por Redacción
El analista añadió que :"Los odios abundan también en la política internacional. Mucho se habló de que Trump no soportó que Corina Machado obtuviera el premio Nobel que él pretendía para sí. Según The Washington Post no fue casual que Trump hubiera hecho un fuerte lobby para ganar el premio y que la ingeniera venezolana lo perdiera.
El desaire de Trump a Machado resulta doblemente ruidoso debido a que ella es la adversaria más detestada del chavismo desde hace veinte años en consonancia con su lucha infatigable.
Cuando Donald Trump dijo que María Corina Machado no tiene apoyo dentro de Venezuela se refería a eso: la falta de una estructura para ocupar con fuerza cada uno de los estamentos estatales.
Administrar esta delicada transición -que algunos analistas dicen que podría durar entre seis y ocho meses- es un reto que no implica sólo liquidar sueldos. Implica luchar y negociar contra fuerzas internas -de las que aún participa Cuba y su agente Diosdado Cabello- que se sacudirán con la fuerza de un oso y que sólo aquel que conozca los resortes actuales del poder podría contener. Delcy Rodríguez no está sola en esa misión: su hermano la acompaña sin descanso y cada vez más militares se cuadran ante ella. Por conveniencia, claro está. Las lealtades no existen.
Trump además habló de petróleo porque el petróleo vende. Pero la operación no fue por petróleo.
Para los analistas internacionales, lo que detonó la intervención en Venezuela no fue el crudo, sino la convergencia operativa de los tres principales adversarios de EE. UU. : China, Irán y Rusia, en un mismo territorio: Venezuela.
China había tomado control de la extracción de minerales estratégicos como el tantalio, cobalto, tierras raras directamente en las minas del Arco Minero del Orinoco. Estos minerales alimentan la cadena de producción de armas del propio Pentágono. La presencia china no era comercial: era operativa.
En el caso de Irán, había instalado fábricas de drones militares con capacidad ofensiva para alcanzar Florida desde el Caribe. No eran ventas de armas: era industria bélica permanente a 1.200 millas del territorio continental estadounidense.
Por su parte Rusia había desplegado asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia. Un ecosistema de guerra electrónica a la vuelta de la esquina de Miami. Esto no fue casual. Fue una estrategia coordinada. Cada actor reforzaba la presencia del otro.
Otro tema que hay que destacar es que EEUU incautó en las últimas horas dos petroleros que desafiaron el bloqueo naval de Venezuela.
Se trata del Bella 1, registrado bajo bandera rusa, fue interceptado tras dos semanas de persecución en el Atlántico, mientras el M/T Sophia fue capturado en el Caribe sin incidentes. Al menos 16 buques sancionados intentaron eludir el cerco naval desde diciembre.
También hay que decir que el 17 de marzo se reanudará el juicio contra Maduro. Los fiscales federales sostienen que el depuesto dictador chavistas habría supervisado una red de tráfico de cocaína con alianzas con organizaciones transnacionales tenebrosas: carteles mexicanos como el de Sinaloa y Los Zetas, las FARC colombianas y el Tren de Aragua.
Mientras tanto, la izquierda latinoamericana se rasga sus vestiduras, diciendo que se trata del secuestro de un presidente en ejercicio. Pero la realidad es que Maduro era un presidente carente de legitimidad. Estamos frente al arresto de un dictador sanguinario, acusado de crímenes internacionales, y un usurpador del poder que ejerció el fraude electoral varias veces. Las reiteradas violaciones a los derechos humanos del régimen de Maduro configuran un amplio repertorio de crímenes contra la humanidad. Desde hace 26 años la revolución bolivariana detenta con fiereza el poder violando los más elementales derechos. El socialismo del siglo XXI logró hundir a su país en la pobreza, provocar un drama humanitario con ocho millones de emigrados y transformar a la democracia liberal venezolana en un narcoestado. La dictadura de Maduro enfrentó el descrédito internacional, la falta de apoyo popular y el desastre económico.
Otra cuestión que hay que resaltar es que los partidos democráticos venezolanos participaron en 17 ruedas de diálogo con el gobierno dictatorial, pero el régimen jamás cumplió sus promesas y violó los acuerdos alcanzados en México en 2021 para una transición democrática pacífica en Venezuela y el Acuerdo de Barbados de 2023. Pese a los múltiples intentos de mediación y diálogo tendientes a recuperar la democracia venezolana que desarrollaran diversas instancias internacionales, siempre el resultado fue la mentira y el desgano demostrado por la dictadura. Maduro aplicó el terror para evitar levantamientos. El régimen se encargó de perseguir y asesinar a opositores, al tiempo que la represión interna en las fuerzas armadas fue continua, con la ayuda de la contrainteligencia cubana.
América Latina padece una involución democrática. Tres dictaduras (Cuba, Venezuela y Nicaragua) se consolidaron en la región ante la pasividad de sus Estados. El progresismo latinoamericano contribuyó a disfrazar la penosa realidad del pueblo venezolano. Mientras Chávez y Maduro desmantelaban el Estado de Derecho, la izquierda regional sonreía y recibía sus regalos. La alianza estratégica entre el chavismo y los gobiernos kirchneristas, basada en un alineamiento ideológico y en negocios espurios, fue un claro ejemplo.
El gobierno de Washington declaró un estado de guerra contra el narcoterrorismo y las redes criminales transnacionales que operan entre Venezuela, Colombia y México. Los carteles transnacionales de la droga se han convertido en un actor geopolítico relevante, con influencias territoriales, políticas y económicas. Algunas decisiones responden a condicionamientos de la política interna norteamericana. En Estados Unidos, las muertes por consumo y sobredosis de cocaína y otros estupefacientes ascienden a cerca de 700.000 personas en los últimos 10 años.
James Story, ex embajador de Estados Unidos en Caracas entre 2018 y 2023, advirtió que Diosdado Cabello representa el mayor peligro para la estabilidad y la gobernabilidad en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y la llegada de Delcy Rodríguez al poder. Story describió un escenario de incertidumbre y tensión, en el que la estructura de poder se fragmenta entre actores enfrentados y el principal factor de amenaza proviene del sector controlado por Cabello.
La estrategia de Estados Unidos para la transición política en Venezuela se sostiene en una secuencia de intervenciones que priorizan la estabilización y el control económico como herramientas para modelar el futuro del país sudamericano. Así lo expuso Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, ante el Congreso estadounidense-
Rubio justificó la política de presión sobre el régimen venezolano con un principio rector: “El primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos”, afirmó el funcionario a El Congreso de EE.UU.. En esa lógica, la llamada “cuarentena” impuesta a Venezuela es vista como un instrumento determinante: “Parte de esa estabilización, y la razón por la que entendemos y creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestra cuarentena”, sostuvo Rubio.
La demostración inmediata de este enfoque se materializó con nuevas incautaciones marítimas: “Como han visto hoy, dos barcos más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela”, explicó Rubio.
En este contexto, detalló una operación sin precedentes: “Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Lo venderemos en el mercado a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela”, aseguró el secretario de Estado ante el Congreso, subrayando que los fondos derivados de esas ventas contarán con una gestión internacional orientada a la transparencia y el bienestar ciudadano: “Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen”.