jueves 02 de abril de 2020 - Edición Nº1470
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Editorial "Costo de vida"

Liderazgo es lo que faltó

Editorial de Fabricio Moschettoni en Costo de vida por Radio 96.7 de La Plata, viernes 13 de marzo de 2020.


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Por: Fabricio Moschettoni

Entre la falla de la política local está la imperiosa búsqueda de quedar bien con el electorado a costa de cualquier cosa, entonces no se planifica previendo que un mundo moderno tiene grandes desafíos y la rapidez con la que se actúe desde el Estado puede ser la llave para salvar vidas o no.

Esta lección del coronavirus nos debe enseñar que tenemos la obligación de reformar el Estado, modernizarlo, y trabajar demasiado sobre emergencias.

A esta crisis le faltó liderazgo, y el liderazgo es indispensable para saber hacia dónde vamos. El liderazgo se ejerce por una sola persona, no se comparte ni se sociabiliza: es de uno.

Anoche, el presidente Alberto Fernández dijo un discurso correcto, pero ese era el discurso que debió haber dado hace varios días, con medidas que no se implementaron cuando se debieron hacer y que ahora surgen todas de golpe generando ruido informativo y eso sí que no es bueno. La falla del ministro de Salud, Ginés González García al no saber de qué se trataba la pandemia que hoy nos intenta jaquear, se produjo por una característica ausencia de liderazgo.

Alberto anoche actuó bien, e hizo lo que se necesita para esta emergencia. Actuó, en definitiva, a la altura de todos los líderes del mundo. Horas antes, el presidente estadounidense Donald Trump marcó el camino con la contundente resolución de prohibir el tráfico aéreo entre los países de la Unión Europea y Estados Unidos por el término de 30 días, y también otras medidas secundarias. El republicano marcó un camino que produjo efecto dominó interesante en el mundo, y Argentina estuvo esta vez con buenos reflejos.

Pero hablo además de reformar el Estado de modo integral, porque de esta manera solo estamos expuestos a una piña que nos puede dejar sin reacción y tendidos en la lona.

La organización política argentina adolece de sentido común. Posiblemente desde la batalla de Caseros del 3 de febrero en adelante el Estado moderno del federalismo y republicanismo actual se fue emparchando tanto que el producto final es una mezcla burocrática con incompatibilidades tremendas.

En emergencia la voz de mando la tiene que llevar el Ejecutivo Nacional, y desde allí ordenar cada cuestión en cada lugar del país. Las provincias deben acompañar, y los municipios tienen que estar a la altura de la situación.

Yendo de abajo hacia arriba observemos una falla central, que se puede resolver fácilmente.

Después de idas y vueltas con un debate sobre nocturnidad que inauguraron en Provincia de  Buenos Aires el gobernador Eduardo Duhalde y su esposa, Hilda “Chiche” González de Duhalde, en el año 1996 y tomando un artículo de una legislación existente en la materia se limitó la actividad nocturna, pero los municipios empezaron a quejarse tanto como algunos políticos radicales de ese entonces acerca de supuestas facultades que las comunas deberían tener y no tuvieron. Finamente, en 2012 se implementan cambios y es estado provincial cede por completo el control de la nocturnidad a los 135 distritos.

El error garrafal que se cometió con esa supuesta descentralización no solo permitió que los problemas de la nocturnidad se agravaran exponencialmente, sino que ahora estamos sufriendo consecuencias directas de esa cuestión al ver que los municipios salieron lentamente a tomar medidas preventivas de manera desordenada y sin un director de orquesta que les dijeron cuándo hacerlo y con qué alcance.

La Plata marcó el rumbo y el intendente Julio Garro fue el primer jefe comunal que firmó un decreto prohibiendo actividades de concurrencia masiva, mucho antes que lo sugerido por Nación e incluso horas antes de un decreto provincial que tibiamente recomendara evitar concurrencia de público a lugares cerrados.

El intendente de La Plata estuvo rápido de reflejos, pero actuó de acuerdo a su propia voluntad.

Lo mejor hubiese sido en este caso una reunión de emergencia del gobernador Axel Kicillof con los foros de intendentes que tienen los diferentes grupos políticos y rápidamente pasar a la acción haciendo lo mismo en todos lados y de manera simultanea. Pero eso no se logró, y ni sé si estuvo en agenda de la Gobernación.

Ahí es cuando hablo de falta de liderazgo, de ejecutividad, de ausencia de un control.

Pero lo que le pasó a Alberto en Nación y a Axel en Provincia le hubiese sucedido al gobierno anterior, o al anterior del anterior, o al de cualquier otro presidente y gobernador.

El problema no solo es el sistema que hay que cambiar, sino los políticos que operan sobre él y tienen ellos la obligación de instrumentar cambios.

Siempre recomiendo un libro del año 2002  de autoría de Rudolph Giuliani que se llama “Liderazgo”. El fantástico alcalde de Nueva York de esos tiempos, hombre Republicano y el único político al que le guardo profunda admiración, escribió en un tono familiar sobre cómo pudo reaccionar la Ciudad luego del fatídico 11 S del 2001. Es una buena guía para los políticos actuales en donde podrán entender cómo se actúa, cómo se reacciona ante crisis, y de qué manera se resuelven emergencias.

En síntesis: en un sistema hiperpresidencialista faltó liderazgo para actuar, y la confusión es la peor consejera en un momento ciertamente caótico.

Tenemos la posibilidad de aprender. ¿Los políticos argentinos se van a poner a estudiar y a actuar sin demagogia en organizar el Estado de una vez por todas?.

Buen viernes!

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