viernes 24 de septiembre de 2021 - Edición Nº2010
Impulsobaires » Podcast » 28 ago 2021

Análisis

"Los liberales pescan más votos en la laguna del desencanto", dijo Jorge Joury por la 96.6

"A casi dos semanas de las PASO las diferentes consultoras proyectan una pérdida de votos en las dos fuerzas mayoritarias, mientras los liberales son los que más pescan votos en la laguna del desencanto. Tanto el Frente de Todos como Juntos por el Cambio, podrían llegar a tener una caída de hasta el 30% en retención de votos. Este dato disparó las alarmas en las dos veredas, ya que la falta de interés político podría llevar esos votos hacia un nuevo sector como la oferta liberal".


Por: Redacción

"En esa dirección, los jóvenes se hallan encandilados por Javier Milei, el candidato que propone sacar a todos los políticos a patadas y que de alguna manera representa el peligroso éxito de la antipolítica, algo de lo cual la actual dirigencia tendrá que hacer en su momento una lectura fina". 

Así lo advirtió el periodista y analista político Jorge Joury al ser entrevistado por  “Decisión 96, la política en vivo”, el programa que conduce Fabricio Moschettoni por la FM 96.6 de La Plata. Este es un resúmen de lo que manifestó el analista: 

"El giro discursivo del oficialismo de volver a instalar a Mauricio Macri en el centro de la escena como el culpable de todos los males del país y los candidatos de la oposición, como María Eugenia Vidal de endurecer el discurso apuntando a la cabeza de Alberto Fernández, responde a la fuga de votos que se está detectando en las encuestas hacia Ricardo López Murphy y Javier Milei en la Ciudad y hacia José Luis Espert en la Provincia.Los movimientos de Alberto Fernández cuando se autoproclama “revolucionario” o los de Cristina Fernández elogia a L-Gante resumen la idea de ir a la pesca del voto joven. También la aparición de Macri en la escena pidiéndole a los jóvenes que se queden en el el país a luchar, son ni más ni menos que espasmos en la niebla de unas elecciones donde priman la apatía y el desencanto con la política tradicional, dos fenómenos que suelen empujar al electorado hacia el voto bronca y las alternativas más extremas, como se observó en Salta hace apenas un par de semanas.  

La Argentina está perdiendo joyas que en el pasado eran la postal de un país pujante. Por ejemplo, hoy hay cerca de tres millones de personas que antes de la pandemia eran de clase media y ahora son pobres. Pobres con expectativas, formación y categorías políticas de clase media. Son familias que le tuvieron que anunciar a su hijo que ya no podrán pagarle el colegio privado o la universidad. Gente que debió llamar a la prepaga para cambiar de plan por uno más precario. Que deja el auto en la calle porque no puede pagar una cochera. O que se atrasó en el pago de expensas y debió endeudarse para sacar un crédito  y ponerse al día.

Es el país donde 23 millones de personas reciben un subsidio del Estado y 6 millones pagan impuestos, una ecuación que presagia una explosión en el corto plazo para un Estado agotado de emitir moneda. El kirchnerismo institucionalizó el asistencialismo como forma de clientelismo electoral. Así, en lugar de un mecanismo transitorio, complementado con una capacitación profesional, se creó una red de distribución de dinero.Y como si fuera poco, desde hace un año y medio se destruyeron 240.000 puestos de trabajo. Entre los sectores medios hay pánico. Pánico a la caída. Ese temor, que tiñó de angustia la última etapa de la gestión de Mauricio Macri, perdura, agravado, en estos días.

Quienes nos encargamos de hacer lecturas de la realidad, hoy observamos en la calle un pesimismo pocas veces visto. En casi todas las encuestas alrededor del 70% de los consultados creen que este año le está yendo peor que el anterior. Y que el que viene seguirá el descenso. Por ejemplo, Federico Aurelio, de la consultora Aresco, da cuenta que 57% de sus entrevistados manifiesta vivir en un estado de ansiedad, enojo o miedo. Los niveles de insatisfacción superan los de la última etapa del gobierno de Cambiemos.Convengamos que al  kirchnerismo nunca le tocó gobernar en un clima parecido. La consecuencia inmediata de ese malhumor es cierto tedio. Un gran desinterés por la política. Los encuestadores lo advierten en su trabajo. Uno de ellos cuenta: “Cuando en 2019 hacía estudios con el método de llamadas telefónicas automáticas, me sorprendía que me atendían una vez de cada 100 intentos. Ahora tengo que llamar 250 veces para encontrar a alguien que responda. El problema es que el que no contesta es un tipo de votante distinto del que sí lo hace. Aparece un problema metodológico delicado para establecer qué piensa la gente”.

Esa apatía se manifiesta en los índices de participación electoral. Hay poca información para establecer un patrón de comportamiento. Pero si se comparan las elecciones locales de Misiones de 2019 y este año, la asistencia cayó de 79 a 60%. En Río Cuarto, en 2016 intervino el 62% y el año pasado, 50%. En Salta fue del 73 al 64% entre 2017 y este año. El promedio de caída ha sido del 13%.
Estos datos no hacen otra cosa que abrir un enorme interrogante para las elecciones de septiembre y noviembre. Las principales consultoras prevén que la abstención será mayor que la diferencia entre el primero y el segundo. ¿A quién deja de votar el que no concurre? ¿Es un voto que pierde la oposición o el Gobierno? También es difícil responder con seguridad, porque hay un enojo transversal. Para citar una evidencia: según tres de los principales analistas de opinión el único dirigente nacional, de los de primera fila, que hoy tiene más imagen positiva que negativa es Horacio Rodríguez Larreta. Alberto Fernández y María Eugenia Vidal suben o bajan en esa línea de flotación, según el mes. Un dato inesperado que aparece en un sondeo de Poliarquía, de Alejandro Catterberg: el sector que concita más confianza en las últimas mediciones es el de las Fuerzas Armadas.

Catterberg observa desde hace unos meses un dato interesante por lo novedoso: el corrimiento de las preferencias por franjas etarias. Detectó que una corriente importante de mayores se aleja de Juntos por el Cambio. El motivo principal sería el rechazo a los dirigentes de esa fuerza que criticaron con mucha dureza la cuarentena estricta impuesta por Fernández. El avance de la vacunación, además, genera en ese público una mayor empatía con el Frente de Todos. Al mismo tiempo, el oficialismo ve cómo se alejan los jóvenes de su base electoral. Una explicación se relaciona también con la pandemia: las restricciones han fastidiado a la juventud mucho más que a otros sectores. Existe otro motivo en esa antipatía y es que quienes hoy tienen alrededor de 20 años no tienen una memoria luminosa de las administraciones kirchneristas. La edad de oro de Néstor Kirchner ya está envejeciendo para los votantes nuevos.

Otra rareza que llama la atención de los analistas es: ¿Adónde va el voto joven?. Los sondeos indican que se radicaliza. Una parte, desencantada con Juntos por el Cambio, prefiere a José Luis Espert o a Javier Milei. En el caso de este último, es más notorio el esfuerzo por ofrecerse como un castigo a toda la dirigencia política. También la izquierda trotskista se beneficiaría con esta marcha hacia los extremos. En algunas encuestas pasaría del 3 o 4% de las últimas elecciones a alrededor de 8%. Es una tendencia que podría acelerarse después de las primarias, en ambos sentidos. Sin embargo, esta fuga hacia las puntas del dial ideológico tendría un límite: la polarización kirchnerismo/antikirchnerismo y macrismo/antimacrismo sigue organizando el espacio electoral", finalizó Jorge Joury.

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