por Redacción
Los destinos líderes —Iguazú, Ushuaia, Bariloche, Carlos Paz, Villa La Angostura— registran ocupaciones que superan el 80% e incluso alcanzan picos del 90%. Allí, la combinación de naturaleza, festivales, actividades al aire libre y eventos masivos sostiene un flujo constante; así se desprende de un trabajo de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Pero el panorama cambia al mirar otras plazas. Puerto Madryn, por ejemplo, arrancó la primera quincena con apenas 35% de ocupación, aunque con proyección de mejora gracias a una agenda intensa de ferias y actividades culturales. Posadas se movió en torno al 40%, con un perfil marcado de turismo de paso y decisiones tomadas en el día. Corrientes informó un promedio del 55%, mientras que Tucumán quedó en el 43% y Santiago del Estero en el 36%, con picos solo cuando coinciden festivales o eventos identitarios.
En la provincia de Buenos Aires, la situación también muestra matices: Mar del Plata alcanzó el 60%, Chascomús se ubicó en el 62%, y la ciudad de La Plata registró apenas 24% de ocupación, afectada por la falta de grandes eventos y por su perfil mayormente emisivo.
En la comparación contra la quincena de 2025, una señal de alerta son los datos de la provincia de Buenos Aires: los registros oficiales marcaron una caída del 21%, que se sintió con mayor intensidad en los destinos de la Costa Atlántica (-26%). Por ejemplo, los gastos turísticos realizados con Cuenta DNI bajaron un 40%.
Un turista más prudente: estadías cortas y decisiones de último minuto
El comportamiento del viajero es uno de los grandes cambios estructurales de esta temporada. Las reservas anticipadas perdieron peso en casi todo el país. En Misiones, Entre Ríos y Santa Fe, los prestadores coinciden en que buena parte de la ocupación se define en las 72 horas previas, muchas veces de manera presencial.
La estadía también se acorta:
En destinos de paso, el visitante permanece una sola noche.
En escapadas serranas o ribereñas, la permanencia ronda las 2 o 3 noches.
En destinos consolidados, como Iguazú o Ushuaia, se sostienen promedios de 4 a 4,4 noches, traccionados por excursiones y cruceros.
El turista viaja, pero con cautela: compara precios, ajusta consumos accesorios y prioriza experiencias de valor antes que estadías largas.
Gasto selectivo y tensiones en el sector
Aunque el gasto turístico sigue siendo significativo, no se distribuye de manera homogénea. En Entre Ríos, el gasto diario promedio ronda los $96.960; en Chascomús, $97.000; en Santa Fe capital, $219.000. En Ushuaia, los valores trepan a $370.000 por persona/día, impulsados por excursiones premium y turismo de cruceros.
Sin embargo, el sector enfrenta problemas crecientes:
1. Alojamiento informal en expansión
La oferta no registrada compite directamente con la hotelería formal, presiona precios a la baja y reduce la rentabilidad en destinos con alta demanda de escapadas cortas.
2. Costos operativos elevados
Energía, insumos, personal y logística continúan tensionando los márgenes, incluso en destinos con buena ocupación.
3. Dependencia del clima y la agenda
La temporada se volvió más volátil: cuando el clima acompaña y hay eventos, la ocupación sube; cuando no, cae abruptamente. Esto dificulta la planificación financiera de los prestadores.
4. Comunicación y percepción pública
En zonas afectadas por contingencias ambientales, los mensajes generalizados pueden desalentar viajes incluso hacia áreas plenamente operativas. El sector reclama una comunicación más precisa para evitar impactos innecesarios.
Eventos y naturaleza: los motores que sostienen la temporada
En este contexto, los eventos —festivales, carnavales, ferias gastronómicas, competencias deportivas— se consolidan como los principales aceleradores del movimiento turístico. Funcionan como “activadores” que ordenan el calendario, reducen incertidumbre y generan picos de ocupación.
La naturaleza también mantiene su rol central: Cataratas, Ushuaia, El Calafate, Esteros del Iberá y las playas de la Costa Atlántica concentran miles de visitantes diarios, reforzando la idea de que el producto natural es el que menos se posterga.
Un verano que no cae: se transforma
El verano 2026 no muestra un retroceso del turismo, sino una transformación profunda. El viajero sigue moviéndose, pero lo hace con más racionalidad, flexibilidad y búsqueda de valor. Los destinos que logran comunicar con claridad, ofrecer experiencias diferenciales y adaptarse a esta nueva lógica son los que mejor están sosteniendo la temporada.
Mientras tanto, los desafíos estructurales -informalidad, costos, clima, comunicación- marcan el pulso de un sector que, aun en un contexto complejo, sigue siendo uno de los motores económicos más importantes del país.