lunes 28 de septiembre de 2020 - Edición Nº1649
Impulsobaires » Economía » 17 may 2018

Martiniano Ferrer

Análisis: Si el dólar es la fiebre, la inflación es la enfermedad

Un interesante análisis sobre el dólar, la devaluación y la inflación lo comenta el contador Martiniano Ferrer Picado, columnista de Radio 96 e Impulso Baires.


Por: Martiniano Ferrer Picado

 

Estamos viviendo momentos en que todos hablan del dólar, y de un día para el otro se lleno de expertos en economía.
La inflación es el principal problema y único responsable de la caída del salario real, porque la devaluación del dólar es una consecuencia obvia de la inflación, por más que le echen la culpa a las fluctuaciones a la famosa divisa norteamericana.
Por eso es bueno reacomodar las piezas, y ordenar el rompecabezas, para que dejemos de decir que el principal motivo de la inflación, es plena responsabilidad de la devaluación de los últimos periodos, como principal factor.
Me animo a enfrentarme al sentido común popular y como decía Tomás Bulat a través de su sentido racional y pragmático, “es importante explicar el error de pensar que la enfermedad es el dólar y la inflación la fiebre, y no al revés”.
En los últimos días, estamos todos los argentinos pendientes de lo que pasa con el dólar: si sube 50 centavos, si baja 84 centavos, si sube 2 pesos, si vendimos reservas, y otras tantas más relacionadas a la deuda pública y a los Lebacs, pero implícitamente lo único que nos importa es como afecta todo lo relacionado al dólar y como eso va a resentir en la inflación.
Siempre es bueno empezar por el principio, y debemos entender el problema, y saber de que se trata el rompecabezas que queremos armar.
Parte de los que voy a escribir en éstas líneas, es lo que dialogo a diario con amigos o conocidos, pero “termino discutiendo” cuando intercambiamos opiniones, con la relación del dólar y la inflación, que siempre le echan la culpa al dólar, como responsable de nuestros males, y por eso es unánime la opinión pública que se orienta con el dólar, como correlación a la dependencia cultural con la divisa.
De seguir este razonamiento que no pocas personas aceptan cómo válido, y mantener una inflación baja deberíamos fijar el precio del dólar. Se trata, de todas experiencias negativas en la historia argentina, desde Martínez de Hoz, el fracaso del plan austral, la convertibilidad de Cavallo, todos hitos que generaron nefastas consecuencias para la economía del país.

Empecemos por el principio: ¿qué es la inflación y cuál es su motivo?

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE): “Elevación del nivel general de precios”, en términos callejeros significa que los precios suben, que lo hace todos en el mercado con sus propias variables. Esto hace que algunos precios suban más que otros, en diferentes formas y momentos. Más complicado se hace, cuando se profundiza la inflación, por lo que las distorsiones son cada vez más profundas e incontrolables, como sucede en Venezuela, que arranco con niveles controlables, pero por un efecto “multiplicador”, se va de las manos, y cambia todo minuto a minuto, como también nos pasó en el hiperinflación en Argentina a fines de los años 80.
La inflación, con movimientos constantes y no controlados de precios generan inestabilidad en el mercado, generando incertidumbre en la opinión pública sobre la economía y deviene un ultimátum a las potenciales inversores, cuya única exigencia es la previsibilidad y la posibilidad de pensar en el largo plazo.
De aquí a fin de año, y con una postura que, delante de un micrófono, todos dicen compartir, pero que a la hora de las complicaciones suelen olvidarse rápidamente: “el desafío es sostener la competitividad ganada, con un tipo de cambio real (flotante), y bajar la inflación, para demostrar sobriedad”.

 

Las causas de la inflación

La inflación es la suba de precios, pero puede ser visto también a la inversa, es decir que dado un monto de dinero cada vez se pueda comprar menos con él, es decir la pérdida de valor del dinero.
El dinero es un bien más de la economía. Cuando hay mucha existencia de cualquier bien, este vale menos, en tanto que cuando hay poco de un bien, vale más. Esto hace el punto de encuentro entre lo que oferta y la demanda. Por lo tanto, la cantidad de dinero existente debe alcanzar para poder pagar todas las compras de bienes o servicios que hagamos.
Si la oferta de bienes y servicios crece todo el tiempo, es necesario que la cantidad de dinero crezca en una proporción similar para poder pagar esos nuevos bienes o servicios. Ahora bien, si la cantidad de dinero crece mucho más que la cantidad de bienes y servicios existentes, entonces sobra dinero. Ese dinero circulante al no poder comprar más bienes o servicios por estar agotados, se destina a los precios que suben hasta que la cantidad de dinero excedente finalmente queda absorbida.
Esto hace que ante aumentos de precios para aprovechar una situación de mercado que agranda la rentabilidad de las empresas, los sindicatos de los trabajadores pidan mayores incrementos salariales.
Se otorgan incrementos en el sector que, luego, para compensar parte de las perdidas van al precio y así se trata de ganar la rentabilidad cedida, convirtiéndose esto en un juego ascendente a menos que el Estado le ponga un límite.
Se trata de inflación sistemática, presiona los precios al alza y tiene como consecuencia que fuerza al gobierno a emitir los pesos necesarios para poder cumplir con los acuerdos alcanzados como primera opción, y si no es necesario recurrir a préstamos, generando la tan conocida “deuda pública”. Si así no lo hiciera, la economía entraría en recesión.
En el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el ministro de economía Kicillof para hacer frente a los cumplimientos y obligaciones, la única opción con la que contaba era la primera, por no tener acceso al crédito internacional, emitía muchos pesos muy por encima de la cantidad de transacciones que tiene la economía, alimentado un creciente déficit fiscal y también operando en una lógica de modificación constante de precios. Por ejemplo, los incrementos salariales de cada año tienen como piso el año anterior, lo cual hace que los valores nominales sean cada vez más elevados (aunque en muchos casos el poder de compra sea menor).
Por lo tanto la inflación ya pasa a ser un efecto de la física. Para que no se escale más, el gobierno de la ex presidenta Fernández, “congelaba precios” por un tiempo en un intento de atemperarla, aunque no de resolverla:
Primero fijaba el precio del dólar y en segunda instancia las tarifas de los servicios públicos como luz, gas, agua y algunas veces las naftas. Esto de fijar un precio mientras los demás aumentan en términos técnicos se lo conoce como ancla tarifaria y cambiaria. El ancla frena, no acelera, actuado solo de modo paliativo.
Por supuesto que mientras más se atrasan esos precios, cuando finalmente recuperan su atraso empujarán al resto de los precios al alza. Pero no son los causantes de la suba, son los responsables del freno. Cuando no alcanzan a frenar más todo se acelera, pero ellos no son responsables de la suba.
Lo que estamos viviendo en nuestros días, y con el desancle progresivo del dólar y de las tarifas, es como que hemos tenido un auto acelerándolo pero con el freno de mano puesto. En cuanto sacas el freno, el auto acelera. Sin embargo, no es culpa del freno que acelere. El freno lo soportaba quieto en tanto podía, cuando se soltó, el auto se movió, pero la culpa es del acelerador no del freno decía el gran economista fallecido, Tomás Bulat cuando se refería a éstos temas.
El problema de creer que el responsable de que se acelere el auto es el freno, es que de nuevo lo volverá a frenar pisando el acelerador. Entonces la pregunta siguiente es ¿cuánto tiempo más aguanta el freno de mano? Hasta que se rompa y entonces el auto salga disparado sin control.
Es por eso que muchas veces fijar algunos precios básicos de la economía tienden a frenar la inflación retrasándolos durante todo el tiempo posible, hasta que finalmente el atraso es tan grande y forzoso que no hay ancla capaz de sostenerlo. Y aquí es donde mis amigos ven que la inflación sube y le echan la culpa al dólar.

 

¿Cómo fue la relación desde el 2003 hasta Mayo de 2018?

La mejor forma de visualizar, es comparando la variación del dólar y la inflación desde el año 2003 hasta nuestros días, lo cual muestra que el dólar históricamente quedó muy atrás, por lo que se demuestra que es muy injusto echarle la culpa de la inflación.

 

*2018: Periodo Enero - Mayo



*2018: Periodo Enero – Mayo

 

 

 

Como se ve, casi ningún año llegaron a estar parejos el porcentaje de devaluación del dólar con la de la inflación, y si en algún año se acerca un poquito, automáticamente se dispara en el año siguiente, uno u otro.
Entonces ¿cómo podría ser la suba del dólar el culpable de la inflación?

 

¿Qué efectos estamos “padeciendo” en nuestros días, y al gobierno de Mauricio Macri le cuesta tanto explicar?

 

De hecho, en estos días se comenta que la inflación a aumentado un poco más de los esperado por efecto de que se están actualizando progresivamente el costo de las tarifas, además que creció la economía por segundo año consecutivo y con un crecimiento acumulado del 5% en los 3 primeros meses del año 2018.
La inflación en los primeros 4 meses del año, lleva un acumulado del 9,7% según el INDEC, y es lo más normal del mundo las variables estamos, como claro efecto “del auto con freno de mano”, que se aceleró de un momento al otro con el afloje del dólar en una pequeña porción, pero en gran margen por la liberación de las tarifas. Con las consecuencias de reducir el déficit fiscal e intentar alcanzar un mercado más transparente, y con variables más estables. Luego de esto, en poco tiempo vendrán los aumentos salariales, y el resto, para actualizar las nuevas, pero viejas variables. Todo esto es de manual.
Por lo tanto, la inflación sube más en estos meses porque se decidió desanclar cada vez más precios, y se quiere sacar definitivamente el pie del acelerador, aunque lo siguen “tratando de contener” al dólar desde el Banco Central con las ventas permanentes de reservas, que en algún momento seguirá su rumbo normal, aunque es significativa la devaluación acumulada éste año, que ya alcanza casi el 29,3% en sólo 4 meses y medio. Cuando el freno se rompa, finalmente el dólar subirá para compensar el atraso que tuvo y será, nuevamente para mis amigos, el responsable de la inflación.
La historia siempre es la misma, pero depende que abramos los ojos y nos sinceremos con nosotros mismos, ya que siempre buscamos a quien echarle la culpa cuando otra vez terminemos mal.
El problema de la economía argentina es la inflación y no el dólar. Cuando entendamos eso, cuando tengamos una economía más estable, más previsible, cuando con 1000 pesos podamos comprar más o menos lo mismo de un año a otro, es que no le daremos tanta importancia al dólar.
Concretamente, el alza del billete verde esta envalentonado por la devaluación que comenzó a fines de diciembre, tiene grandes chances de ganarle al índice de precios en 2018, que muchos pronostican que la inflación se irá moderando en el segundo semestre.
Este tema no sólo se está debatiendo en las consultoras privadas, que revisan sus pronósticos día a día, sino en el seno del Gobierno.
En este sentido, el equipo económico liderado por el Ministro de hacienda, Nicolás Dujovne cree que las probabilidades de que esto suceda son bastante altas.
Pero también es verdad que la persistente suba generó una alta tensión, algo que es admitido desde el propio Banco Central, con Stuzenegger a la cabeza.
Mientras tanto, no deberíamos olvidar que el dólar es la fiebre, en tanto que la inflación, la enfermedad.

 

 

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