21/02/2026 - Edición Nº3621

La Plata

La vida cotidiana

El agua en crisis: La Plata entra en su debate más urgente

03/01/2026 10:12 | Las altas temperaturas del cierre del año dejaron a buena parte de La Plata sin agua y volvieron a exponer el mayor déficit estructural de la región en materia de servicios públicos. No se trata de un problema coyuntural ni de un desperfecto estacional: es una falla profunda que no se resuelve con declaraciones, sino con planificación, obras y una inversión que hace décadas no se ejecuta. Fue, sin dudas, el tema que ordenó la agenda política platense en el cambio de año.


por Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires / Twitter @FMoschettoni


Los últimos días del año llegaron con marcas térmicas cercanas a los 40°, y el impacto fue inmediato: buena parte de La Plata volvió a quedarse sin agua. Más allá del calor, el episodio dejó al descubierto un problema de fondo como es el crecimiento poblacional desordenado de las últimas décadas, que una vez más quedó en el centro de la escena.

Según el informe 2023-2024 del Observatorio Socioeconómico de la UCALP, el Gran La Plata alcanzó los 933.397 habitantes, de los cuales 409.401 están en situación de pobreza y 232.500 viven en asentamientos. En esos territorios, seis de cada diez personas no tienen acceso a agua potable, nueve de cada diez carecen de cloacas y ocho de cada diez no cuentan con red de gas. A eso se suman las innumerables y peligrosas conexiones clandestinas de electricidad que completan un cuadro de vulnerabilidad extrema.

La ciudad convive con realidades muy distintas. Los asentamientos están desde hace años sobre un polvorín sanitario que exige una respuesta urgente. En paralelo, el casco fundacional y las principales localidades padecen baja presión, agua con color de óxido o con olor, y otros síntomas que revelan un déficit de inversión en infraestructura acumulado durante décadas.

En este contexto, resulta cada vez más difícil conciliar el crecimiento poblacional, la organización del territorio y la provisión de servicios básicos acorde al rol de capital provincial. La dirigencia local no ha estado a la altura, en ese sentido, son pocos los que dimensionan la magnitud del problema y lo abordan con seriedad. La mayoría de los concejales ni siquiera comprende la complejidad técnica del sistema, y otros prefieren buscar titulares, exagerar posiciones o enviar mensajes internos a sus jefes políticos antes que enfrentar una crisis que ya es estructural.

Incluso en las zonas donde la red de agua potable tiene cobertura, las pérdidas son sistemáticas tanto en la infraestructura de ABSA como en los domicilios particulares. La región necesita inversiones empresarias y estatales mucho más sólidas que las que se anuncian a diario, pero también un abordaje integral que incluya hogares, industrias y comercios. Sin esa mirada completa, cualquier mejora será apenas un parche.

Según un informe de Aquatech, países como Filipinas y Singapur lograron reducir de manera significativa sus niveles de pérdida de agua, mientras que Australia, que es un territorio marcado por sequías recurrentes, desarrolló un programa exitoso de uso responsable tanto en áreas rurales como urbanas. En paralelo, Chile obtuvo un financiamiento del Banco Mundial por 250 millones de dólares destinado a garantizar seguridad hídrica para cien mil habitantes de zonas no urbanas, un ejemplo de cómo la región empieza a reaccionar ante un problema que ya es global.

Los estados que comprenden la magnitud del desafío hídrico incorporaron tecnologías de inteligencia artificial para anticipar escenarios, detectar pérdidas y diseñar planes de contingencia. El temor en llegar al llamado “Día Cero”, definido como el momento en que una región ya no puede abastecerse por red y depende de puntos de distribución manual, camiones cisterna o racionamiento extremo, debería activar decisiones concretas de la política. Para algunos puede sonar cinematográfico, pero es exactamente lo que ocurre cuando las reservas llegan a su límite crítico y la infraestructura colapsa.

Posiblemente la región aún esté a tiempo de evitar su propio “Día Cero”. Entre 2015 y 2018, Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, atravesó una crisis extrema para abastecer a sus cuatro millones de habitantes. Tres años de sequía, dependencia casi total de embalses, crecimiento poblacional desmedido y una infraestructura insuficiente llevaron a la ciudad al borde del colapso. Las medidas fueron drásticas al limitarse en 50 litros por persona por día de consumo, multas severas, prohibición de lavar autos o llenar piletas, campañas públicas masivas y un programa de reparación de fugas que funcionó las 24 horas.

Aquel episodio dejó una enseñanza contundente y que debemos recordar: el “Día Cero” no es una metáfora, puede ocurrir. Y obliga a tratar la cuestión hídrica como un tema de Estado. Sin embargo, la tendencia, que cada vez es más extendida, a negar el cambio climático desde el ámbito nacional también tiene sus réplicas locales. Ese negacionismo agrava el escenario y dificulta la búsqueda de alternativas serias para revertir la situación. Una pregunta válida para el momento: ¿qué piensan sobre el cambio climático cada uno de los 24 concejales?

En la última semana, ABSA y la Municipalidad de La Plata debieron abastecer con camiones cisterna a San Carlos y Romero, distribuyendo más de 40.000 litros de agua. En paralelo, el titular de la UCR local, Pablo Nicoletti, recordó que la red colapsa desde hace más de quince años y reclamó discutir la distribución de recursos, señalando que la Provincia concentra la mayor parte de los aportes de los contribuyentes platenses sin realizar las inversiones necesarias. A su vez, el senador platense del bloque Hechos, Marcelo Leguizamón, sumó al debate la cuestión energética como parte de la sustentabilidad general del sistema.

A ese escenario se sumó una medida puntual del Ejecutivo local. El intendente de La Plata, Julio Alak, firmó un acta acuerdo con la Cooperativa de Agua Potable y otros servicios públicos de Melchor Romero para activar una perforación que permitirá abastecer con agua potable al barrio Las Rosas. La obra beneficiará a unas 1.200 familias del cuadrante comprendido entre 155 y 161, y de 520 a 514.

La perforación, que fue construida hace aproximadamente siete años, pero nunca llegó a funcionar, será equipada ahora con las bombas necesarias para su operación. “Es un paso fundamental para regularizar un suministro que es vital para la vida diaria”, expresó el intendente tras la rúbrica.

La iniciativa no solo representa un avance en infraestructura, sino que también busca resolver un conflicto que lleva más de quince años afectando a los vecinos de la zona.

Pero más allá de estos planteos concretos, la política local volvió a estar ausente frente a un problema que se repite año tras año. Es imprescindible colocar la crisis climática en el centro de la agenda regional y avanzar en un programa serio de ahorro y gestión eficiente del agua. Sin esa decisión, la ciudad seguirá reaccionando tarde, siempre detrás de la emergencia. Recordar siempre: el “Día Cero” no es una superproducción hollywoodense. El Concejo Deliberante tiene que dar una mayor dimensión al Observatorio del Agua, que en su momento impulsó la concejal radical Manuela Forneris y bien podría retomar su par partidario, Gustavo Staffolani. 

Existen medidas probadas en el mundo que La Plata podría adoptar sin esperar una crisis categórica. En ese sentido, programas de reparación de fugas domiciliarias gratuitas y operativos 24/7 como los de Ciudad del Cabo, gestión de presión en la red como en Tokio, auditorías hídricas obligatorias para industrias y comercios como en Melbourne, y la sectorización por distritos hidráulicos que aplican ciudades como Berlín o Santiago, son herramientas disponibles hoy. Ninguna de estas políticas es exagerada: requieren decisión política, continuidad y una conducción técnica que no dependa del humor del momento.

El municipio podría incluso iniciar un plan piloto inmediato de asistencia gratuita, con un padrón de plomeros certificados y un sistema de solicitud vecinal a través de una app. Además de reducir de manera significativa las pérdidas domiciliarias, la medida generaría trabajo local y daría una respuesta concreta a una demanda que crece cada verano.

La política local: los más activos 

El intendente Julio Alak tuvo una agenda intensa entre el cierre de 2025 y el inicio de 2026. Además del convenio para reactivar la perforación que abastecerá de agua al barrio Las Rosas, en Melchor Romero, también distinguió como Huésped de Honor al director de ópera Leonardo García Alarcón. Por su parte, el senador Marcelo Leguizamón (Hechos) presentó sus dos primeros proyectos del año, ambos vinculados a la cuestión energética y tarifaria provincial. En paralelo, el titular de AUBASA, José Arteaga, siguió de cerca el funcionamiento del sistema de conectividad y la autopista en el comienzo del movimiento turístico. Y el presidente del radicalismo platense, Pablo Nicoletti, concentró su agenda en la crisis del agua y en el rechazo al DNU que amplía las facultades de la SIDE, una medida que generó fuerte controversia institucional.

Internas en el peronismo y en la UCR

Este año, el Partido Justicialista se prepara para las elecciones internas del 15 de marzo, tanto en el plano provincial como local. Por su parte, la Unión Cívica Radical podría adelantar su renovación de autoridades para el segundo o tercer domingo del mes de abril.

Historia mínima de La Plata

Desde su época fundacional, la ciudad tuvo una vida pública intensa, marcada por diarios y publicaciones que discutían con rigor y elegancia. Las polémicas eran firmes, pero respetuosas, y las columnas reflejaban tanto la vida cotidiana como las tensiones políticas de cada época. Un ejemplo temprano aparece en La Capital, que en su edición del 31 de julio de 1886 señalaba sobre El Día: “Mientras otros discuten personalidades, él discute principios”. Y añadía que su colega era “una especie de filósofo de la escuela de Platón”, en referencia a los debates que rodeaban a Máximo Paz y al llamado “partido pacista” en la previa a su futura gestión como gobernador.

Aquel intercambio, propio de una ciudad que nacía discutiendo ideas, contrasta con la pobreza del debate actual. La Plata supo tener una prensa que pensaba su destino y una dirigencia que respondía a esas discusiones. Hoy, frente a una crisis hídrica que amenaza con volverse estructural, la ciudad necesita recuperar esa tradición: menos gestos, más principios; menos ruido, más política. Porque, como en 1886, el futuro vuelve a depender de la capacidad de discutir en serio.


Hasta el próximo fin de semana.