martes 27 de octubre de 2020 - Edición Nº1678
Impulsobaires » Politica » 30 jun 2020

La columna de Jorge Joury

La factura del cuarentenazo

Con el mensaje de la prórroga de la cuarentena hasta el 17 de julio, con restricciones en algunos distritos, principalmente el AMBA, quedamos todos al borde del nocaut. A esta altura y cargando cien días de confinamiento, el fastidio es una gran montaña que se puede desplomar en cualquier momento. Hicimos los esfuerzos del aislamiento a rajatabla. Pero el "arresto" domiciliario se extiende cada vez más y no se ve la luz al final del túnel. Ahora al menos esperamos una señal: Que el Presidente le informe al país sobre cómo será el plan económico para levantar las ruinas de lo que quedó de la actividad productiva. Una suerte de Plan Marshall que permita volver a soñar a los miles de argentinos que se jugaron sus ahorros por un país mejor y perdieron todo.


Por: Jorge Joury *

Lo vengo sosteniendo en todos mis comentarios: El desafío pasa por diseñar un programa que movilice los recursos internos siendo capaz de readaptar y reconvertir una cantidad importante de puestos de trabajo y sectores productivos.
Alberto Fernández aún está a tiempo, antes de que le pasen factura política. La vida, aunque es el capital más preciado, no puede continuar con un enorme signo de interrogación. La repetida foto del consenso pandémico que ofrecen cada dos o tres semanas Fernández, Rodríguez Larreta y Kicillof, también se va tornando color sepia. Empiezan a verse algunas arrugas. O fisuras. Es una lástima, porque podría ser otra oportunidad perdida para fortalecer la convivencia política que se necesitará para cuando termine esta guerra.

Los pronósticos son de lo peor. Ya se da por hecho que más de la mitad de los argentinos se encontrarán a fin de año por debajo de la línea de la pobreza y que la caída del PBI será de más de 11 puntos.Y para colmo de males, la  Argentina viene de dos años de recesión, de nueve de estancamiento y de una estrepitosa devaluación de su moneda. Además, el virtual default que atravesamos, porque esa es la realidad que no se dice, nos impide acceder a cualquier financiamiento que no sea imprimir papeles cuyo valor se desploma apenas salen de la agotada máquina que trabaja las 24 horas sin parar.

Y en medio de este escenario, uno de los estudios que le llega periódicamente al equipo presidencial mostró que la crisis comienza a mellar la imagen positiva de la que goza el jefe de Estado. El Gobierno dio ventaja con dos movidas que fueron tan fuertes como inacabadas: la creación de un impuesto a las grandes fortunas y la expropiación de la cerealera Vicentin. Ninguna de las dos llegó a buen puerto. Ni siquiera a tener un texto definido de proyecto de ley a pesar de que el propio presidente Alberto Fernández alentó, en el primer caso, y anunció y lo ratificó, en el segundo. Es más, la palabra expropiación hizo erizar la piel y recordar lo peor del chavísmo. 

Además, los números de abril, con caídas de la actividad que rozan la ciencia ficción, van a dejar una profunda huella de empresas cerradas y miles de puestos de trabajos perdidos que perdurará más allá de la pandemia.

No se trata solo de apagar el fuego solo con subsidios. Sirve por el momento, pero no cauteriza las heridas. Hay que buscar otras herramientas. El Presidente debe empezar a leer con detenimiento los nuevos escenarios que hacen prever la necesidad de reconvertir amplios sectores productivos. Y si es necesario, pedir ayuda.Es la hora de crear un Consejo Económico Social con todas las fuerzas como se hizo en el 2002. Hay que abordar cuanto antes la dificultad de buscar nuevas ocupaciones a un amplio espectro de trabajadores. Semejantes desafíos hacen que todas las proyecciones, herramientas e instrumentos con los que se pretendía finalizar un período de recesión de casi dos años tengan que ser reformulados enteramente. El plan económico original de Alberto Fernández, donde una resolución rápida de la deuda en el marco de una política de acuerdo social, creaba un entorno estable que atraería inversiones permitiendo un crecimiento sostenido por el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales, ya no existe en el escenario.

Hoy todo indica que la negociación de la deuda probablemente se extienda en el tiempo. La conflictividad social crecerá al calor de la destrucción económica generada por la pandemia. La inversión privada externa será reducida y la interna deberá ser inducida por políticas activas. Credo que el desafío ahora pasa por diseñar un programa que movilice los recursos internos siendo capaz de readaptar y reconvertir una cantidad importante de puestos de trabajo y en algunos casos, sectores productivos por completo, en un contexto de finanzas públicas detonadas y fuertes presiones cambiarias. 

Hay que hacerlo antes de que sea tarde, si no quiere ingresar en un proceso de descomposición política.
  
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.      

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