jueves 12 de diciembre de 2019 - Edición Nº1358
Impulsobaires » Politica » 29 nov 2019

Punto de vista: El triunfo de Lacalle Pou y una mirada histórica sobre la política rioplatense

El historiador, periodista y abogado Diego Barovero, presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano, escribe con precisión única acerca del nuevo presidente uruguayo, el referente del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, y su pertenencia a una familia de tradiciones políticas profundas en el Río de La Plata. Don Luis Alberto de Herrera, los federales, Hipólito Yrigoyen, el peronismo, las relaciones entre ´blancos y colorados´ de antes, y el reflejo de la alianza actual que selló la vuelta al poder de la política más tradicional de la ROU, desplazando después de varios años al izquierdismo populista, Frente Amplio.


Por: Diego Barovero * / Para ImpulsoBaires.com.ar

La noticia confirmatoria del triunfo electoral -en ajustada contienda- del candidato presidencial del Partido Nacional (Blanco) en la ROU, Luis Lacalle Pou que lo convierte en el próximo presidente de dicho país hermano, nos trae a la memoria colectiva rioplatense su vínculo parental con una familia política de gran estirpe. 

Muchos recordarán a su padre el también expresidente Luis Alberto Lacalle de Herrera. Pero no, queremos referirnos a esta última rama familiar que nutre el tronco filial del novel Presidente oriental: la de don Luis Alberto de Herrera, su bisabuelo, notable político y gobernante uruguayo, ligado profundamente a Argentina por lazos familiares y sobre todo por su indeclinable labor como político y dirigente de la Divisa Blanca, una de las fundacionales de aquella Banda, íntimamente vinculada a las luchas civiles y constitucionales de esta otra orilla occidental del Río de La Plata.

Los blancos fueron históricamente aliados de los federales argentinos y no pocas veces se vieron ambos invoclucrados en contiendas bélicas internas de una y otra margen.

Herrera luchó al lado del Caudillo oriental rural -Aparicio Saravia, figura romántica y controvertida, exponente de otra época, que don José Batlle y Ordóñez vino a civilizar en aquel país y a dotarlo de instituciones fuertes y permanentes, descartando Caudillismos y faccionalismos.

Herrera heredó de alguna manera el liderazgo de la facción popular blanca y eso lo acercó desde muy joven a los radicales argentinos, sintiendo particular simpatía por el fogoso tribuno porteño Leandro N. Alem a quien tributó y organizó homenajes y reconocimientos en nombre de la juventud uruguaya por su consagración a La Causa democrática.

Más tarde Herrera se hizo amigo leal de don Hipólito Yrigoyen, en quien reconocía un liderazgo continental y emancipador. En una de las escasísimas veces que Yrigoyen abandonó el país por motivos revolucionarios o de salud, viajó a Montevideo alojándose en la casona de Herrera ubicada en una avenida que hoy lleva su nombre.

Su amistad y la de su histórico aliado y ladero Eduardo Victor Haedo, se mantuvo a través del tiempo y las cambiantes circunstancias latinoamericanas.

Con el golpe de Estado del Presidente Terra en Uruguay, las lealtades cambiaron en ambas orillas. Los radicales, más republicanos se unieron a los colorados batllistas iniciando una larga confraternidad política que los llevó a enfrentar juntos al peronismo autoritario al que veían como adversario recíproco. Herrera y los herreristas veían con buenos ojos a Peron y sus políticas , así como se habían alineado con el franquismo en la Guerra Civil Española, lo que le causó no pocos problemas políticos en su propio país a don Luis Alberto. Político pragmático, si bien enemigo del colegiado (Poder ejecutivo colectivo y con representación de minorías , toda una novedad introducida en América por Batlle y Ordóñez para atenuar el presidencialismo y el caudillismo), cansado de perder elecciones presidenciales durante décadas, Herrera vio en el regreso de la tendencia colegialista uruguaya la posibilidad de compartir siquiera parcialmente el gobierno con sus tradicionales adversarios colorados y entre los años ‘50 y ‘60 apoyó el regreso del colegiado en las primeras elecciones en que los blancos triunfaron en el Siglo XX.

Pero, ya anciano, falleció y apenas pudo verlo en funciones. Años más tarde y luego de dictaduras y gobiernos autoritarios semiilegales. Su nieto Luis Alberto Lacalle reivindicaría su nombre y su estirpe a fines del Siglo XX y su bisnieto Luis Lacalle Pou haría lo propio en pleno Siglo XXI construyendo una coalición Blanco-Colorado que hubiera sorprendido al propio don Luis, para desplazar del poder tras 3 lustros de hegemonía al Frente Amplio, coalición populista de izquierdas que cambió el panorama político charrúa desde su debut electoral en 1971.

Al recordar a Herrera, lo hacemos como a un “oriental de todo el Plata”, al decir del historiador, político y diplomático argentino Miguel Unamuno.

 

* Diego Barovero, presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano

 

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