por Redacción
El último informe del INDEC sobre la Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCII) arroja una cifra preocupante para el inicio del 2026: el nivel general se ubicó en apenas un 53,6%. El dato no solo representa una caída frente al 55% de enero del año pasado, sino que marca el piso de una pendiente que se viene profundizando desde mediados de 2023.
Este indicador mide cuánto de la estructura productiva disponible (máquinas, plantas, tecnología) se está usando efectivamente. Que casi la mitad de la industria nacional esté "ociosa" no es solo un frío número estadístico; es el reflejo de una economía que está operando a media máquina.
Radiografía de la parálisis sectorial
El desglose por bloques muestra realidades dramáticas en sectores que son grandes generadores de empleo:
Los más golpeados: La industria automotriz apenas utilizó el 24% de su capacidad, seguida de cerca por el sector textil con un 23,7%. Son niveles de "supervivencia" que ponen en jaque la continuidad de turnos de producción y estabilidad laboral.
La metalmecánica en picada: Excluyendo al sector automotor, la metalmecánica opera al 31,4%, una cifra que preocupa especialmente por su rol como proveedora de otros sectores estratégicos.
Los "resistentes": Solo la refinación del petróleo (86,8%) y las sustancias químicas (64,8%) muestran niveles de actividad más estables, impulsados por la demanda energética y exportadora.
El desafío de la "capacidad ociosa"
Tener un 46,4% de capacidad ociosa significa que las empresas tienen máquinas apagadas y galpones vacíos mientras siguen afrontando costos fijos. Este escenario vacía de contenido cualquier promesa de "progreso rápido" si no se acompaña de incentivos reales a la inversión y una estabilización del consumo.
Como venimos analizando en nuestras columnas sobre Seguridad 4.0 y modernización, la industria argentina necesita dar un salto cualitativo. Sin embargo, con estos niveles de utilización, el capital se destina a cubrir pérdidas en lugar de renovar tecnología o mejorar la competitividad.
La Plata y la región, con su fuerte impronta industrial y tecnológica (con la UTN y el Puerto como baluartes), no son ajenas a este enfriamiento. La reactivación de estos indicadores será la verdadera medida del éxito de cualquier plan económico que pretenda devolverle a la Argentina su perfil productivo.