martes 10 de diciembre de 2019 - Edición Nº1356
Impulsobaires » Politica » 20 ago 2016

Salvador proclamado candidato a presidente de la UCR bonaerense. Deberá enfrentar a Abad y a Fernández

Rojas - El vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Salvador, proclamó su pretensión de encabezar el Comité Provincia de la Unión Cívica Radical, al movilizar a un buen número de radicales que se congregaron en el club Jorge Newbery de la ciudad de Rojas. El número dos del Gobierno provincial deberá enfrentar en la contienda al diputado marplatense Maximiliano Abad, que es respaldado por un importante grupo de intendentes y legisladores provinciales de peso territorial, y al senador alfonsinista, Carlos Fernández.


Previamente, al discurso del vicegobernador, hizo uso de la palabra el intendente local Claudio Rossi quien fue acompañado en el estrado por sus pares de General Arenales y de Chacabuco, Erica Silvana Revilla y Vìctor Aiola, respectivamente.
Rossi propuso a Salvador como el dirigente indicado para dirigir, por dos años, los destinos del radicalismo bonaerense, propuesta que también formularon el diputado nacional, Alejandro Echegaray, la diputada provincial Sandra Paris y el presentador de televisión y periodista Luis Otero, quienes precedieron a Salvador en el uso de la palabra.
Durante la cena, fue exhibido el documento que, en idéntico sentido, propone a Daniel Salvador y que ya fue firmado por más de la mitad de los intendentes radicales de la provincia, según fuentes del Senado provincial.
El cierre estuvo a cargo del propio Salvador quien formuló una sostenida defensa de la presencia del radicalismo en el gobierno de Cambiemos, no solo por el fortalecimiento del partido sino además por su “necesaria” presencia para recuperar el valor de la honestidad y las prácticas de buen gobierno, en la República y en la provincia de Buenos Aires.

Abad fortalecido el jueves pasado


Tal como informó Impulso Baires, el diputado marplatense Maximiliano Abad, de 39 años, se mostró muy fortalecido el pasado jueves en una cena en el Club Vasco de La Plata, oportunidad en la que fue ungido para representar al espacio renovador por una buena cantidad de intendentes, legisladores y dirigentes de mucho peso territorial.
Entre algunos de los dirigentes que integran el espacio está el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, y sus pares de San Cayetano, Miguel Gargaglione; de Viamonte, Franco Flexas; de Maipú, Matías Rappalini; de General Guido, Aníbal Loubet; de Mar Chiquita, Carlos Ronda; y de General Belgrano, Osvaldo Di Napoli.
Y también se enrolan los diputados provinciales Fernando Pérez, de la Sección Tercera (GBA sur); Walter Carusso (Sección Primera GBA Norte), y Vanesa Zuccari (Sección Cuarta. Noroeste); y el senador Marcelo Dileo (Seguda Sección).
En tanto que los diputados nacionales que acompañan al grupo renovador, denominado Radicales Cambiemos, son Karina Banfi y Héctor “Cachi” Gutiérrez.


Documento del espacio de Salvador

“Somos militantes y dirigentes de la Unión Cívica Radical, y somos gobernantes de Cambiemos”. Es la oración que elegí para titular mi descripción del original proceso que vivimos los radicales desde el triunfo electoral del frente que integramos en la provincia de Buenos Aires.

Se trata de un proceso original no porque el radicalismo integre un frente, sino porque lo hace desde una posición de acompañamiento.

Con el realismo que nos debe caracterizar para no caer en un relato, debemos reconocer que no llegamos a Cambiemos como partido dominante o principal. No estamos allí en esa calidad, sino en la de socios del PRO.

¿Es esto bueno o es esto malo? Ni lo uno, ni lo otro. Es lo que era posible hacer y es lo que debía hacerse.

Hace tiempo que, en la provincia de Buenos Aires, el partido dejó de ser una opción de poder para refugiarse –con honrosísimas excepciones en algunos distritos- en la oposición. Hace tiempo, en consecuencia, que dejamos de prepararnos para asumir responsabilidades de gobierno.

Cierto, la oposición suele ser descrita como “el desierto”, pero a la vez representa la “comodidad” de la crítica, la facilidad del no involucramiento, el refugio del juicio de valor sin el compromiso de la acción.

Fue la Convención Nacional de Gualeguaychú, Entre Ríos, ejemplo de discusión horizontal en un partido político, la que decidió devolver al partido su vocación de partido de gobierno. La que se negó y evitó la transformación del radicalismo en un partido “testimonial”, alejado definitivamente del poder.

Fue la Convención Provincial de Almirante Brown, Buenos Aires, la que, en igual sentido, recuperó la voluntad y el compromiso para llevar a cabo la tarea, a priori imposible, de terminar con 28 años de hegemonía justicialista en la provincia.

Y nos fue bien. Y lo hicimos. Y, contra todos los pronósticos, ganamos.

Hoy, dentro de Cambiemos gobernamos 40 de las 65 intendencias que exhibe el frente. Hoy, dentro de Cambiemos, contamos con el vicegobernador de la provincia. Hoy, dentro de Cambiemos, mostramos al vicepresidente primero del Senado, tercero en la línea sucesoria constitucional. Hoy presidimos el bloque de diputados del frente. Hoy contamos con cientos de concejales y consejeros escolares.

Es fácil, práctico y hasta puede cae bien reclamar mayor participación, más aún exigirla y hasta hacerlo de manera casi extemporánea. Pero no es realista y compromete el futuro.

No es realista porque en la provincia de Buenos Aires, si bien el radicalismo hizo su valorable aporte, fue la gobernadora María Eugenia Vidal quién encabezó la opción que desplazó al kirchnerismo del poder. Y en la Nación fue el presidente Mauricio Macri.

Pero además, y por sobre toda las cosas, compromete el futuro. En buena medida, el futuro de Cambiemos. Más aún el de la Unión Cívica Radical Y por sobre todas las cosas la de los ciudadanos que habitan la provincia de Buenos Aires y que esperan un resurgimiento luego de años y años de decadencia.

Se trata de construir y reconstruir caminos, de realizar las obras hidráulicas que diluyan el flagelo de las inundaciones, de dotar de agua corriente y cloacas a todos los hogares urbanos de la provincia, de alcanzar la excelencia educativa y la eficiencia sanitaria.

Ese es el compromiso central y nada debe desvirtuarlo. Mucho menos, el debilitamiento de Cambiemos desde adentro de sus filas.

Todo indica que van quedando atrás las desconfianzas ideológicas. Día a día, el gobierno nacional y el provincial demuestran su sensibilidad social, aún frente a las duras y necesarias correcciones para sacar al país y a la provincia del desastre heredado.

Queda pues el problema del reparto de responsabilidades entre los socios de Cambiemos. No es un problema que se arregla con más o menos “rosca” política, ni con exigencias que solo sirven como excusa para impostar enojos.

Se ordena con un partido que genera cuadros, que forma dirigentes, que especializa militantes, tal como se lleva a cabo en algunos municipios que el partido gobierna de larga data.

En síntesis con un partido que abandone definitivamente su condición de  partido de oposición y la cambie por la de un partido siempre listo para gobernar aun cuando, circunstancial y alternativamente, no lo haga.

Hoy, la historia y la ciudadanía nos brindan una nueva oportunidad. No la desaprovechemos.

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