martes 14 de julio de 2020 - Edición Nº1573
Impulsobaires » Politica » 23 jun 2020

Tiempos de pandemia

La opción Berni de fase 0: El último gesto patriótico, o la apelación al estado de sitio

La lucha contra el coronavirus COVID-19 en Argentina se está perdiendo por goleada. Los 40 municipios que rodean a la Capital Federal y ella misma no están alcanzando las metas suficientes para poder pasar el invierno. El ministro de Seguridad, Sergio Berni, propone una fase 0. Es eso o en unos días terminar en estado de sitio.


Por: Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires / Twitter @FMoschettoni

El país hasta la noche del lunes reportaba 44.931 casos de coronavirus y 1.043 fallecimientos, claro que si se lo compara con algunos países vecinos o de la región la situación aparece como aliviada. Pero no es así.

Chile superó a Italia y España en cantidad de contagios transformándose en el séptimo país con más casos de COVID-19 en todo el mundo. Más de 247 mil personas contagiadas, y más de siete mil fallecidos.

Perú hasta ayer llevaba 99 días de aislamiento y tuvieron que reabrir centros comerciales para intentar oxigenar una economía estallada. De todos modos tienen 257 mil contagiados y más de ocho mil fallecidos, siendo el sexto país en el mundo más afectado por la pandemia.

Más al norte, México, en donde el presidente Andrés Manuel López Obrador hace menos de cien días instaba a la gente a mantener reuniones, festejar cumpleaños y salir a las calles normalmente, hoy está con un “semáforo epidemiológico” para restringir o flexibilizar medidas, con la mitad de los estados en color naranja y el resto en rojo. Tienen más de 181 mil contagios, y 21 mil fallecidos.

Estados Unidos es el país más afectado con más de 2.3 millones de contagios y 122 mil defunciones. Y Brasil superó los 51.000 muertos y 1.1 millones de contagiados.

En el otro extremo regional está Paraguay, con 1392 confirmados (903 recuperados) y 13 muertes. O también Uruguay, con 882 casos confirmados, 815 recuperados y 25 fallecidos.

Claramente, el problema de Argentina es en el AMBA, un lugar en donde viven más de 15 millones de habitantes y hay casi dos mil asentamientos que se consolidaron en las últimas décadas, en donde además del hacinamiento y la falta de servicios básicos hay una falta de presencia del Estado de manera real, e incluso muchos puntos están ganados por bandas de narcotraficantes, como recientemente se pudo ver en Villa Madero, La Matanza.

Hay que decirlo claramente, en los asentamientos del Gran Buenos Aires el Estado estuvo desertando desde por lo menos el reinicio democrático, y lo único que se consolidó fueron los aparatos políticos (punteros), y los carteles de droga, los que ganaron territorio por su propia prepotencia en algunos casos y por los guiños concretos del propio aparato político y de seguridad estatal en otros.

Esa cuestión hoy es letal y la amenaza más concreta con hacer estallar en mil pedazos el sistema de salud, que en teoría iba a ser remendado y ampliado en la prematura cuarentena declarada hace alrededor de cien días, pero a la luz de los acontecimientos esa situación está en dudas.

Si bien es bueno estar mejor que Chile, Brasil, Perú o México en materia de contagiados y muertos, hay una advertencia real y es que en los primeros metros del invierno en CABA hay 170 camas de terapia intensiva en el sistema público ocupadas (sobre 300, y en el mejor de los casos 400 según anunció  el vicejefe de  Gobierno porteño, Diego Santilli), y en provincia de Buenos Aires, según el ministro de Desarrollo Social, Andrés Larroque, la ocupación es del 60% solamente en GBA.

Por esa razón, las luces ya dejaron de ser amarillas y ahora se convirtieron en rojo intenso en todo el complejo AMBA, que tiene una situación absolutamente diferente con el resto del país en donde hay lugares en fase 4 y otros en fase 5.

Estos cien días de cuarentena destrozaron la economía nacional, al punto tal que ayer se conoció que el déficit primario de mayo fue de $251.287 millones, una verdadera bofetada en la nariz en una mañana de escarchas. Pero esto recién empieza y la proyección es lapidaria.

La economía no logró ser salvada y lo que queda para el futuro será un país con la mitad de sus ciudadanos en el fondo de la pobreza más vergonzante, una buena cantidad remando para no enlodarse y algunos pocos salvándose.

Hay que decir que la economía no se salvó porque se privilegió un populismo atroz que con slogan vacío de contenido como “la salud es lo principal” y cuestiones similares lo único que se hizo es emitir papel falsificado de curso legal por toneladas sin un plan de sustentación mínimo. Concretamente fue así: se apostó a los dividendos del interior y la producción primaria y se le soltó la mano al mundo pyme, que después de la pandemia podría ser el dique de contención ante la malaria universal.

Pero ahora, en el medio del río, cansados y sin agua dulce, la única alternativa es salvar en serio la mayor cantidad de vidas, sino a fin de año, cuando miremos (o miren los que quedan) el espejo retrovisor se va a ver que la política se llevó puesto no solo la economía sino también la salud.

La fase 0

Anoche, Sergio Berni lanzó una frase que mereció la introducción larga pero contundente que se hizo en párrafos anteriores: “tenemos que ir a una fase 0”. El ministro dijo algo sensato: hay que paralizar todo durante 15 días, con la gente en sus casas y sin pisar prácticamente la vereda, y así cortar de manera categórica la propagación del virus. También pidió cambiar el sistema de testeos que claramente fracasó.

Sin camas, sin salud

La fase 0 debe valer para el AMBA, pero debe hacerse ya. De lo contrario, y con este presupuesto a la vista, en unos días no habrá más camas de terapia intensiva, los hospitales colapsarán, los médicos y personal de salud no van a poder dar pelea porque muchos de ellos estarán enfermos y los otros fatigados por la enorme cantidad de horas extras que deben trabajar.

Esa fase 0 no es de fácil garantía. Para que funcione se necesita que el presidente Alberto Fernández en uso de sus facultades constitucionales declare un toque de queda, que el gobernador y principales líderes bonaerenses formen un comité de crisis real para sostenerlo y que los intendentes, sin grietas y con mano dura, se comprometan a garantizar el territorio.

Hoy la cuarentena que tenemos es laxa, o sea que cada uno medianamente puede hacer lo que quiera, y eso así no funciona. En pocos días cuando el gobierno declara la necesidad de una fase 1 ½ (somos argentinos hasta en inventar estados de situación) nadie dará importancia, y todo seguirá así, como si nada, por lo que se perderá tiempo, más dinero y lo que queda de salud.

Si la opción Berni no se hace pronto, lamentablemente en pocos días el presidente se verá forzado a decretar el remedio constitucional más severo, y es apelar al artículo 23 de la Constitución Nacional: el Estado de Sitio. El presidente puede hacerlo para algún territorio en particular sobre la base, en este caso, de la crisis interna que podría generar una alteración del orden social que está latente. Es posible que sean necesarias suspender por unos días algunas garantías constitucionales.

El presidente gastó mucho tiempo y energía en un comité de “sabios” sin sentido al sentar a algunos médicos epidemiólogos en su mesa y obedecer sus peticiones sin escuchar al resto de la sociedad y ni siquiera de la sociedad científica, pero el verdadero poder de fuego debe radicar en una concertación más fuerte, convocando a líderes políticos, sociales, empresarios, sindicales y religiosos, y sobre todo apelando a expertos en logística, o sea al brazo auxiliar para estos casos que lo constituyen las fuerzas armadas.

Ya no se puede esperar más.  El fracaso de cien días de una cuarentena que no dio resultados como se planeaba tiene que ser sustituida por el ejercicio real del poder presidencial. Es ahora o nunca.
 

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