por Redacción
González describe el panorama actual como un proceso de "desarticulación productiva". Según el autor, mientras el mundo se reorganiza en torno a la innovación, Argentina asfixia a sus pymes, desfinancia universidades y asiste a una preocupante emigración de científicos. "Se celebra el ajuste como si fuese una estrategia de desarrollo, cuando en realidad puede convertirse en una estrategia de contracción nacional", sentenció.
Los tres motores del cambio
La propuesta del "Desarrollismo Inteligente" se sostiene sobre tres pilares que deben funcionar de forma coordinada para generar riqueza y bienestar social:
1. Revolución Educativa 5.0: Inspirada en modelos de Finlandia y Estonia, busca formar "creadores de soluciones" y no solo empleados. González distingue el "cuentapropismo" de subsistencia del verdadero espíritu emprendedor, que multiplica valor en la sociedad.
2. Revolución Industrial Inteligente: Frente a la idea de que la industria es cosa del pasado, propone seguir los pasos de Alemania (Industrie 4.0) y China, integrando robótica e inteligencia artificial. El objetivo es frenar la "amputación del sistema productivo" mediante financiamiento e incentivos a la innovación.
3. Revolución Científico-Tecnológica Soberana: Busca potenciar el sistema científico argentino para evitar la fuga de cerebros. "Quien queda fuera de la red global de conocimiento pierde autonomía estratégica", advierte el documento.
Una visión sistémica
Para González, la salida no es un milagro instantáneo, sino la reconstrucción del sistema productivo sobre una base de talento, ciencia e industria. Citando a referentes como René Favaloro y John F. Kennedy, concluye que el país posee la capacidad y la energía creativa necesaria, pero requiere un proyecto que ordene esas fuerzas para conquistar el futuro.