miércoles 22 de septiembre de 2021 - Edición Nº2008
Impulsobaires » Economía » 2 may 2020

Análisis de Jorge Joury

La economía que viene y el impuesto a la riqueza, que levanta olas en el Gobierno

Tal vez a partir de hora los argentinos tengamos que empezar a hablar de la economía que viene. Más aún, cuando se dice por estas horas que el Presidente está analizando una cuarentena optativa. La evolución del desempleo, la inflación, el dólar, el consumo y la inversión, entre otros desafíos, son temas que hay que empezar a observar cuando llegue la hora de salir del letargo. Pero lo cierto es que por estas horas, detrás de la la urticante liberación de presos que ocupa el centro de la polémica, hay que decir que en el Gobierno existe una interna subterránea por el impuesto a la riqueza. Es un rubro que hasta ahora no ocupa la tapa de los diarios, porque no rinde en materia de audiencia, pero que va a su turno, va a provocar ruido.


Por: Jorge Joury *

En su idioma de barrio, Carlos Melconián lo describió de manera contundente: “Frente al quilombo que veo, son dos mangos con veinte aunque paguen todos”

El economista aseguró que la medida que se está discutiendo se trata solo de un tema “berreta” y "para la tribuna”.

Mientras tanto, versiones de todo tenor pululan por los despachos oficiales. Dan cuenta que en el equipo económico el proyecto del kirchnerismo que busca gravar las grandes fortunas, levanta olas y empaña la mirada hacia el futuro. De la vereda de los escuderos de Martín Guzmán, sostienen que no hay que sumar más frentes de conflicto. Tienen la casi certeza que la iniciativa no aportará gran recaudación y que no es momento de generar otro tributo, que inclusive le despierta temor a la clase media alta. Sostienen que mejor hay que focalizarse en cobrar los que ya existen. Además, sería extremadamente riesgoso exponerse a un pase de factura a futuro de los grupos más poderosos, para el caso que decieran miles de despidos, argumentando que el parate los dejó patas para arriba. Los más moderados sostienen que cuando se salga del túnel, habrá que apelar a la colaboración de los grandes grupos económicos para iniciar la puesta en marcha del aparato productivo. 

Los hombres de Guzmán y hasta de Matían Kulfas, oscilan entre el escepticismo y el desinterés respecto de este impuesto a las grandes fortunas que impulsa el kirchnerismo en el Congreso. Olfatean que se trata de una movida más política para ocupar centralidad, que a defender a los intereses del país. En el Ministerio de Desarrollo Productivo dan a entender que por el momento, la iniciativa está lejos de ser una prioridad.

Y si nos trasladamos al territorio legislativo, tampoco el criterio es unánime en favor de esta gravamen dentro del oficialismo. Allí se escudan en que no han recibido una orden para empujar el tema por parte del Poder Ejecutivo, más allá de las palabras de Alberto Fernández en las que dijo que apoyaba la idea, pero que era una cuestión del Congreso, en lo que muchos creen leer entre líneas un gesto para no enfrentarse a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

No obstante,  su hijo Máximo, jefe de la bancada oficialista en Diputados, impulsó el proyecto y Carlos Heller ya lo aceitó para el debate parlamentario

Desde el Palacio de Hacienda, la postura es  no repetir la fallida experiencia del impuesto a la renta financiera, que generó una extenuante discusión a cambio de una muy escasa recaudación. Más aún, durante el gobierno de Mauricio Macri fue uno de los ejes que cambió claramente el ánimo de los inversores locales en el inicio de la crisis económica. De hecho, este gobierno fue marcha atrás con el alcance de dicho tributo.

Los escuderos de Guzman, sostienen que la iniciativa que impulsó primero el jefe del bloque Máximo Kirchner y que materializó el presidente de la comisión de presupuesto y hacienda, Carlos Heller, tiene una alta carga simbólica, emotiva y politizada, pero un escaso efecto práctico a la hora de hacer números que beneficien al Estado.

Hay que tener en cuenta una luz roja que ya avisó en el gobierno de Mauricio Macri, cuando se sancionó el impuesto a la renta financiera, que terminó generando poca recaudación y mucha polémica.

Guzmán cree que es más lógico poner el foco sobre una mayor fiscalización por parte de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) sobre esos grandes contribuyentes o, eventualmente, en otro paquete de estímulo para aplicar un incentivo antes que una mayor carga fiscal. ¿Otro blanqueo? La palabra no se mencionó, por ahora, aunque hay que subrayar que algunos integrantes del oficialismo en el Congreso lo impulsaban hasta que se toparon con el proyecto de Máximo Kirchner.

Los más sabios operadores del área económica reconocen, además, que quienes supuestamente serían alcanzados por esta iniciativa a partir del ejercicio fiscal 2020, si el proyecto se sancionara este año, harán lo posible para alejarse de la base imponible.

En tanto, días atrás, el ministro Matías Kulfas reconoció en varias entrevistas que es bueno debatir el proyecto, pero aclaró que no gravaría a las empresas, sino a las personas humanas.

De todos modos, la prioridad de la cartera de Desarrollo Productivo está en asegurarse que las empresas reciban los fondos necesarios para pagar los salarios y puedan subsistir evitando el fantasma de la quiebra. Todo el resto, aclararon, está en un segundo plano.

Mientras tanto, Carlos Heller aseguró que el proyecto está listo pero que, por supuesto, avanzará o no según la decisión política del Gobierno. Hasta ahora, no recibió ninguna indicación de frenarlo, pero tampoco de activarlo. Hay que señalar, que la iniciativa arranca con una alícuota del 2% para las fortunas mayores a $200 millones y termina en el 3,5% en aquellas superiores a los tres mil millones de pesos. Según los cálculos sobre los que se basó el proyecto, alcanzaría a unas 12 mil personas y generaría una recaudación de USD 3.600 millones. Aunque el saldo recién se pagaría en 2021, la idea si es que llega a buen puerto, es que haya un régimen de anticipos para que parte de ese dinero entre al fisco este año.  

Albertistas, kirchneristas y massistas. Tal vez, definirlos como Montescos y Capuletos por estas horas definirán sus estrategias. 

Y en medio de este cuadro de situación, donde abundan las esquirlas de los intereses políticos, el que apareció fue Domingo Cavallo, para alertar sobre una “inevitable” devaluación que se dará en los próximos meses y que puede llevar a un escenario de hiperinflación. “En lo inmediato, la inflación no va a ser muy diferente a como fue en los meses anteriores a la aparición de la pandemia y la cuarentena. El problema se va a suscitar cuando comience la normalización de la economía y obviamente va a haber un gran exceso de liquidez en pesos que la gente va a tratar de transformar en bienes o en dólares. Es inevitable que el dólar libre va a estar muy alejado del oficial. Por lo tanto, va a tener que haber una devaluación que va a ser fuerte en el mercado comercial”, advirtió el creador del corralito.

Para concluir, otro de los desafios del Gobierno, es tratar de evitar a toda costa un default, ya que la situación económica es extremadamente delicada y caer en una cesación de pagos, solo empeoraría mucho más las cosas, inclusive generando resultados que nos llevaría años poder revertir sus efectos negativos. Pero esto es motivo de otro análisis.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.   

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