sábado 11 de julio de 2020 - Edición Nº1570
Impulsobaires » Politica » 29 jun 2020

Lo que deja la pandemia

La cuarentena de los giles (o de los bolu…)

Funcionarios y ex funcionarios de primer nivel de conducción del país, provincia y municipios rompen la cuarentena eterna que está decretada para intentar frenar (con poco éxito) al coronavirus. Sin embargo, los que trabajan de sol a sol, y aquellos que ya perdieron las esperanzas, están condenadas a la enfermedad o la peor de las pobrezas. El país de la gente vip contra el de los desposeídos.


Por: Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires / Twitter @FMoschettoni

Bronca, indignación y ganas de gritar fuerte dan las noticias de las últimas horas con respecto a ver a referentes que condujeron o conducen niveles de responsabilidad pública cómo rompen sistemáticamente la cuarentena.

En un Pádle de Pilar, el secretario general del Municipio de Tigre, Fernando Lauría, otros funcionarios de ese gabinete, y hasta resuena el nombre del ex ministro del Interior, Rogelio Frigerio, estaban “aflojando tensiones” y divirtiéndose. Vecinos valientes los denunciaron, y a gendarmes con todas las letras no les tembló el pulso para hacer cumplir la ley. Algunos detenidos, todos con causas penales, e incluso un par de renuncias forzadas.

Horas después aparece el nombre de Mario Baudry, jefe de Gabinete del ministro de Seguridad Sergio Berni y empresario periodístico envuelto en un escándalo que habría sucedido el sábado en Brandsen cuando su pareja, Verónica Ojeda, protagonizó un altercado con fuerzas de seguridad. La Comuna local hizo una seria denuncia.

Pero hay otros casos similares en el interior del país, y varios más que no se denuncian ni se prueban pero están en los dichos populares.

Resulta que el poder parece que tiene coronita, y además sus integrantes se creen tan impunes que consideran que nunca van a tener coronavirus. Ojalá sea así, y nunca se contagien, pero dan un ejemplo pésimo para el conjunto de la sociedad.

¿No piensan en el propio anciano que hoy fue a un cajero a cobrar su pésima jubilación y tal vez arriesgó la vida porque los bancos y las empresas de seguridad privada no se empeñan por desinfectar debidamente?, ¿No piensan en el comerciante que tiene que pagar alquiler sin laburar, un crédito en el banco y hacerse cargo de empleados?, ¿No piensan en el desamparado que tiene que salir de un asentamiento a ver cómo junta unos cartones para venderlos y comprar comida?, ¿No les importa el hombre que hasta hace cuatro meses hacía changas y hoy no puede, y debe ir a buscar una vianda de comida al club del barrio para sus hijos?, ¿No se ponen en el lugar del agente municipal que posiblemente gane diez o doce mil pesos y está limpiando en una plaza, o controlando el tránsito a pesar de la amenaza del virus?.

Esta gente, que en definitiva son quienes diseñan las disposiciones y políticas públicas que todos debemos acatar no piensan en los más de mil fallecidos, ni en los sesenta mil contagiados, ni en el tendal de muertes que está por venir en breve. Evidentemente no piensan en eso. No piensan en su familia, no piensan en usted ni en mí. No piensan en que uno de nosotros podemos ser el próximo muerto.

Los dueños del poder son así. Arrogantes, soberbios, frívolos y maltratadores seriales. Son producto de la Argentina de la frustración y de la política que fracasó porque dejó dos mil villas en el conurbano, y 170 en La Plata por ejemplo. Son los que creen que la democracia es un negocio familiar, los que viven y se nutren de ella, los que la explotan y la ordeñan a más no poder. 

¿Por qué los giles y los boludos tenemos que cumplir una cuarentena a rajatablas?, ¿Por qué nos tenemos que bañar con lavandina mientras ellos se rocían de perfumes?, ¿Por qué debemos salir con tapabocas tricapa (o como se llamen) cuando ellos, los dueños del poder, juegan pádle, tenis, y andan en los controles de tránsito insultando a los agentes como si fuesen esclavos?.

Los giles, los boludos, o sea nosotros, estamos convencidos que al virus lo derrotamos si nos cuidamos. Pero evidentemente estamos entendiendo que si zafamos de esta es por mérito propio, o sea mérito suyo, de su vecino, mío…de nosotros los mortales. No podemos esperar de la política absolutamente nada: ellos decidieron decir una cosa, machacar con que nos van a salvar, creer que son nuestros padres,  y brindar recomendaciones tribuneras. Pero  viven como quieren, y se la pasan festejando en grupo, bailando entre varios, o sea sin el mínimo cuidado.

Los giles y los boludos, -nosotros-, si incumplimos la ley seguro que somos pescados, y si nos resistimos somos acusados de rebeldía. Ellos, los del poder, siguen haciendo cualquier barrabasada, total creen que son inmunes (y no son inmunes, pero sí son impunes).

Ellos y nosotros transitamos la vida de diferentes maneras, ellos viendo qué ventaja le sacan al que labura, y nosotros resistiendo dignamente, pero ambos vamos terminar yéndonos de este mundo terrenal en bolas, como algún día también llegamos.

Que el presidente Alberto Fernández escuche a estos simples giles y boludos que cumplimos con la cuarentena, que hacemos el esfuerzo porque queremos vivir. Que el presidente castigue a los amigos de poder que se abusan todo el tiempo. Sería un buen ejemplo para seguir peleando.
 

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