jueves 17 de octubre de 2019 - Edición Nº1302
Impulsobaires » La Plata » 8 oct 2019

Punto de vista

Pobreza de hábitat: Cultura de Salud y Seguridad Alimentaria

Hace 34 años, a partir de la iniciativa de Naciones Unidas, se conmemora el Día Mundial del Hábitat con el objeto de crear conciencia e invitar, según se expone en el portal de la ONU, a “reflexionar sobre el estado de nuestros pueblos y ciudades y sobre el derecho básico de todas las personas a una vivienda adecuada”.


Por: Rodrigo Martín – Director Ejecutivo del Observatorio Socioeconómico / UCALP

En este sentido el análisis del Hábitat (y propuestas para mejorarlo) ha sido una de las variables estructurales que hemos abordado desde el Observatorio Socioeconómico de la UCALP.

Pero ¿de que estamos hablando cuando hablamos de Hábitat? En primer lugar se trata de un concepto que se asocia a diferentes ciencias por sus implicancias pero, tal vez, la visión más acabada es desde el punto de vista social ya que se vincula directamente “al lugar donde se desenvuelve una persona”, lo que termina significando ni más ni menos que la fuente generadora de condicionalidades para el desarrollo del máximo potencial genético por ende el promotor o el limitante del progreso de la sociedad entera.

Por eso, como generador de condicionalidad para el desarrollo humano y en relación con el trabajo que desde el Observatorio venimos elaborando, es importante visibilizar la relación de lo que hemos comprendido bajo el término Hábitat y de las condiciones de vida en los barrios pobres.

Interesa este punto porque, el Hábitat es donde ocurren interacciones entre sistemas y elementos que hacen posible la vida humana tales como el económico, el físico-espacial, el cultural, el natural, el social, el político (y aquí es donde nuestros datos, números duros, pretenden acercarse a reflejar estas relaciones) pero también es la suma de los hábitats particulares (como lo son las viviendas) y cómo estas afectan las dinámicas de cada asentamiento, generando hábitats de mayor cobertura como puede ser el del Gran La Plata, que viene siendo desde hace dos años nuestro punto de análisis.

He aquí sumamente relevante traer al presente las reflexiones del Doctor Monckeberg acerca de los problemas que puede generar no abordar detenidamente este tema. Él, desde Chile, llamó al “daño de hábitat” como un “daño sociogénico-biológico”, que está explicado por una serie de variables adversas tanto sociales (pobreza sociocultural) como biológicas (deficiencias nutritivas y estimulativas), que acompañando a la pobreza, perjudica y limita permanentemente la expresión del potencial genético de la persona y con él, del conjunto social.

De todos esos factores, la desnutrición temprana aparece como el factor más limitante, que lesiona y condiciona el desarrollo de la persona a lo largo de toda su vida junto a su inserción social.

Una fuerte variable explicativa de la desnutrición de las personas es el inadecuado saneamiento ambiental. La falta de agua potable y caliente, y el tratamiento de excretas que atentan continuamente con el sistema inmunológico de la persona, el cual generalmente tienen deprimido por la deficiencia alimentaria, volviéndose totalmente peligroso. Parece una fuerza centrípeta que no permite salir o progresar. Un círculo vicioso, una situación de “pobreza resignada” donde quedan cercenadas sus posibilidades de salir de dicha situación y se le saca lo más valioso que tiene una persona que es la esperanza.

Quizás la forma más amplia de abordar la temática sea parte del planteo necesario para resolver el círculo vicioso. Por eso tomamos el concepto de Seguridad Humana de Amartya Sen como “aquellos riesgos o inseguridades que amenazan la supervivencia humana o el bienestar o simplemente ponen en peligro la dignidad de hombres y mujeres”, que nos llama a plantear políticas públicas orientadas a dar seguridad humana por sobre todas las otras, donde el enfoque económico y político tiende a centrarse en la pobreza, la desigualdad y las privaciones.

Por eso, entendemos, que la luz que ilumina el faro del Observatorio debe ser cada vez más fuerte y transversal. La pobreza no es solo material, la “pobreza de hábitat” es mucho más preocupante y difícil de abordar. En este escenario el relevamiento de información de las personas en los barrios marginados del Gran La Plata se vuelve crucial para la formulación de efectivas y eficientes políticas públicas que tengan esta visión multicausal, de cambio cultural.

Mejorar el Hábitat debe ser sin duda el primer objetivo de desarrollo local, provincial y nacional para que, en palabras del Papa Francisco, “surjan nuevos modelos de progreso que permita cambiar el modelo de desarrollo global, lo cual implica reflexionar responsablemente sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. No basta conciliar, en un término medio, el cuidado de la naturaleza con la renta financiera, o la preservación del ambiente con el progreso. En este tema los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso” (Laudato SI).

Y esto requiere de un fuerte compromiso y esfuerzo de integración y consenso político, donde ninguna mezquindad individual prevalezca sobre el bien común y poder mantener en el tiempo, como política de Estado, todos los esfuerzos necesarios hasta el cumplimiento de los objetivos y completa realización.

 

La nota original corresponde al portal UCALP.edu.ar 
 

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS