12/01/2026 - Edición Nº3581

Economía

Luces de alarma

Inflación sin freno y ventas en caída: el optimismo oficial pierde sustento

08:07 | Con una inflación que desacelera sin consolidarse, ventas en retroceso y un poder adquisitivo que no repunta, la economía real desmiente el optimismo oficial. Los datos privados, las advertencias de economistas y la incertidumbre externa -incluido el avance del acuerdo UE–Mercosur- muestran un escenario frágil, donde el consumo sigue en caída y el horizonte de estabilidad se aleja.


por Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires / Twitter @FMoschettoni


El economista Carlos Melconian dijo, en radio Splendid, que “cada vez que leo que dicen que el Gobierno derrotó a la inflación... Eso no es cierto. Tomar la decisión de ir a un dígito anual es un plan de estabilización muy serio que no veo que este Gobierno pueda ni vaya a encarar en el corto plazo", consideró y agregó en ese orden: “requiere otros temas solucionados que todavía este programa no tiene: no está graduado y sigue armándose en el día a día”.

Los datos de diciembre, según distintas mediciones, muestran una inflación que se ubicó entre 2.3% y 2.5%, mientras que la Ciudad de Buenos Aires registró un 2.7% en el IPCBA. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central promedió 2.3% entre las 44 consultoras relevadas y proyecta un 2% para enero, con un sendero descendente que llevaría el registro mensual a 1.5% en junio. Si ese escenario se cumpliera -2% en enero y 1.5% mensual hasta mitad de año- el acumulado del primer semestre, calculado con variación exponencial, alcanzaría 9.8%. Luego, aun suponiendo una desaceleración adicional al 1% mensual entre julio y diciembre, la inflación anual cerraría en torno al 16.6%.

En ese sentido este martes cuando INDEC informe los datos de diciembre, que ubicarán una inflación seguramente por encima del 2%, el gobierno va a celebrar el hecho, al decir que terminará el año con una inflación de alrededor de 30%, y que muestra una desaceleración notoria con respecto al año 2024, que tuvo una inflación de 117.8%. Sin embargo, la preocupación radica en que todavía se observa una inestabilidad demasiado importante, y un combate ficticio al costo de vida, en donde la mesa de los argentinos percibe otra cuestión.

Un anticipo de la fundación platense FundPlata muestra que, en diciembre de 2025, la canasta básica de alimentos en La Plata aumentó 1.9%, por encima del 1.2% registrado en noviembre. En paralelo, la ONG Consumidores Libres -que releva precios en la Ciudad de Buenos Aires -informó una suba del 2.23% en el mismo período. Ambos datos confirman que, aun con una inflación general en descenso, el costo de los alimentos sigue mostrando una dinámica más persistente.

En otro orden, Melconian también se refirió a la reactivación en la entrevista que brindó el sábado en Splendid, y dijo: “hay un problema con el poder adquisitivo, no hay una hoja de ruta. Hay personas que subestiman las finanzas, que tienen un sesgo productivista y creen que el resto de las cosas se arreglan, pero hay un escenario que es todo lo contrario”, lamentó.

Uno dice, ¿con eso a dónde vamos? No hay libreto ahí, sin ofender a nadie. Ese es un tema complicado. Desde la macroeconomía, para contestar profesionalmente hay que concentrarse en los determinantes, en el crecimiento del poder económico, pero eso se prostituye con si abro la economía... Eso va al margen", diferenció.

“Este es un modelo que laboralmente ajusta con informalidad al poder adquisitivo. Ahí, con semejante nivel de informalidad, eso viene para mantener el poder adquisitivo aplacado. Ganan más plata en el informal que en el formal; en la macroeconomía no renace el crédito y eso va a tardar; consideró y sumó: “Ahí vemos los determinantes de una parte del consumo que va a ir despacio. Otra es la tasa de inversión, es una cosa que va a tener conflicto en el camino”.

El contexto en el que Melconian destaca los problemas del poder adquisitivo, lo están notando los comercios y empresas pequeñas y medianas. Este domingo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) publicó su informe habitual en donde destaca que, en diciembre, el comercio minorista pyme experimentó un retroceso del 5,2% interanual a precios constantes. En contrapartida, el número varió en la medición desestacionalizada frente a noviembre: el resultado fue de un incremento del 5,2%. Con estos valores, el índice de todo el 2025 cerró con una variación positiva acumulada del 2,5%.

El análisis sectorial confirma la tendencia recesiva reciente: seis de los siete rubros relevados finalizaron con números rojos. Las contracciones más agudas se verificaron en Bazar y decoración (-15%), Perfumería (-9,8%) y Textil e indumentaria (-8,5%). La única excepción a la regla fue el rubro Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción, que logró sostenerse con una leve alza del 0,8%.

En lo que respecta a la situación actual de los negocios, el 55% de los comerciantes describió un escenario de estabilidad interanual. Por otro lado, el 27,6% reportó un empeoramiento en sus condiciones, un dato que, aunque negativo, refleja una mejora relativa de casi 10 puntos porcentuales frente al 37% que manifestaba deterioro en noviembre, destaca el informe.

Al desagregar los datos se evidenció una dinámica similar: seis de los siete rubros relevados presentaron retracciones, siendo los descensos más agudos los de Bazar y decoración (-15%) y Perfumerías (-9,8%). En contrapartida, el único sector con un crecimiento interanual fue Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción, con una suba del 0,8%.

El informe reflexiona en que diciembre funcionó como un alivio financiero gracias a las fiestas de fin de año y al cobro de aguinaldos, pero no logró revertir la caída estructural del 5,2%. El consumo se mantuvo retraído y estrictamente racional, con familias que priorizaron ofertas y gastos esenciales ante la persistente falta de poder adquisitivo.

A este cuadro interno se suma la incertidumbre externa: el acuerdo UE–Mercosur, que avanza entre tensiones políticas y resistencias sectoriales en Europa, tampoco ofrece un horizonte claro para la economía argentina. Mientras los gobiernos hablan de “oportunidades comerciales”, los sectores productivos locales advierten que un pacto firmado en estas condiciones -con costos internos en alza, demanda deprimida y empresas operando al límite- podría profundizar asimetrías en lugar de corregirlas. En un mercado doméstico que ya muestra señales de fatiga, cualquier apertura sin una estrategia sólida de competitividad corre el riesgo de convertirse más en presión que en alivio.

En definitiva, la economía argentina transita un momento en el que los indicadores muestran más fragilidad que avance. La inflación desacelera, sí, pero no al ritmo necesario para recomponer ingresos, y el consumo continúa en un sendero contractivo que golpea de lleno a comercios y pymes. Mientras tanto, el optimismo oficial choca con una realidad que se impone en góndolas, balances y bolsillos. Sin un programa consistente que ataque simultáneamente precios, salarios, inversión y competitividad, cualquier mejora aislada corre el riesgo de diluirse rápido. El desafío no es solo bajar la inflación: es lograr que la economía vuelva a moverse.