martes 25 de enero de 2022 - Edición Nº2133
Impulsobaires » Economía » 12 ene 2022

Contrapoder

Un acuerdo malo con el FMI para el país y la gente

No es nada bueno lo que está por venir en la economía. Alberto Fernández por el momento no tiene plan. Tiene las manos atadas y cuando habla, lo hace por boca de Cristina, que reniega de cualquier posibilidad que signifique ajustar el cinturón y empezar la etapa de la austeridad para sanear el gasto público. La vice cree que esa fórmula sería decretar una derrota política en el 2023. Prolongar la negociación con el FMI es un juego peligroso. En la medida que pase el tiempo el organismo internacional se pondrá más duro.


Por: Jorge Joury *

Sin embargo, en los pasillos de la Casa Rosada se reconoce en voz baja que "el acuerdo será malo para el país y la gente, pero el default sería aún peor y no está en la cabeza de nadie. Es lo que se consiguió. En marzo va a haber un acuerdo flojo que nos permita llegar al 2023″, reconocieron fuentes oficiales. Por eso ahora comenzó el tiempo de la instalación del mal menor y la apuesta está centralizada en lo que viene.

El más reciente análisis de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) consideró que la distancia entre la postura del Gobierno y la del Fondo Monetario es cercana y dio por hecho que se va a alcanzar un acuerdo, pero dejó planteada la posibilidad a que no se llegue a tiempo con la negociación antes de que se terminen las reservas.

El periódico británico Financial Times también hizo una radiografía sobre la negociación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el que pone el foco sobre la falta de avances dado el poco tiempo disponible para evitar un default. La resistencia del directorio del organismo a aceptar un programa con pocos condicionamientos, la falta de apoyo del Gobierno en el Congreso y las propias internas de la coalición que preside Alberto Fernández, señala el análisis, generan el riesgo de que el país se aísle y quede como “un paria financiero internacional. 

A medida que se acerca la fecha límite de marzo para que Argentina reestructure una deuda de miles de millones de dólares con el FMI, el país corre de nuevo el riesgo de que las instituciones financieras internacionales le corten el grifo y se aísle, mientras el gobierno peronista de izquierdas se esfuerza por encontrar apoyo para un nuevo acuerdo”, arranca el artículo que lleva por título “Argentina se acerca a la fecha límite del FMI con pocas señales de progreso”.

Por estas horas quedan en evidencia los desacuerdos políticos sobre los alcances del programa para pagar la deuda contraída por Mauricio Macri. Las señales alejan la posibilidad de consensos y de un shock de confianza. No sólo las disidencias resultan evidentes entre el oficialismo y la oposición, sino también dentro de cada fuerza, pese a que ya corre una cuenta regresiva en la que cualquier demora o traspié implica el riesgo de desembocar en un ajuste por las malas.Eso terminaría disparando una crisis de magnitud empujando a la economía hacia el precipicio.

El escenario de comienzo de año, según los especialistas, se asemeja a una bomba de tiempo o pre rodrigazo. Cortes de luz, un brote imparable de casos de Covid, más la trepada del dólar, una emisión de pesos incontenible y precios indomables, conforman la trama del complicado escenario. Y sobre llovido mojado, el peso argentino califica como la segunda moneda más devaluada del mundo en 2021, solo detrás de la lira turca. El dato se desprende de un informe elaborado por la empresa Bloomberg. Mientras que la moneda argentina se devaluó 14,7%, la turca sufrió una depreciación del 94,5%. 

La deuda pública nacional, en dólares y pesos, crece a un ritmo cada vez más acelerado. En noviembre de 2021, tuvo un incremento nominal de USD 5.168 millones y ascendió a un total de USD 353.514 millones. Si se compara con noviembre de 2019, la suba durante la gestión del presidente Alberto Fernández fue de USD 40.215 millones.

Diciembre y enero prometen ser meses de alta inflación. Para adelante, siguiendo las expectativas privadas medidas por el Banco Central a través del REM, se consolidan tendencias peligrosas, con aumentos de 50% en el año. El consenso es que existen muchas dificultades para revertir la dinámica inflacionaria en estos dos últimos años de la gestión Fernández. 

La economía se desliza por un tobogán al que los economistas llaman ‘inercia inflacionaria’: los precios suben desobedeciendo lo que el Gobierno hace, como por ejemplo, pisar tarifas, dólar, precios sensibles como la carne y hasta impedir exportar esos productos. El tema es que los costos de toda la economía se siguen moviendo y las distorsiones se acumulan.

En lo que tiene que ver con las tarifas se está empujando el aumento del gas y las empresas piden hasta un 300% de incremento. El interventor del Enargas, Federico Bernal, apuró la convocatoria a audiencias públicas para el 19 de este mes para destrabar el aumento del gas, bajo la presión del acuerdo con el FMI. 

Además, se acaba de conocer que la Argentina tiene el segundo peor sistema previsional sobre una lista de 43 países que abarcan al 65% de la población mundial, según el “Global Pension Index 2021″ compilado por el Mercer CFA Institute. El único de los 43 países con un puntaje inferior al de la Argentina incluidos en este índice Global sobre la calidad de los sistemas jubilatorios es Tailandia.Sólo el 15% de la población activa paga impuestos sobre la renta, mientras 23 millones de personas reciben un cheque del Estado.Y en este contexto, la  calle es el espejo del impacto de los índices de pobreza, desocupación el empleo en negro y la inflación.

El desánimo se palpa metro a metro. No hacen falta estadísticas para graficar el estado de necesidad. Una muestra es el furor de la venta de ropa usada que va desde puntos de compra/venta en el Conurbano bonaerense y en la Ciudad. Otra señal es la multiplicación del timbreo para pedir “algo de ropa o de comer”. O el crecimiento geométrico de cartoneros que desfilan uno tras otro por los contenedores de residuos. 

Ni hablar del sector de la clase media que aún no cayó en la pobreza pero que ve pauperizar día a  día su consumo aferrándose a las segundas marcas y a las compras en los mercados mayoristas para recortar gastos básicos o dejar el auto en la calle, elegir una prepaga más barata y cambiar de colegio a los chicos.

Es real que en 2021 el crecimiento de la economía de más del 10% logró recuperar la caída que sufrió en el 2020. Pero lo hizo sobre una inflación de casi el 50%, que había sido del 36% en el año en que se desató la pandemia. ¿Es igual crecer con una inflación altísima que sin ella? Es por esa razón que la suba de precios impidió que el rebote de la actividad económica se tradujera en un mejoramiento en la calidad de vida o de los sectores productivos. ¿Realmente es negocio para el Gobierno bajar la inflación, o es una manera encubierta de recaudar más y ajustar?. 

Con semejante panorama, la pregunta obligada es: ¿Y si no arreglamos con el FMI?. En el kirchnerismo duro no quieren someterse a ningún tipo de ajuste y le mandan nubes negras a la Casa Rosada. Llegar a un acuerdo con el organismo internacional es un pasaje obligado para evitar una crisis macroeconómica de gran envergadura que se desataría con alta probabilidad a partir de un ajuste disruptivo del tipo de cambio, una mayor aceleración inflacionaria y una contracción del consumo y la inversión privadas que deprimirían la actividad y el empleo.

Con un acuerdo con el FMI la Argentina evitaría por el momento entrar en un espiral de mayor pobreza y soledad internacional, pero el entorno de Cristina señalan que estar aislados del mundo no parece ser tan negativo. El temor dentro del kirchnerismo es que un mal acuerdo con el FMI pueda terminar siendo más perjudicial para la estabilidad de la economía que la ausencia de un acuerdo.

Si hay algo en lo que coinciden todos los sectores que hoy componen la CGT, es en respaldar el acuerdo que intenta cerrar el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional, siempre y cuando no signifique “un ajuste para los trabajadores”. Los dirigentes gremiales valoran el “esfuerzo” de la Casa Rosada en esta coyuntura y afirman que la Argentina en esta negociación no cuenta con margen.

El plan del Gobierno para renegociar la deuda de casi 45 mil millones de dólares con el FMI parece casi calcada de la desarrollada en 2020 frente a los acreedores privados. Se procura acordar desde una posición de fuerza. Es la teoría del policía bueno que encarna Alberto. Y el malo lo representa Cristina. Lo hacen con la finalidad de obtener el mejor acuerdo posible, al tiempo que se insiste en un discurso para la tribuna consistente en negar la posibilidad de cualquier ajuste en la economía. El plan es infantil frente a la envergadura de los acreedores.

En cuanto a los temores de una devaluación, un informe reservado de la compañía bursátil TPCG, de fuerte presencia entre inversores extranjeros, estimó que el dólar “contado con liquidación” volverá a subir mucho menos que la inflación a lo largo del 2022, tal como sucedió el año pasado. Según estimó el trabajo, la cotización saltaría de los $210 actuales a no más de $ 260 a fin de año, lo que implicaría un salto apenas superior al 23 por ciento. De la mano de esta estimación, también considera que la brecha cambiaria tenderá a reducirse en forma significativa, cayendo del 100% a menos del 40% para fin de 2022.

La falta de confianza de los ahorristas en el sistema, la inestabilidad económica  y la persistente inflación son los factores que sostienen una tendencia que cruza gobiernos y no se detiene: la dolarización de los ahorros de los argentinos. Según las últimas estimaciones del Indec, son US$252.186 millones los fondos que los ciudadanos del país guardan en el colchón, fuera del sistema bancario.

Y por el lado del sector industrial lo que más inquieta es la escasez de dólares para la importación de los bienes que el mercado va a estar demandando. Otro tema importante que vuelve a la agenda es el avance de los casos de coronavirus que generan ausentismo en gran escala. Los empresarios piden políticas sanitarias que ayuden a un escenario previsible y sin sobresaltos en el calendario de trabajo. La importancia de definir un rumbo, permite alinear los esfuerzos, así como una mayor inversión por parte de los empresarios, creando nuevas oportunidades de empleo y desarrollo a nivel nacional. Es por eso que es tan importante establecer una dirección, sin importar los colores políticos, con el fin de generar confianza en la industria. 

Las palabras, como las reservas del Banco Central, se van agotando y la expectativa de los operadores financieros es que el acuerdo con el FMI es la única llave que puede aliviar la tensión cambiaria en la que está inmerso el país. La moneda está en el aire.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la Universidad Nacional de La Plata. El 22 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de La Plata lo declaró personalidad destacada en el periodismo.
 

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