por Redacción
El mundo contiene el aliento este lunes 2 de marzo. Tras los ataques a instalaciones estratégicas en suelo iraní, las principales potencias han fijado posiciones que marcan un quiebre en la diplomacia internacional.
1. El factor Trump
Desde Washington, el presidente Donald Trump lanzó la declaración más fuerte de la jornada. En una entrevista con el New York Post, el mandatario estadounidense afirmó que "no descarta el envío de tropas terrestres a Irán si es necesario", según lo que reproducen medios internacionales.
Esta postura rompe con la idea de una guerra exclusivamente aérea o de drones, planteando el escenario de una invasión o incursión terrestre de gran escala, algo que no se veía en la región desde la guerra de Irak.
2. Europa
A pesar de haber firmado un comunicado conjunto el domingo, las potencias europeas (el llamado E3) no están leyendo la situación con la misma lente:
ALEMANIA se baja del frente militar: El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, fue tajante: "Alemania no tiene ninguna intención de participar en operaciones militares contra Irán". Berlín aclaró que sus tropas (Bundeswehr) solo actuarán en defensa propia si son atacadas, marcando una distancia prudencial de la ofensiva liderada por EE. UU. e Israel.
FRANCIA busca el equilibrio: París se muestra más activa pero con límites. El canciller Jean-Noël Barrot confirmó que Francia defenderá a los países del Golfo y Jordania bajo acuerdos vinculantes, pero criticó la "unilateralidad" de los ataques previos, sugiriendo que el conflicto debió pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU.
3. El riesgo de la "espiral indefinida"
La advertencia francesa es clara: sin un objetivo político definido, la región corre el riesgo de caer en una inestabilidad prolongada. Mientras el Reino Unido ya puso sus bases a disposición de Trump, el eje Berlín-París intenta evitar que la OTAN se vea arrastrada a una guerra total contra Teherán.
Análisis: Lo que estamos viendo hoy es el fin de la diplomacia tradicional. Con Trump dispuesto al despliegue terrestre y una Europa dividida, las próximas horas en Isfahán y el Golfo Pérsico definirán el mapa del siglo XXI.