por Redacción
El analista añadió que por el momento, “no está muy claro qué es lo que va a pasar. Nadie sabe cuanto va a durar la guerra. Por lo tanto hay una gran incertidumbre en un mundo donde se han roto todas las reglas de convivencia internacional y la fuerza predomina por sobre todas las cosas. Tras un pico que superó los 100 dólares por barril, el precio se estabilizó cerca de los 90, una cifra que, según los expertos, sigue siendo “un 50% más alta que antes de los ataques”.
Esta suba no es un dato menor para la economía local: “La energía es un insumo estratégico y un formador de costos de prácticamente todos los bienes. El incremento del crudo arrastra casi todos los precios porque hace subir la nafta y eso genera un traslado a los precios”.
En este contexto, uno de los puntos más críticos es la carencia de mecanismos de protección en Argentina, que sí poseen las potencias mundiales. La duda es si nuestro país podría utilizar reservas para amortiguar el impacto, como hace el G7. Pero tengamos en cuenta que Estados Unidos tiene una reserva estratégica, la Argentina no tiene eso. A pesar del potencial de Vaca Muerta, los excedentes están “limitados por la infraestructura de transporte”, lo que impide que el país actúe como un escudo ante el shock externo.
La idea de que el litro de nafta debe promediar un dólar hoy es un mito. “En Uruguay y Chile vale mucho más, en EE.UU. supera los 4 dólares el galón y en Europa está por arriba de 1,80. Cada país responde a su política de abastecimiento sin perder de vista la referencia internacional.
En este contexto, también hay que decir que la política fiscal argentina actual agrava el impacto en el consumidor en lugar de mitigarlo. Prácticamente la mitad de lo que pagamos son impuestos. Cuando aumenta la nafta, el Estado es ‘socio’ del incremento. En otros países existen fondos compensadores que se alimentan cuando el precio baja para subsidiar las subas, pero “esto no pasa en la Argentina”.
Hoy lejos de buscar un colchón para mitigar el impacto, el gobierno ha avanzado en el sentido opuesto: Se descongeló totalmente el impuesto al carbono, que es un valor fijo que se había licuado por la inflación. El mayor ingreso por exportaciones que genera el crudo alto debería ser reorientado para reducir la carga sobre el consumidor, pero aún hoy es marcada la falta de previsión oficial: “No hay nadie pensando en esto todavía; seguimos siendo muy vulnerables”.
La tapa del último número de The Economist habla de: “Una guerra sin estrategia”. No es ni más ni menos que una definición militar, pero si lo miráramos desde el punto de vista económico, estaríamos diciendo que el mundo hoy navega en un mar de incertidumbre por las consecuencias de esta guerra. Hay interrogantes muy importantes respecto de los objetivos de Estados Unidos en este conflicto. No es lo mismo lo que sucede con Israel, para el cual es un fenómeno regional que tiene que ver con su supervivencia. Este enfrentamiento tiene efectos sobre la economía que plantean interrogantes muy importantes respecto de la duración. El tiempo que lleve este conflicto está ligado a cuáles son los objetivos y a una pregunta muy elemental: cuál sería el triunfo y qué indicaría que ganó el responsable de esta jugada bélica.
Si bien es cierto que el respaldo de Trump, ha sido fundamental para Milei, de hecho fue el que lo salvó de una catástrofe electoral el año pasado poniendo un cheque de US$20.000 millone, por su política internacional, primero con el ajuste de aranceles y ahora con una decisión bélica en relación con Irán, termina siendo un peso para el Presidente.
Habrá que ver el impacto sobre la inflación. Milei dijo que la inflación va a volver a su sendero descendente. Es importante lo que planteó, porque implícitamente, cuando dice que va a volver a su sendero descendente, está reconociendo un problema, que veremos cuán momentáneo o cuán estructural es este programa económico, que es que la inflación se ha amesetado. Algo que señalaban muchos economistas: llevar la inflación de 25% mensual a 3% mensual puede ser relativamente sencillo. Bajarla de ese piso de 3% o 2% empieza a ser más complicado para todos los gobiernos".
Si hay un aumento en el precio del petróleo medianamente estable o persistente, eso no solamente genera inflación en la Argentina, genera inflación en Estados Unidos, donde la inflación es un asunto central para Donald Trump, que está en campaña electoral. Si esa inflación es persistente, derivada de que el precio del petróleo sigue manteniéndose alto, puede haber en la Reserva Federal la tendencia ya no a mantener estable la tasa de interés o eventualmente recortarla y que es la que pretende Trump, sino que en vez de bajar podría empezar a subir.
Si sube la tasa de interés en los Estados Unidos -esto ya le pasó a Macri- comienza a haber un flujo de dólares hacia los bonos del Tesoro, que empiezan a pagar más. Y eso significa una detracción, un reflujo del dinero que podría ir a los mercados emergentes.
Esta dinámica tiene dos consecuencias sobre la Argentina. Una de ellas tiene que ver con el costo del dinero que determina la inversión. Aquel que está pensando en invertir en la Argentina puede preferir invertir en bonos del Tesoro, que son más rentables y muy probablemente más seguros. Pero además hay un problema más específico que tiene que ver con lo fiscal. Argentina es un país muy endeudado. Y si la tasa de interés de los Estados Unidos sube porque hay que combatir la inflación, y esa suba de la tasa de inflación determina que haya una suba de la tasa de interés por parte del Banco Central de los Estados Unidos, le va a resultar mucho más trabajoso al Ministerio de Economía argentino renegociar la deuda en dólares, porque va a tener que pagar una tasa de interés mayor".
Que nadie crea que en la Argentina vamos a salir rápido de la inflación. Los economistas en su mayoría opinan que los procesos de desinflación llevan tiempo. La economista de Harvard Carmen Reinhart halló que el 60% de los países tardaron más de 7 años en alcanzar una inflación de un dígito y el 40% más de 10 años".