viernes 27 de noviembre de 2020 - Edición Nº1709
Impulsobaires » Politica » 7 nov 2020

La mirada de Jorge Joury

Señales de un "veranito financiero" y la vacuna, levantan el optimismo

Cambió el humor en la Casa Rosada. La cotización del dólar informal con su regular tendencia a la baja, los financieros que se estabilizan y la declinación en la cantidad de contagios de coronavirus, sumada a la expectativa por la llegada de la vacuna rusa para diciembre, modificaron el clima. Operaron además factores económicos y políticos, como la cohesión que exhibió el Frente de Todos en el peor momento de la crisis y la carta de Cristina Kirchner ratificando el liderazgo de Alberto Fernández en la toma de decisiones.


Por: Jorge Joury *

En este marco, en charlas de café con sus colaboradores más cercanos, Alberto Fernández pronosticó que el oficialismo derrotará a la oposición en las legislativas del año próximo con un porcentaje de votos similar al que lo consagró Presidente en octubre de 2019, es decir un 48%. No aclaró en ningún momento si se trata de un pálpito, un deseo o si tiene acceso a encuestas reservadas que le permiten apuntalar ese optimismo. Lo cierto es que los últimos sondeos que se hicieron públicos no hacen referencia a la intención de voto pero señalan una pronunciada caída de la imagen presidencial. “La moderación garpa”, repitió los últimos días AF, anticipando de alguna manera el perfil que intentará imprimirle a la próxima campaña electoral.   

Además, el debate en torno a la posibilidad de suspender las PASO del año que viene ya está instalado. Parece difícil que el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, se haya cortado solo al pedir que se suspendan para disminuir el riesgo sanitario y el gasto que implica la logística de montar todo el acto electoral. Otros gobernadores se sumaron después. Desde el Ministerio del Interior, por ahora, eligieron sobreactuar la sorpresa. Lo cierto es que Alberto Fernández tiene una posición tomada que no oculta cuando se lo preguntan: cree que las primarias son útiles cuando se trata de una elección presidencial y no les encuentra sentido antes de las legislativas. 

En el actual contexto, los avances con las distintas vacunas que negocia el Gobierno también podrían pesar como un argumento a favor o en contra de avanzar con la suspensión de las PASO. El Presidente tiene una certeza que nadie sabe bien en que se basa: está seguro de que la Argentina no deberá enfrentar una segunda ola de COVID-19 como la que atraviesa por estos días Europa.  
Entre otras cosas, sabe que la suerte electoral, y la de todo su Gobierno, está atada a los resultados de la economía. Confía en su ministro y así se lo hace saber a los que se lo preguntan. Los elogios para Martín Guzmán son moneda frecuente.

Paralelamente, el Gobierno quiere evitar un diciembre negro con los movimientos sociales de punta y un clima de alta tensión en las calles, con los consiguientes reclamos por alimentos frente a los supermercados. Es la foto en la tapa de los diarios que más le duele a la Casa Rosada. Para ello, Martín Guzmán mueve los remos. Aprendió la lección de sus primeros y accidentados meses al frente del ministerio de Economía. Sus detractores lo acusan de haberse “dormido en los laureles” tras cerrar el canje de deuda. Ahora el ministro no quiere repetir el mismo error y luego de la reciente caída de los distintos dólares financieros fue por más, anunciando una serie de medidas que apuntan a reducir la emisión monetaria para el financiamiento del déficit fiscal.

Pese a que en diciembre hay un crecimiento estacional del gasto público producto del pago de aguinaldo y el aumento en las jubilaciones, la cartera de Martín Guzmán se comprometió a no fondearse con adelantos transitorios (AT) del Central en lo que resta del año.

Pero más allá de las grandes dificultades sociales, el mercado financiero también sufre un gran estrés en la última parte del año. Por eso, el mensaje de Economía apunta en una dirección: garantizar que la mirada estará puesta en el déficit fiscal y los niveles de emisión monetaria. El objetivo es extender todo lo posible este clima más tranquilo y que sea algo más que un “veranito financiero” y también se busca cierta seducción a los inversores a partir de medidas racionales que permitan al menos ganar tiempo.

La tranquilidad en el mercado cambiario le permite al Gobierno transitar noviembre con expectativas varias. La más inmediata es que se consolide la baja del dólar libre y del Contado con Liquidación (CCL), un éxito para festejar pero que pasó casi desapercibido estos días como el tono monocorde de Guzmán. 

Resulta evidente, que el Presidente empezó a dar un discreto giro en su gestión, apelando a una mayor racionalidad económica. La carta de Cristina Kirchner, además, parece haberle dado mayor margen de maniobra. Pero el tiempo apremia porque el Banco Central se queda sin reservas para intervenir en el mercado.

El Gobierno cayó en la cuenta de que no hay margen para dar pasos en falso. La situación sigue siendo extremadamente delicada a pesar de la caída del contado con liquidación y el libre. Los últimos reportes calcularon que las reservas líquidas en “poder” del Banco Central son negativas en más de USD 2.000 millones.

Es decir, se está rascando el fondo de la olla para vender dólares en el mercado cambiario, abasteciendo como se puede a los importadores, a empresas que precisan pagar deuda y a los pocos que todavía pueden comprar dólar ahorro.

Por estas horas,  además Guzmán tiene otras dos bombas entre manos. La primera la aceptación del último tramo del préstamo del Fondo que faltaba erogar de la gestión Macri (eran unos 5500 millones de dólares) y la segunda, el envío al Parlamento de una reforma tributaria que, dicen los que hojearon su borrador, puede llegar a tener más detractores entre el establishment que la ley de aporte solidario y extraordinario para las grandes fortunas de Máximo Kirchner.

La charla con el Fondo está super encaminada. Y está en línea con haber desistido de embargar el swap chino para engordar las reservas del Banco Central y volver al alineamiento pragmático y estratégico con Estados Unidos. En este punto, estaría solo faltando la justificación argumental para hacer que Alberto termine dando un giro copernicano. Al principio del mandato se ufanó de no querer ni necesitar más plata del FMI. Ahora, la realidad aprieta y obliga a cambiar el discurso.

La misión del FMI llegará durante la semana entrante y va a pedir un recorte adicional. Propondrá un acuerdo con Argentina que incluya un déficit fiscal para el año próximo de solo el 3 %. El ajuste adicional implica una friolera: 4.200 millones de dólares. Incluiría aumentos de tarifas, reforma tributaria y cambios en los aumentos a jubilados.

Lo que le falta al Gobierno para hacerle el moño al paquete, es la pata polìtica. Hace unos días, Lavagna llamó al consenso. El ex ministro sabe que sin diálogo no hay confianza y sin confianza no hay economía: “Hoy la realidad nos reclama otra Hora del Pueblo”, recordó. El 11 de noviembre se cumplirán 50 años desde que en 1970, en plena dictadura, el peronismo y el radicalismo (con Perón y Balbín a la cabeza), junto con otras fuerzas políticas y sociales, dejaron sus diferencias de lado y firmaron un documento que llevó ese nombre. Las diferencias eran infinitamente más extremas que las que separan a Cristina y Macri, porque incluían persecuciones y muertes.  Aquella Hora del Pueblo fue la base para que el gobierno militar de entonces convocara a elecciones.  Hoy, un nuevo acuerdo multisectorial podría ser la base para que el futuro deje de ser una utopía.

El reconocimiento de CFK de que no hay salida para el laberinto argentino si no se consigue un gran acuerdo multipartidario, multisectorial y policromático, lo invita a Alberto a jugar el juego que mejor le sienta. El del consenso.  

Cristina pidió un acuerdo con todos los sectores.Pero el principal problema que tiene el Presidente para llamar al diálogo es, precisamente, Cristina. ¿Cómo se podría confiar en lo acordado si ella ha demostrado una y otra vez tener poder de veto? Como si estuvieran las funciones invertidas, en vez de ser AF el que modifica parcial o totalmente las leyes emanadas del Congreso, es el Congreso el que modifica parcial o totalmente los proyectos enviados desde el Ejecutivo.

A este detalle ahora se suman las condiciones de Macri, que dio a entender que no tiene drama en sentarse a dialogar siempre y cuando se respeten una serie de condiciones como la Constitución Nacional –ese listado de sugerencias que todos hemos escuchado mencionar alguna vez– sobre la mesa, dar de baja el embate a la Justicia, al procurador, a la Corte y a la propiedad privada.

Por el lado de la oposición resulta difícil encontrar un interlocutor que contenga a todos. Macri contiene al votante duro, Larreta contiene a Carrió y levanta el perfil de una alicaída Vidal, Cristina satisface a sus seguidores ansiosos por saber de ella y Alberto, por ahora, levanta a sus caídos y les corta el párpado para que puedan seguir.

La incógnita que cada vez toma más fuerza en todos los espacios políticos es quién es el líder. Porque habrá quienes pretendan mesianismos salvadores, pero incluso en un equipo de fútbol se necesita un director técnico, alguien que encolumne y ordene los egos. Por ahora, el sistema democrático argentino se parece más a una enorme reunión de consorcio que debate sobre el administrador.

Fernández hizo trascender que no tiene ninguna intención de armar un acuerdo con la oposición y no hizo falta que nadie agregara a esa frase "como quiere Cristina". El Presidente sabe que esa movida ahora implica dos cosas: aceptar que corre detrás de la vicepresidenta y admitir que él sólo no puede administrar la crisis. A ningún presidente le gusta quedar en esa situación.

Como lo hizo en el comienzo de la pandemia y si quiere enderezar el barco lo antes posible, el primer y gran desafío del Presidente es activar el remo para recuperar la confianza. La confianza desaparece cuando el diálogo, al que se proclama como necesidad, no tiene un correlato en los hechos.Tampoco  bastan por sí solas medidas en el campo económico, financiero y social, por sí solas, sino es plenamente confiable el marco político del que surgen. 

Fernández está siguiendo una hoja de ruta que es un intento por relanzar el Gobierno, haciéndose eco de lo que le dicen algunos gobernadores (principalmente Omar Perotti, de Santa Fe; Juan Manzur, de Tucumán; y Sergio Uñac, de San Juan), varios intendentes del conurbano, ministros y la gente que lo rodea: que le haga caso a Cristina, que le tome la palabra, y que gobierne él.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas. 

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