jueves 02 de abril de 2020 - Edición Nº1470
Impulsobaires » Podcast » 17 mar 2020

Editorial "Costo de vida"

El efecto anímico del encierro: Pelear contra el coronavirus y contra el miedo

Editorial de Fabricio Moschettoni para Costo de vida, Radio 96.7 de La Plata e ImpulsoBaires.com.ar durante este martes 17 de marzo de 2020. El ciclo se emite de 7 a 8 y de lunes a viernes.


Por: Fabricio Moschettoni

Apenas unas horas de las medidas dispuestas oportunamente por el Gobierno acerca de permanecer el mayor tiempo posible en nuestras casas comienza a generarnos preguntas, y seguramente modifica nuestro estado de ánimo.
El hecho de ser cada día menos libres, de no disponer de nosotros mismos tiene un impacto psicológico. 

Nos sentimos tristes, angustiados, ansiosos, pensando en cómo será el mundo por venir. Rogamos para que pronto aparezca una vacuna contra el coronavirus y entendemos que ningún encierro puede ser eterno. Eso lo sabemos perfectamente.

De hecho, sabemos interiormente, aunque no lo hayan dicho con precisión, que un encierro es ganar tiempo hasta que aparezca la solución médica, la científica, o sea la vacuna.
Un encierro es eso, ganar tiempo. Será estos días y no podrá ser mucho más, porque no solo es desaconsejable sino imposible de cumplir.

De hecho, ya es muy difícil de implementar.

Hay quienes tenemos una costumbre de estar mucho en nuestras casas porque hace años que preferimos una vida solitaria e individualista, incluso tenemos la suerte de poder trabajar en nuestros domicilios ya sea por nuestra profesión o quizá porque un día pensamos que algo iba a suceder y tomamos ese camino. A veces mirar muchas películas también es bueno, porque la ficción de hoy puede configurar la realidad de mañana.

Pero por más que uno tenga ya un par de días de semi aislamiento llega el momento en que esa condición se rompe y entramos en contacto con la posible contaminación. Ya sé que la reducimos mucho, muchísimo, pero no estamos exentos.

Ayer a la tarde recorría calle doce cuando iba a comprar un buzo, no lo podía postergar porque por determinadas circunstancias personales no tenía qué ponerme para que me abrigue, y ya estamos en épocas de descensos térmicos.

En el mientras tanto observaba una farmacia con cola de gente separados por un metro de distancia uno con otro, comercios totalmente vacíos con los empleados en las veredas, gente mirando hacia abajo o con la mirada perdida en una vidriera en donde uno se daba cuenta que no había concentración, que no se miraba nada. Y a mi también me pasó eso mismo, estaba pero no estaba. Miraba algo que me quería comprar más adelante, pero en el fondo pensaba en otra cosa, y talvez inconscientemente lo hacía porque ni siquiera se lo que viene más adelante.

Llega el momento en el que el gobierno debe disponer de una ayuda psicológica masiva a la población porque tenemos que luchar no solo contra un virus desconocido y sumamente letal, sino contra el problema que genera nuestra psiquis, y sobre todo con el resultado final del mismo: el infaltable miedo.

Miedo a nuestro futuro, miedo a lo que pasará mañana, miedo a saber si es cierto que el 70 % de la humanidad estaremos contagiados y que el 20 % de los potenciales contagiados podríamos terminar hospitalizados, y que un 1 o 2 % de ese total podríamos morir. Miedo a lo que le puede pasar a nuestros seres queridos, miedo de verlos por temor a transportarle el virus ya que posiblemente sin saberlo seamos portadores asintomáticos. Miedo a que una vez superada esta pandemia tengamos que enfrentar una más fuerte en el futuro. Miedo, miedo y miedo. Lo peor es el miedo.

Esta mañana estaba preparando una editorial sobre estos vaivenes increíbles de las bolsas del mundo, en donde caen abruptamente y después se recuperan creando una incertidumbre financiera espectacular, pero sin embargo pensé que era mejor hablar de esto, hablar del encierro, de la incertidumbre, y de lo que nos pasa o nos puede pasar con nuestra psicología. Lo hago como persona, como integrante de la sociedad, como afectado, y con la ignorancia de estar explorando una situación estresante en donde no conocemos el final.

Pero no todo está perdido. Buscando algo que me de alguna respuesta encontré un alentador artículo en la web del Foro Económico Mundial, de autoría de José Antonio Muela Martínez, Profesor Titular Departamento de Psicología, Universidad de Jaén, y en su parte final dice así:

Un “Botiquín psicológico” para combatir la epidemia del miedo:

- Informarnos diariamente (que no continuamente) en fuentes fiables y oficiales.

- Practicar ejercicio físico: bicicleta estática, flexiones, subir y bajar escalones, etc.

- Mantener comunicación con los seres queridos cada día, preferiblemente por videoconferencia.

- Realizar todas aquellas actividades que nunca hemos tenido tiempo de hacer y que siempre posponemos (lectura, música, ver series, pintar, aprender a cocinar, estudiar historia…).

- Practicar actividades de crecimiento personal (relajación, orar si se es creyente, meditación, sentido del humor, gratitud, perdón).

- Hacer lo anterior todos los días, convirtiéndolo en una rutina.


El nuevo desafío no solo es enfrentar el coronavirus y superarlo, sino que también tenemos que generar un shock anímico, dejar de lado el miedo, y pensar que somos parte de la historia que tiene que dejar un futuro mejor en la humanidad, y para eso es indispensable ganar estas batallas. De nosotros depende.

Buen martes.
 

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