jueves 08 de diciembre de 2022 - Edición Nº2450
Impulsobaires » Politica » 9 jul 2020

La columna de Jorge Joury

El peligroso hábito de la desesperanza en tiempos de un extenso aislamiento

En la Casa Rosada comenzaron a mirar las últimas encuestas con preocupación. Por primera vez desde el inicio de la cuarentena, la gestión de Alberto Fernández ha sufrido una considerable caída y ha vuelto a los niveles de aprobación previos a la llegada de la pandemia de coronavirus a la Argentina. Este dato surge del último relevamiento de opinión pública llevado a cabo por las consultoras D'Alessio Irol y Berensztein, y da cuenta además del peso cada vez más significativo que registra en la sociedad el empeoramiento de la situación económica por efecto de la pandemia.


Por: Jorge Joury *

De acuerdo con la medición terminada a fines de junio entre 1165 personas consultadas, la imagen buena o muy buena de la gestión de Alberto Fernández cayó de un pico del 60% en mayo al 49% el último mes. En cambio, su imagen mala o muy mala pasó del 35% al 49% en el mismo período. 

Como se observa, es peligroso para la Casa Rosada que la opinión pública se quede sin un pasaporte para un vuelo hacia el futuro. “El hábito de la desesperanza es peor que la desesperanza misma”, decía el escritor francés Albert Camus en su libro La Peste. Hay muchas familias que están analizando mudarse a pueblos del interior cuando termine esta pesadilla, buscando otra calidad de vida.Habrá muchas transformaciones en nuestras formas de vida y de subsistencia.

Es notable como la precaria unidad política que alumbró en los primeros tiempos de la cuarentena está empezando a naufragar. Las razones son diversas. Aunque podrían mencionarse dos que son centrales. Al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y al jefe de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta se les haría cada día más difícil sostener la misma estrategia sanitaria en la región. La curva de contagios se ha bifurcado y la presión social, después de la extensa cuarentena, pareciera insostenible.

Para el neurocientífico Facundo Manes, el confinamiento tendrá un impacto muy negativo en la salud mental y que la pandemia saca lo mejor y lo peor de los seres humanos. “Podemos pensar que el impacto en la salud mental dure más que la cuarentena e inclusive más que la pandemia”, indicó.  

La enorme destrucción del capital personal y el endeudamiento masivo en todos los niveles de la clase media se volverán insoportables para todos, incluido el Estado. Además, se debe volver a recaudar impuestos ya que la temporal “maquinita” de imprimir billetes tiene su fecha de vencimiento, antes de que el despegue de la inflación supere a la falta de demanda. En ese punto, el caos no estará en los hospitales, sino en las calles.

El momento requiere de una urgente señal presidencial. Si bien es cierto que la nueva oferta a los acreedores de la deuda es una señal positiva,  el Gobierno requiere de mayor fortaleza. Está como encerrado en su propia burbuja de cristal. Parece haber agotado temprano con más de 100 días de confinamiento la confianza para que la sociedad cumpla las normas en el momento más crítico. La comunicación oficial, además se consumió con pronósticos errados sobre la llegada del pico. Tampoco es bueno seguir metiéndole miedo a la población con escenarios apocalípticos como los del ministro de Salud bonaerense Daniel Gollán que alertó que si “se libera mucho el AMBA”, podría “estallar Córdoba y Rosario”. La mayoría de la gente ha cumplido hasta aquí todos los protocolos y le fastidia que le tiren con más bombas. Es hora de ir pensando una nueva ingeniería pospandemia que no asfixie tanto.

Las señales que aparecen son peligrosas en lo económico, cuanto más restrictiva y prolongada sea la cuarentena, más complicado será para el Estado encarar la etapa de la reconstrucción.  No hay economía que resista que 23 millones de personas pasen todos los meses a cobrar un subsidio, mientras 6 millones pagan impuestos.No hay que olvidar además, que el nivel de destrucción del aparato productivo ya lleva 45 años en caída. 

El 65% de los empresarios hoteleros y tres de cada cuatro gastronómicos prevé la quiebra si continúa el aislamiento, según la Federación Empresaria Holetera Gastronómica de la Argentina (Fehgra). La Unión Industrial Argentina (UIA) relevó que cuatro de cada diez fábricas están en peligro de cerrar en los próximos tres meses. No resultan extrañas las cifras de alarma en un país que entró en la pandemia tras nueve años en estanflación.

Hoy la desocupación, y las consecuencias sociales terminales que se derivan del parate son catastróficas. En el resto del país y hasta en Mar del Plata, la foto es diferente. Ya se ha iniciado la recuperación, pero la incipiente apertura de las actividades en AMBA han quedado abortadas por el aumento en la circulación del virus. 

La situación de la economía, con Argentina ubicada entre los países que más retroceden a nivel mundial (supera los 10 puntos de caída del PBI este año), y más tarda luego en recuperarse. De hecho, los países centrales estarían ya comenzando a salir del bache, y presentan pronósticos de crecimiento fuerte el 2021, mientras que lo de nuestro país, aparece más lento.

Otro dato que mete miedo, es que en dos meses cerraron 18.546 empresas y 284.821 personas quedaron sin trabajo. Son empleadores que dejaron de hacer aportes patronales en mayo, según datos de la AFIP.

También hay que anotar que en el plano judicial, se han disparado las alarmas. Hay 50 mil causas por violación de cuarentena.Detrás de la paralización de numerosas actividades no esenciales, se esconden la caída de ingresos, acumulación de deudas de todo tipo, como las tributarias, bancarias, comerciales, expensas, servicios públicos, etc, ruptura o rescisión de contratos (alquileres, construcciones), suspensiones de personal y cierres de comercios con inevitables despidos. Este escenario está gestando potenciales juicios laborales, civiles, concursos preventivos y quiebras que tarde o temprano habrá que afrontar. 

A este cuadro, hay que sumarle previsibles reclamos judiciales que deberá encarar el Estado ante el fuero de seguridad social por la suspensión hasta fin de año de la movilidad automática en los haberes de jubilados.

Es cierto que recesión global es inevitable, y hay que subrayar que cuando el mundo estornuda, la Argentina se resfría. Frente a este escenario, el Gobierno tiene que mostrar de manera inmediata capacidad de reacción. Los actores económicos de la realidad, especialmente miles de comercios y pymes, por estas horas se preguntan el para qué seguir perdiendo dinero si no hay una respuesta para lo que vendrá cuando salgamos del túnel.

Lo vengo sosteniendo en todos mis artículos. El gobierno debe anunciar cuanto antes un plan que brinde certidumbre o certeza. La cuarentena, al paralizar tanto la oferta como la demanda, es la postal de mercado más implacable que uno puede imaginarse.  El Presidente tiene que anunciar el plan de salvataje.O sea, criterios objetivos para estimar la salida gradual de la cuarentena y el programa a seguir para lograrla, tipo de operaciones e incentivos financieros y fiscales para los actores económicos, y el diseño de un paraguas de protección legal ante los juicios que van a arreciar luego de la cuarentena (ante deudas fiscales, previsionales, juicios de embargos, ejecuciones, etc).

Una pyme, empresa familiar, consultorio o el negocio de la vuelta, necesitan elementos para evaluar hasta cuando y cómo puede mantenerse hibernando, hasta que se le permita reabrir sus puertas, aunque sea entornadas.

En los dos primeros meses de cuarentena se cerraron 14.900 Pymes. La Cámara de Comercio calcula, con la información con la que cuenta hoy, que al menos 100 mil locales no volverán a abrir luego de la pandemia. Los profesionales, los monotributistas, las familias que pueden hacer algún gasto extra, todos ruedan en el mismo circuito de incertidumbre.

El Gobierno solo comunica acerca el presente y eso no basta. Las interpretaciones acerca del futuro entonces quedan por cuenta de los formadores de opinión, las calificadoras de riesgo, los empresarios, y cada uno de nosotros.

También hay que analizar la letra fina de las palabras del dirigente social Juan Grabois, alertando sobre postales oscuras de lo que está por venir. “Si no hay una intervención política, después de que se termine la pandemia, en la Argentina se va a producir un muy fuerte aumento de la criminalidad y un proceso de toma de tierras, porque a las mafias del narcotráfico se le sumará gente que está absolutamente desesperada y que puede ir a hacer cualquier cosa para llevar algo a la casa”, vaticinó. Si esto es lo que nos espera, el último que apague la luz.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.   
 

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