jueves 06 de agosto de 2020 - Edición Nº1596
Impulsobaires » Politica » 4 mar 2020

Editorial de Moschettoni

Costo de vida: "El valor de la palabra, la confianza y la virginidad"

Editorial de Fabricio Moschettoni para este martes, en Costo de vida, por Radio 96.7 de La Plata.


Por: Redacción


Ayer, en mi editorial sobre el populismo y la forma con la que potenció significativamente los problemas de los argentinos, puntualicé sobre el gasto público, sobre cómo opera, cómo se utiliza y como nos afecta.

Hoy voy contra otro mal, un gran mal argentino como es el quiebre de la confianza. Esa confianza que siempre la da la palabra, una palabra que antiguamente valía más que una firma. “Te doy mi palabra”, decían nuestros viejos queridos y miraban de frente a la persona con la que hacían un trato. La palabra, dar la mano, mirar de frente, condiciones que con el tiempo en nuestra Argentina se perdieron. La palabra valía más que un contrato, valía más que una escritura.

Los más nuevos, sobre todo en política, bastardearon la palabra, o la bastardeamos, digo, porque por acción u omisión, o por la forma de votar que tenemos, seguramente la enorme mayoría hemos sido y somos responsables.

Acaso creo que no entendimos la responsabilidad del voto. Votar es mucho más que ir un domingo al centro electoral, hacer la cola y votar a quien nos cae más simpático o, como suele pasar, en contra de alguien. Votar, es la responsabilidad de todos los días de actuar como ciudadanos. Votar es mucho más, es lo máximo que hacemos en nuestra vida como ciudadanos en el compromiso con la democracia. Enfatizo en que se vota a cada rato, participando como decía el ex presidente Raúl Alfonsín, se lo hace en la escuela, en el trabajo, en todos lados. Votar es eso: es nuestra responsabilidad como ciudadanos.

Pero volviendo a la palabra, el domingo escuchábamos esto del señor presidente Alberto Fernández al inaugurar las sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación.

“En la Argentina de hoy la palabra se ha devaluado peligrosamente. Parte de nuestra política se ha valido de la ella para ocultar la verdad o tergiversarla. Muchos creyeron que el discurso es una herramienta idónea para instalar en el imaginario público una realidad que no existe. Nunca midieron el daño que con la mentira le causaban al sistema democrático”.

Sin embargo, entre 2012 y 2015 decía esto que escuchamos a continuación (se hace un conocido repaso de las frases de Alberto Fernández criticando a los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner).

Vean si la palabra no se degradó, si la palabra no terminó siendo rifada por todos lados.

Aunque para no quedarme en una chicana electoral, la falta de  palabra en la era Alberto se ve en otras cuestiones graves como la promesa de un 20 por ciento de aumento para todos los jubilados que ahora terminó en una verdadera estafa porque afectará directamente a los que más aportaron a lo largo de su vida. Significa también destrozar el compromiso de alejarse de aquella administración peronista de Cristina Kirchner luego de la fatídica resolución 125 que golpeaba a la economía rural. Ahora, Alberto también va en contra del campo, como lo hizo Cristina, metiendo mano en  los derechos de exportación, o sea que va por la producción, va por la soja. O también, faltar a la palabra significa la última actuación escandalosa en la Cámara de Diputados, con quórum dudoso afectando nada más y nada menos que el normal desarrollo de otro poder del Estado, como es la justicia.

Y faltar la palabra en el plano judicial también significa el avance del proyecto del senador Snopek quien pretende que se intervenga el Poder Judicial de Jujuy.

Fíjense si esto no es faltar a la palabra. En 80 días hubo reiteradas patinadas, una tras otra.

Los políticos y la palabra. La palabra que se esfuma, la palabra que es un sello de campaña, la palabra que se pierde ni bien se ingresa a la Casa Rosada.

Ayer faltar a la palabra era de otros, hoy faltar a la palabra es de Alberto.

Por eso se entiende a la perfección como en cualquier encuesta de opinión el presidente reúne menos del 50 por ciento de imagen positiva. En 80 días más de la mitad de los argentinos no le tiene confianza.

La confianza, en definitiva, es como la virginidad, cuando se pierde no se reconstruye nunca más.

Buen martes.

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