por Jorge Joury *
La historia siempre se repite. Estos episodios generan repudios, pero la indignación luego se apaga y todo queda en la nada. Se hace necesario ir hasta el hueso y terminar definitivamente con la imprudencia. En esa dirección, parece que la Legislatura bonaerense tomó cartas en el asunto y se avanza con una ley para terminar con los desbordes.
Lo cierto es que, hasta el día de hoy, nadie le ha puesto freno al descontrol en ese desierto de dunas que sobrevive como una maldición bíblica, donde impera el caos, el alcohol en exceso y otras sustancias que generan situaciones límite y adrenalina pura. En el reino del todo vale, donde se acumulan víctimas que ven arruinadas sus vacaciones y las de sus familias por la imprudencia. La responsabilidad es de todos. De los padres que alientan estas prácticas, de los jóvenes desquiciados y de las autoridades que no les ponen frenos suficientes con multas que duelan.
La postal siempre se repite, con enormes camionetas 4x4 levantando nubes de polvo y cuatriciclos cargados de chicos sin casco y flamantes UTV volando por los aires.
El accidente reciente que dejó al pequeño Bastián en estado crítico, sucedió cuando un UTV tipo Can-Am impactó de frente contra una Volkswagen Amarok parece ser la gota que rebalsó el vaso. La violencia del golpe causó daños físicos inmediatos a los pasajeros. El hombre de 30 años sufrió cortes en el rostro, mientras que el niño de ocho años quedó inconsciente en el acto con traumatismo de cráneo.
Por estas horas, la Justicia intenta determinar responsabilidades, un objetivo difícil en un lugar donde no hay reglas. Las fotos de los portales permiten ver que las medidas de seguridad no existen: Por ejemplo, padres con hijos sin casco alguno en los cuatriciclos y carreras alocadas.
Se sabe que Bastián quedó internado en la unidad de terapia intensiva del hospital de Mar del Plata con lesiones muy delicadas que ponen en riesgo su vida. Por ejemplo, nuevos estudios médicos revelaron que tiene lesiones cerebrales y cervicales severas y se encuentra bajo asistencia respiratoria ventilatoria tras el brutal choque.
Pero las historias en La Frontera salvaje no terminan allí. Estos vehículos, que alientan el fabuloso y millonario negocio de las guarderías locales, también circulan irresponsablemente por el bosque a altas velocidades, mientras muchos niños juegan inocentemente por las calles de arena a merced del peligro. Todo se agrava con que las rondas de patrulleros y la vigilancia policial son cada vez más acotadas.
El caso Bastian alcanzó tanta repercusión que llegó al Senado bonaerense. Lo que se busca por estas horas es prohibir de manera general el uso recreativo de cuatriciclos, motos y camionetas en zonas costeras.
Los legisladores van detrás de una norma de alcance provincial, con el objetivo de reducir riesgos para turistas y residentes, además de proteger los ecosistemas costeros, especialmente los médanos, considerados una barrera natural clave frente a la erosión.
El texto legislativo lisa y llanamente plantea la prohibición de la circulación de vehículos motorizados en playas, médanos y zonas costeras, salvo excepciones específicas, entre ellas lo que tiene que ver con seguridad y rescate,servicios de emergencia, mantenimiento urbano, actividades científicas o ambientales debidamente autorizadas.
La idea es unificar criterios en toda la Costa Atlántica, evitando las diferencias normativas entre municipios y reforzando el control en sectores donde hoy las restricciones suelen ser desbordadas.
Además del caso Bastian, el avance del proyecto se da tras una serie de graves episodios que volvieron a poner en el centro de la escena el problema. Por ejemplo, en Villa Gesell, dos hombres fueron detenidos mientras corrían picadas con vehículos en plena zona de médanos.
En Pinamar, la Justicia suspendió la licencia de conducir a un empresario oriundo de Pilar por realizar maniobras temerarias con un vehículo 4×4. El propio intendente pinamarense, Juan Ibarguren, fue contundente al señalar que "se trata de actitudes irresponsables que ponen en riesgo vidas y destruyen el ambiente".
Pero lamentablemente los episodios se repiten cada verano, alimentando reclamos de vecinos, organizaciones ambientales y sectores del turismo que advierten sobre los desbordes y la falta de controles.
También hay cuestiones relacionadas con el ecosistema. Por ejemplo, los ambientalistas argumentan que el tránsito de vehículos sobre la arena compacta el suelo, daña la vegetación nativa y acelera la erosión costera. Estos especialistas sostienen que a largo plazo, los episodios afectan la estabilidad de los médanos y aumenta la vulnerabilidad de las ciudades balnearias frente a temporales y sudestadas.
Este cuadro de inseguridad, con accidentes protagonizados por cuatriciclos y camionetas en playas y médanos se multiplicaron en los últimos años, con heridos graves y situaciones que pudieron terminar en tragedia.
El proyecto legislativo ahora deberá atravesar comisiones y negociaciones políticas antes de llegar al recinto. Sin embargo, el clima social parece volcar a favor de mayores restricciones y multas que hagan doler el bolsillo de los transgresores. Además, cada nuevo video viral de maniobras peligrosas en la playa indigna y obliga a pensar en tolerancia cero por el bien de todos. No hay que festejar estas situaciones límites generadas por jóvenes, en su mayoría presas del alcohol. Ahora, la discusión de fondo es hasta dónde llega el uso recreativo del espacio público cuando entra en colisión con la seguridad colectiva y la preservación ambiental. Es hora de resguardar la vida y ponerle freno a los desbordes con medidas ejemplificadoras.
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información y analista político. El 22 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de La Plata lo declaró "personalidad destacada en el periodismo".