jueves 02 de diciembre de 2021 - Edición Nº2079
Impulsobaires » Economía » 12 nov 2021

Análisis

Política económica entre naftalina y formol: 52.1% de inflación y el fracaso que se niegan a reconocer

Tal vez cerramos la medición interanual de inflación más cruda de las últimas dos décadas, o al menos una de las más severas. El 52.1% que se anunció ayer sobre el interanual octubre 2020 – 2019 muestra un fracaso estrepitoso que está anunciando la llegada de momentos peores de seguir con medidas originadas por dirigentes que viven entre la naftalina y el formol.


Por: Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires Twitter @FMoschettoni

En materia inflacionaria, las consultoras privadas y los informes previos del Banco Central estaban más cerca del 3% para octubre que el 3.5% final que se terminó dando (3.2% promediaban), y que en el área de más población y más pobreza, el Gran Buenos Aires, trepó al 3.8% siendo la realidad más dura del país.

El descontrol en los precios se va a seguir acelerando en lo que queda del año porque amordazar el mercado crea distorsiones inevitables, y sobre todo en 2022 en donde los economistas ya ven una inflación piso anual del 50% siempre y cuando ninguna de las variables que se tienen en cuenta para establecerla se enloquezca más.

Se podría decir que la política de control de precios del secretario de Comercio Roberto Feletti fracasó e incidió para esta disparada del 3.5% pero sería apresurado porque esa decisión no caminó lo suficiente como para poder aseverar tal expresión, pero son pocos los economistas sensatos que la respaldan porque la mayoría ven que pisar precios de esta manera es comprar más inflación a futuro de mediano plazo con desabastecimiento al corto plazo.

Están engañando a la gente con asfixiar precios en góndola, y además van a hacer quebrar más pymes de comercialización minorista, algunos mayoristas van a entrar en problema y la industria va a tomar medidas preventivas como eventuales ajustes internos para disminuir costos fijos si es que tienen margen.

Coincidencia o no con este cuadro de situación, una marca importante de la comercialización del café en Argentina avisó a sus clientes que va a tener algunas complicaciones en el normal abastecimiento de cápsulas para máquinas y que espera reestablecer su producción pronto. Si bien se puede entender que no es un producto de primerísima necesidad (el formato de cápsulas) y que es utilizado por sectores de un nivel económico aceptable, podemos agregar que el mercado del café está alterado en estos días porque el paquete de café molido de 500 gramos por ejemplo en octubre se ofrecía al público a $ 429.75 mientras que en septiembre se lo hacía a $ 401.04, o sea un incremento mensual de 7.2% según el informe público de INDEC conocido este jueves.

El control de precios no va a funcionar. Es una medida desesperada que solo se entiende en una dirigencia política que atrasa, que está avejentada y que representa ideas que bien pueden estar en un museo de ciencias naturales en formol, o en una bolsa cerrada repleta de naftalina para que las polillas no se hagan un festín.

En los números conocidos ayer hay una cruda realidad en varios ítems, pero alimentos se lleva una de las peores partes porque hay casos como el zapallo anco que el kilo se incrementó en un mes 34%, o el tomate, 21.7%, o la lechuga con un kilo con 14.7%. El pan francés tipo flauta por kilo tuvo incremento de 4.2% y la harina trigo tipo 000 una crecida de 4.3%. El yougur firme por 195 cc aumentó 7.3%, y la manteca por 200 gramos lo hizo a 3.1%. El aceite de girasol por 1.5 litro 6.1% de incremento, y el kilo de salchichón 6.2% o el salame 5.1%, o el jamón 4.4%. 

Por supuesto que para un promedio en alimentos de una suba de 3.4% hubo menores incrementos y hasta algunos índices negativos, pero en los ejemplos anteriores hablamos de primerísima necesidad.

Otro dato que hace temblar lo constituye el rubro de prendas de vestir y calzados, que entre diciembre de 2020 y octubre de este año se incrementó en un 53.6% para el Gran Buenos Aires. 

Y en ese marco el control los precios en góndola no traerá otra cosa que desabastecimiento y una inflación restringida que va a explotar cuando el dique se abra, tal vez pasado los 90 días iniciales.

Todos los datos de la economía están anticipando un 2022 pésimo. Si bien el gobierno se empeña con marcar una recuperación de la economía luego del cachetazo del derrumbe de los últimos dos años, costará mucho para volver a una situación en donde se note un cambio positivo en el día a día. Es decir: crecimiento no hay, pero por una cuestión de inercia se observa recuperación de terreno. Mientras haya inflación indomable la angustia ganará el estado de ánimo de cada hogar de Argentina, sobre todo de los más pobres.

Incluso otro dato, se habla de crecimiento del PBI en 9%, pero también hay que ver por dónde surge ese crecimiento, ¿por consumo o inversión?. Por consumo, ¿cuánto?; por inversión, ¿cuánto?.

La agenda del costo de vida será la excluyente para el año próximo. Y es imposible que haya buenas noticias para el ciudadano de a pie cuando una devaluación aparece con firmeza para dentro de los próximos meses, y lo mismo un recalentamiento de los precios de los productos de primera necesidad que solo se podrá dilatar un poco más.  Así, los sueldos van a seguir perdiendo por paliza.

A todo esto, la economía informal como método de subsistencia seguirá creciendo a paso acelerado.

Hace algunas horas el economista y candidato José Luis Espert habló de economía de guerra, una cuestión que hoy aparece exagerada en los términos que la conocemos, pero sin embargo habrá indicios parecidos a medidas económicas que los países pueden tomar ante convulsiones internacionales de mayor grado o sobre todo después de ellas.

La economía de guerra fue muy habitual durante los años de la Primera Guerra Mundial. Se trata de medidas como intervenir fuertemente la política monetaria para que la hiperinflación no explote, se cierran las fronteras para no importar productos y sustituir esas importaciones de cualquier manera, se restringe al máximo el consumo de energía posiblemente con cortes programados o similares, se incentiva mano de obra a precio mucho más reducido, se cambia la alimentación de la población llevando a instancias de civilización primitiva o sea dependiendo de agricultura directa básicamente, y el Estado se involucra en la economía privada para planificarla al máximo.

De todos modos se podría decir que “vamos hacia una economía de guerra” con algunas medidas de ese menú anterior pero no todas, y no es porque los del bando del formol y la naftalina no la crean, sino porque la situación social la llegaría a impedir antes de que se amague con instaurarla.

Argentina de hoy siempre es más benévola que la del día que está llegando. Una realidad que a la política de la naftalina y el formol le cuesta ver.
 

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