15/10/2026 - Edición Nº3857

Politica

Punto de vista

Del 11-S a la inundación de La Plata: el dato que cambia la gestión del riesgo

10/09/2026 08:58 | La gestión del riesgo urbano demuestra que ante atentados o desastres, la primera respuesta nunca es federal: siempre depende del gobierno local.


por Ricardo Ferrer Picado */


A un nuevo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, la memoria colectiva suele evocar las imágenes del colapso de las Torres Gemelas como un punto de inflexión definitivo en la geopolítica y en la arquitectura de la seguridad global. Sin embargo, más allá de la escala monumental y el impacto estratégico de aquella trágica mañana en Manhattan, el 11-S legó una lección operativa fundamental para la gestión pública que aún interpela a la dirigencia contemporánea: el primer metro cuadrado de cualquier catástrofe siempre lo gestiona el gobierno local.

Lejos de los debates metropolitanos atrapados en la coyuntura del bacheo diario o en la pasividad de las tertulias políticas, la planificación urbana moderna exige una mirada rigurosa sobre la resiliencia y la protección civil. La vulnerabilidad de los conglomerados urbanos no constituye un riesgo exclusivo de las mecas financieras del hemisferio norte ni de las capitales mundiales.

Las ciudades medianas y los municipios que articulan grandes corredores productivos son hoy nodos críticos de vulnerabilidad precisamente porque concentran infraestructura vital sin sistemas de respuesta proporcionales. Ductos energéticos, nodos de telecomunicaciones, centros logísticos de carga, hospitales de referencia y redes de transporte masivo conviven a menudo con esquemas de defensa civil anticuados, presupuestos atomizados y una alarmante falta de interoperabilidad entre agencias.

"Las fuerzas federales, la ayuda internacional o los cuerpos altamente especializados tardan horas —o días— en desplegarse a escala en el territorio. Los primeros sesenta minutos y las decisiones tácticas inmediatas dependen con exclusividad de los recursos, la capacidad de lectura situacional y el liderazgo del Estado municipal o local junto al sector privado y una previsión con simulacros con la sociedad civil"
— Ricardo Ferrer Picado

La anatomía de la catástrofe: patrones compartidos

Al repasar los grandes eventos disruptivos que sacudieron al mundo en las últimas décadas, la aparente diversidad de sus causas —desde el fanatismo ideológico hasta la violencia hidrometeorológica desatada por el clima— se disuelve ante una misma realidad operativa: el colapso del tejido urbano y la perentoriedad del socorro inicial.

• Nueva York (2001): El impacto de los vuelos secuestrados contra el World Trade Center demostró que los primeros en ingresar a la denominada 'zona cero' fueron los bomberos (FDNY), la policía local (NYPD) y los paramédicos del sistema municipal de emergencias, debiendo sortear fallas críticas de interoperabilidad en las radiocomunicaciones cruzadas que terminaron costando cientos de vidas de rescatistas.

• Madrid (2004): El 11-M, con las explosiones terroristas coordinadas en Atocha, El Pozo, Santa Eugenia y calle Téllez, puso a prueba a los servicios de emergencia de la capital española (SAMUR-Protección Civil y Bomberos del Ayuntamiento), que debieron transformar las vías públicas en hospitales de campaña quirúrgicos en cuestión de minutos.

• Nueva Orleans y la costa del Misisipi (2005): El huracán Katrina evidenció que el colapso de los diques y la falta de protocolos locales de evacuación anulan cualquier capacidad de auxilio posterior si la cadena de mando territorial queda aislada, incomunicada y desbordada por la magnitud del desastre.

• La Plata (2013): La trágica inundación del 2 de abril en la capital bonaerense reveló el costo inadmisible de la imprevisión hidrometeorológica y la atomización operativa: la ausencia de alertas tempranas vinculantes a la población y la inexistencia de un centro de comando unificado dejaron a decenas de miles de vecinos a merced del agua, dependiendo del socorro espontáneo entre ciudadanos.

Todas estas tragedias, a pesar de sus disímiles orígenes geográficos y doctrinarios, ratifican un axioma ineludible, y la primera línea de respuesta jamás es federal; es rigurosamente municipal. Cuando se desata la crisis, la frontera entre la vida y la muerte se juega en la calidad del entrenamiento de las guardias urbanas, la agilidad de los centros de monitoreo y la capacidad del intendente para articular de inmediato a los actores del territorio. La asistencia en socorro de agencias de emergencias tiene lógicas de moras, como las mínimas de traslados de logística y entre tanto hay que salvar vidas y eso se hace con herramientas dispuestas por la administración local.

Salir de la improvisación es un nuevo paradigma proactivo

Asumir que las hipótesis de conflicto extremo o de desastres masivos están 'lejos' de las ciudades argentinas constituye un peligroso sesgo de falsa seguridad. También siempre que un político sin ideas hable de “un Plan!”, o  “recurrentemente pedir fuerzas federales que tiene otros objetivos primarios”.

El cambio climático acelera e intensifica eventos meteorológicos destructivos con recurrencia inusitada, el cibercrimen y los ataques informáticos tienen la capacidad de paralizar sistemas de salud, plantas potabilizadoras o redes de suministro eléctrico en municipios enteros, y los incidentes logísticos con transporte de sustancias peligrosas son contingencias cotidianas a lo largo de nuestras rutas y accesos urbanos.

Superar la improvisación no implica sobrecargar presupuestos con compras espasmódicas de tecnología que luego nadie sabe operar; significa ordenar la doctrina operativa local. Requiere instruir a las fuerzas de seguridad, cuerpos de socorro y defensa civil bajo un Sistema de Comando de Incidentes (SCI) estandarizado, realizar simulacros interinstitucionales periódicos con participación civil activa y estructurar sistemas de alerta temprana multicanal que lleguen en tiempo real al teléfono de cada vecino.

La pregunta estratégica para cualquier administración municipal moderna no es si puede ocurrir una catástrofe, sino si la ciudad cuenta con los protocolos, los enlaces y la determinación de mando para responder en el acto. Cada aniversario del 11-S no debe limitarse a una conmemoración pasiva del dolor global, sino erigirse como un enérgico llamado de atención para los intendentes y líderes territoriales, en el siglo XXI, la seguridad integral y la prevención proactiva no representan un lujo teórico, sino la primera e intransferible responsabilidad de gobernar el territorio. 

Ser proactivos es un obligación de gobierno local.

Sobre el autor

Ricardo Ferrer Picado es especialista en seguridad global, geopolítica y relaciones internacionales. Profesor de Seguridad Interior en la Facultad de la Defensa Nacional (FADENA - UNDEF) y consultor en gestión de riesgos estratégicos.