jueves 22 de octubre de 2020 - Edición Nº1673
Impulsobaires » Politica » 11 ene 2020

Punto de vista

Yrigoyen, soberanía y americanismo

El 24 de mayo de 1919 murió en Montevideo el insigne poeta americano Amado Nervo. Cumplía allí y en Buenos Aires funciones diplomáticas, como embajador de México ante los gobiernos del Uruguay y de la Argentina. Amado Nervo era la voz poética más conocida y celebrada de la América Hispánica. Representaba a una generación de escritores que se había reconocido como americana en Europa, y había adoptado el programa de compartir con los pueblos la convicción de tener un común destino americano.


Por: Diego Barovero * / Para ImpulsoBaires.com.ar

El presidente uruguayo Baltasar Brum dispuso que el cuerpo de Nervo fuese trasladado de Montevideo a Veracruz en el crucero Uruguay,  el presidente argentino Hipólito Yrigoyen decidió que el crucero 9 de Julio lo acompañara

En 1916, Hipólito Yrigoyen había accedido al gobierno argentino a través del libre ejercicio de la soberanía popular en virtud de la ley Saenz Peña de voto universal secreto y obligatorio; en su ideario, democracia, libertad y soberanía estanam  indisolublemente ligados. Desde esa perspectiva, ciertos sucesos que se producían en el continente no podían despertar simpatías. Concretamente, nos estamos refiriendo a la ocupación de la República Dominicana por fuerzas militares de EE.UU.

Pese a que la intervención militar se había realizado en cumplimiento de una muy discutida "Convención Dominico-Americana de 1907", el presidente Yrigoyen cuestionaba moralmente cómo el gobierno del llamado "apóstol de la democracia" Woodrow Wilson podía haber descendido a invadir Estados autónomos, privando a los pueblos de su natural soberanía.

La ética yrigoyenista era clara y sencilla en su proyección internacional: "Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos", "No estamos con nadie contra nadie sino con todos por el bien de todos". Fueron esas convicciones  las que guiaron su política exterior. Convicciones que indicaban que debían afrontarse las consecuencias del sostenimiento de los principios de igualdad de las naciones con independencia de su fuerza material. La soberanía de las naciones, aun de las más débiles, era de carácter inmutable. La libertad de América es la libertad de cada una de sus partes

La historia que mencionamos cumple un siglo y se entronca con la esencia de la política exterior Yrigoyeniana , se refiere con la actitud adoptada en Santo Domingo por el comandante del crucero argentino 9 de Julio, capitán de fragata Francisco Antonio de la Fuente, por instrucciones de las autoridades nacionales argentinas. El Ministerio de Marina había dispuesto que, en su viaje de regreso, el 9 de julio tocara el puerto de Santo Domingo en la República Dominicana; como hemos dicho, ese país se encontraba en manos de las fuerzas de ocupación de EE.UU.

El día 6 de enero de 1920, el capitán de la Fuente consultó acerca de cuál bandera debía saludar desde el crucero: la de las fuerzas de ocupación o la domininicana. La respuesta provino directamente del presidente Yrigoyen, y era terminante: "Id y saludad al pabellón dominicano en reconocimiento a su independencia y soberanía". El 13 de enero, el 9 de Julio fondeó frente a Santo Domingo y saludó izando a tope ese pabellón.

Las memorias dicen que los pobladores cosieron de apuro con grandes trozos de tela la bandera dominicana, y que la izaron en el torreón de la fortaleza; el 9 de Julio respondió con una salva de veintiún cañonazos. El pueblo se lanzó a las calles, olvidando las prohibiciones impuestas por las tropas de ocupación. ¿Cómo actuaron éstas? Los delegados pidieron instrucciones a Washington y ese mismo día recibieron una sensata y conciliadora respuesta: responder los saludos con las salvas de práctica.

Ante la difusión internacional que tuvo el suceso, Washington resolvió de inmediato cablegrafiar a Santo Domingo para que fueran levantadas por medio de la Orden Ejecutiva  Nº 385 las disposiciones que conculcaban la libertad de expresión oral y escrita de los dominicanos. Aprovechando el nuevo clima de relativa distensión contituyeron Juntas Patrióticas que exigieron con firmeza el fin de la ocupación.

En 1921, el Congreso de las Juntas Patrióticas reunido en San Pedro del Macoris, envió un mensaje de agradecimiento especial a Yrigoyen, y al recuperar la completa independencia en 1925, la ciudad de Santo Domingo honró al presidente argentino imponiéndole su nombre a una calle céntrica.

Los acontecimientos antes relatados fueron mucho más que un noble y atrevido gesto diplomático. El saludo al pabellón dominicano fue un hecho político, consciente y premeditado. La vena de la solidaridad americana había latido; la Patria era América y dolía allí donde fuera herida o mancillada.

 

*/ Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneando, abogado, profesor de historia, periodista.

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