincial por la Séptima Sección electoral, pese a ser platense. Estudió en el Colegio Nacional, vive en City Bell, es abogado y cuenta con dos posgrados vinculados a las relaciones internacionales —UCES y FLACSO— además de un conocimiento técnico profundo sobre la arquitectura jurídica del Mercosur, donde realizó aportes legislativos. Su experiencia en comercio exterior combina gestión, producción normativa y vínculos institucionales.
Una misión estratégica en un contexto adverso
La tarea que le asigna Alak es ambiciosa: posicionar internacionalmente a La Plata para abrir puertas al desarrollo económico. Eso implica articular con embajadas, cámaras binacionales, clubes de inversión y organismos multilaterales de crédito. Para un municipio, acceder a financiamiento externo es complejo: requiere avales nacionales, garantías sólidas y una ingeniería política fina.
El perfil de Lipovetzky encaja en esa hoja de ruta. Tiene capacidad técnica, vínculos y experiencia. El desafío será otro: construir consensos locales en un ecosistema político donde la agenda de Estado suele quedar atrapada en la agenda electoral.
Un funcionario de alto perfil en un tablero sensible
Lipovetzky no es un cuadro de bajo perfil. Confrontó públicamente con Javier Milei en televisión, fue la cara visible de la Ley de Alquileres durante el gobierno de Cambiemos y militó abiertamente la legalización del aborto. Todo eso lo convierte en un actor con visibilidad, pero también con resistencias.
Para que su gestión prospere, necesitará diálogo con la oposición local y con los sectores más duros del poder económico y político de la ciudad. La continuidad de cualquier política internacional exige acuerdos amplios y trabajo silencioso.
El ruido interno: la parte que más duele
La llegada de Lipovetzky no generó objeciones personales de peso, pero sí malestar por la creación de una nueva secretaría.
Los concejales de La Libertad Avanza, Juan Pablo Allan y Gastón Álvarez, cuestionaron la decisión por considerarla desproporcionada en tiempos de ajuste. Más duro fue Martiniano Ferrer Picado (PRO - Tercer Tiempo Argentina), quien afirmó: “Los platenses ya estamos haciendo un esfuerzo histórico para bancar el aparato político más grande de la historia de La Plata. Récord de cargos creados…”.

Pero el ruido más sensible provino del Frente Renovador. El diputado provincial Juan Malpeli expresó en redes su malestar por la falta de participación del espacio en la gestión local, recordando el apoyo brindado en la campaña y el “ninguneo” posterior. Sus mensajes dejaron expuesta una tensión que venía creciendo. Algunos dicen que “si Malpeli habló es porque desde muy arriba lo habilitaron”.
A eso se sumó la frase de un exintendente del centro de la Provincia, que comparó la estrategia de ampliación de Alak con la del larretismo, sugiriendo que “por abrir demasiado, terminó como terminó”.
Un frente interno que se recalienta
En el peronismo y sus aliados observan que la apertura hacia nuevos actores -como Lipovetzky- empieza a generar fisuras internas. La tropa siente que algunos que trabajaron para el triunfo quedaron afuera, mientras otros ingresan con mayor visibilidad y estructura.
El capítulo recién empieza.
Y en el Palacio Municipal saben que, cuando el ruido interno crece, la política local se vuelve más impredecible.