martes 18 de enero de 2022 - Edición Nº2126
Impulsobaires » Politica » 8 ene 2022

Contrapoder

Aunque usted no lo crea, arrancó el operativo A23

En un marco de crisis inédita en el país, los políticos no dejan de pensar en perpetuarse en el poder. En esa dirección, el operativo para la reelección de Alberto 2023 puso primera. En el Frente de Todos volvieron a poner en foco las candidaturas presidenciales de la mano de los gobernadores Jorge Capitanich (Chaco) quien expresó que Alberto Fernández "no puede estar excluido" de 2023, mientras que su par, Gustavo Bordet (Entre Ríos) aseguró que el actual mandatario "puede garantizar la consolidación de un modelo justicialista", en tanto que el ministro Eduardo "Wado" de Pedro consideró que aún no es tiempo de hablar de postulaciones.


Por: Jorge Joury *

La campaña ya tiene sigla: A23. Se han impreso ya los primeros afiches. La movida la encabezan los mismos que, durante el primer año de Gobierno, le propusieron a Fernández crear el albertismo. Sus amigos de toda la vida. Alberto se negaba. Hoy se entusiasma, aunque les aclara, acaso para que llegue a oídos de Cristina: “No haré nada en contra de Cristina”. Vuelve a sonar una frase conocida: contra ella no se puede, sin ella no alcanza. Los cristinistas más puros avisan en privado que no tolerarán un segundo mandato de Fernández. Las disputas subyacen en el mundo oficialista. “Necesitamos menos peleas y más Gobierno”, dijo hace unos días Ricardo Pignanelli, el jefe de SMATA, en una reunión con dirigentes del peronismo clásico.

Alberto se ve favorecido por el mar de fondo en Juntos por el Cambio. Es el peor momento de la agrupación opositora, cuyos dirigentes identifican su suerte personal, pero se desentienden del destino colectivo.

No obstante, hay piedras en el camino. Resulta como loco que un candidato con el 65% de imagen negativa se lance a la arena. ¿Cómo hará para convertirse en otro Alberto?. Nadie lo sabe, porque lo que se viene es un tiempo nada favorable para el oficialismo, lo que se dice una obligada etapa de ajustes si es que se quiere arreglar con el FMI o caernos del mundo. 

Más aún, desde la asunción de Fernández el nivel de endeudamiento se ha incrementado en 60.000 millones de dólares, una cifra bastante más elevada que la que se le debe al Fondo Monetario.

Al plan electoral, están abocados los ministros de Desarrollo Social, Juan Zabaleta; el de Obras Públicas, Gabriel Katopodis; el de Turismo, Matías Lammens; el de Hábitat y Vivienda, Jorge Ferraresi; el canciller Santiago Cafiero; el Jefe de Gabinete, Juan Manzur; el secretario presidencial, Julio Vitobello; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz.

Esos funcionarios, sumados al Grupo Callao, espacio que fundó Fernández en el 2017 y en dónde están dirigentes como Cecilia Todesca, Matías Kulfas, Miguel Cuberos, Victoria Tolosa Paz, Guillermo Justo Chaves, Federico Martelli y Sabina Frederic, tendrán mayor protagonismo en la construcción política del peronismo albertista en el año que comienza. 

Fernández habilitó a sus primeras espadas para que comiencen a tejer alianzas en todas las direcciones posibles. La idea es no hacer demasiado ruido, para esquivar crisis internas, pero con la libertad de acción asegurada. El objetivo es armar una fuerza propia, chica pero con una identidad definida. Los que empujan esa creación dicen que no es detrimento de nadie, aunque está claro que caminan por la vereda opuesta al kirchnerismo.Hay un hecho puntual que marca que un cambio está por venir. El miércoles 15 de diciembre Alberto cenó con los dirigentes del Grupo Callao en el restaurante Santa Evita. Allí les planteó la necesidad de la renovación dentro del Frente de Todos. Caras nuevas, ideas nuevas, formas distintas. El primer mandatario sorprendió cuando expresó: "El kirchnerismo lleva 20 años como espacio político y ha sufrido el desgaste natural del tiempo y el poder. No hay que esperar otra derrota para renovarse".

El Presidente por estas horas se siente potenciado. Cuenta con una luz verde de gobernadores, legisladores, intendentes y dirigentes sindicales. Este conglomerado le hizo saber de diferentes formas y en distintos momentos, que esperaban una señal de autoridad de parte suya después de los comicios y que empiece a marcar distancia de Cristina. Muchos de ellos, históricos críticos de la ex Jefa de Estado, el kirchnerismo y La Cámpora, aguardaban con ansiedad una señal de largada. Esperan que Alberto marque un rumbo más definido de gestión sin tener que contentar al ala K permanentemente.

"Hay un  peronismo que está vivo y quiere recuperar la esencia histórica, que nada tiene que ver con el kirchnerismo. Son demasiados años de un cristinismo que va en decadencia", confesó uno de los barones del conurbano que peina canas ganando elecciones.Si el “albertismo” con el paso del tiempo llega a consolidarse como una corriente interna de peso dentro del peronismo, habría que buscar los antecedentes en la noche del 14 de noviembre. Fue después de la derrota del Gobierno en las elecciones legislativas, cuando Máximo Kirchner le pidió a Alberto Fernández que no convocara una marcha masiva en apoyo de él y de su gobierno, y el Presidente le respondió, sin titubear, que lo haría arriba del escenario del búnker del Frente de Todos. Fue la primera puntada para empezar a salir del cepo de "La Jefa".

Hay testigos que aseguran que ese episodio existió y se convirtió en una jugada clave de la jornada electoral. Fernández convocó a “celebrar” la derrota peronista como consecuencia de un paso en falso verbal. Fue la presión y el alivio en un puñado de palabras descontextualizadas del resultado electoral. Pero lo hizo. Sin dudar y pese al pedido de Máximo de no hacerlo.

Alberto entendió, como nunca antes, que esa misma noche tenía que empezar un proceso de reorganización del Gobierno y del Frente de Todos. Hasta allí debía llegar la fuerte influencia kirchnerista sobre la gestión y su conducción, porque sino un importante sector del peronismo, que lo miraba de reojo, le iba a soltar la mano en los dos últimos años de gestión.

El miércoles 17 de noviembre Alberto Fernández encabezó un acto masivo frente a la Casa Rosada. Tuvo su primera Plaza de Mayo. Fue el único orador frente a la multitud empujada por los movimientos sociales y la CGT para darle volumen al respaldo callejero del Gobierno después de la derrota en las urnas. Esa tarde puso en marcha un proyecto de poder para contrarrestar la influencia de Cristina Kirchner.

La  pregunta que ronda por los campamentos de los analistas es si la construcción del “albertismo” podrá hacerse realidad. Otra de las dudas es si tendrá el volumen suficiente para ganar peso en el mundo peronista o si el kirchnerismo terminará dinamitando el intento poniendo en riesgo el camino hacia las elecciones de 2023. 

A dos años de los comicios presidenciales, CFK es un animal político y empieza a ensayar variantes de futuro. La vicepresidenta despidió el año en Pilar rodeada de artistas que la aclaman y le piden que vuelva a ser protagonista central de lo que viene. “Hoy no quiero hablar de las dificultades. Hoy quiero hablar de las cosas hermosas que hemos podido construir juntos y de las que seguramente vamos a volver a construir”, dijo. Fue la primera vez en casi dos años que se permitió abrir una ventana hacia el futuro y le devolvió la ilusión a sus seguidores. La vice ofrece indicios de que no está pensando en retirarse después de 2023, sino que busca cómo continuar, de alguna forma, en el poder y principalmente mantener su feudo bonaerense.

La moneda está en el aire.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la Universidad Nacional de La Plata. El 22 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de La Plata lo declaró personalidad destacada en el periodismo.

 

Crédito Imagen: Perfil.com Noticias 

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