jueves 06 de agosto de 2020 - Edición Nº1596
Impulsobaires » Tecno » 26 jul 2020

Punto de vista

La Ciencia y tecnología pone la otra mejilla

Cómo Presidente de la Asociación Química Argentina (AQA) quiero contarles que el sistema científico, de forma individual y no institucional, siempre resistió e intentó interactuar con los centros de excelencia en las distintas temáticas. Sus actores principales, los científicos, continuaron publicando sus trabajos y sobretodo, formando nuevos recursos humanos. A ellos, se les inculcó la cultura del trabajo colectivo aun siendo muy complicado el sobrevivir ante la falta de recursos. A esto se le sumaron dos motivos claves, la falta de políticas de estado en ciencia y tecnología y el tener que convivir en un sistema político con una filosofía netamente economicista que castiga al creador y beneficia a los grandes centros de poder.


Por: Carlos Oscar Cañellas

El sistema científico argentino siempre se ha enorgullecido de estar integrado  a un sistema educativo público y gratuito. Allí, todos tienen igualdad de oportunidades, sin importar de dónde vienen, ni el apellido que portan y donde se permite y se estimula la movilidad social ascendente.

Los últimos años, fiel ejemplo de lo que no se debe hacer con el sistema científico, nos enseñaron a ejercer la tolerancia, la paciencia y el desinterés material. Por el desinterés, afrontamos la realidad de saber que la Argentina tiene cuatro veces menos investigadores per cápita que Alemania, siete veces menos que Corea y ocho veces menos que Israel. Esto en el marco de uno de los presupuestos más bajos de su historia y, además, soportar que degradaran al Ministerio de Ciencia y Tecnología a Secretaria de Estado. 

Pero el cambio llego y nuevamente somos Ministerio de Ciencia y Tecnología. Se puso sobre el tapete un plan más eficaz para el desarrollo nacional, comprendiendo que las sociedades que más han crecido son aquellas en las que se priorizó el desarrollo científico tecnológico. 

El gobierno comprendió que no se puede no  apostar por el conocimiento simplemente porque no se dispone de los recursos presupuestarios. Entendimos esto y fue clave porque nos va a permitir superar las limitaciones económicas actuales y futuras. La sociedad en su conjunto debe saber que ser dependientes en materia científica y tecnológica es lo que resulta verdaderamente caro. 
El reclamar prioritariamente inversión en educación, ciencia y tecnología es una responsabilidad colectiva y así lo debe entender la sociedad. Necesitamos del compromiso social para que esto se transforme realmente en nuestro timón hacia la cuarta revolución industrial: la revolución del conocimiento, que a su vez nos conducirá a una Nación con más oportunidades y menos desigualdad.

En estos últimos meses, la sociedad conoció a un nuevo componente, el coronavirus. Una realidad desconocida para todos. La gente, en su inmensa mayoría, aplaudió cuando el Sr. Presidente convocó a un grupo de científicos, médicos, epidemiólogos, infectologos, etc. para estructurar, junto con ellos, una política de estado donde la vida fuera el principal objetivo.

Fue así que nació la cuarentena social, único tratamiento que ponía freno a los contagios. El coronavirus no es elitista, ataca a todos por igual. La gran mayoría de la sociedad acato la medida y fue en este momento en donde el sistema científico dejo de lado todo lo vivido durante los últimos años: no olvido, ni perdono, pero no perdió tiempo en reproches y cuestionamiento. Y como la cultura popular expresa siempre “puso la otra mejilla” y se dispuso a trabajar en post del bien social. 

Instituciones totalmente olvidadas encendieron sus chimeneas una vez más y prácticamente sin presupuesto y en estado de abandono comenzaron a trabajar en el marco de esta pandemia. El Instituto Nacional de Microbiología Dr. Malbrán es un ejemplo. Muy pocos sabían que actúa como instituto nacional de referencia para la prevención, control e investigación de patologías y en donde trabajaron dos Premios Nobel; el Dr. Bernardo Houssay y el Dr. Cesar Milstein. El Hospital de Clínicas José de San Martín, es otro de los muchos ejemplos que nos deja esta pandemia. 

Es importante destacar que cuando el mundo todavía se encontraba discutiendo cual era el origen del virus, cuál era el vector de transmisión, nuestro científicos habían descodificado el genoma viral, había capacitado y descentralizado a nivel nacional el diagnóstico de la enfermedad a través de la tecnología del PCR, etc. También se desarrollaron nuevos y mejores sistemas de diagnóstico y en los laboratorios nacionales descentralizados lograron encontrar restos del genoma viral en aguas servidas y residuos cloacales pudiendo esta técnica ser utilizada como herramienta de trazabilidad epidemiológica.

En el 2016 el FMI recomendó al gobierno de ese momento que redujera el gasto en salud, en ciencia y tecnología. Sus funcionarios lo cumplieron con creces pero a pesar de esto y con la valiosa ayuda política y ciudadana se logró retardar la curva de la pandemia y reparar un sistema de salud prácticamente inexistente en el cual no solo la decisión política fue importante sino que la colaboración del sistema científico, en muchos casos voluntariamente, fue fundamental.

“Pusimos la otra mejilla” y continuamos pero ahora en un país en donde, a pesar de todas las penurias económicas, el gobierno acaba de anunciar un aporte de 745 millones de pesos para equipar al sistema científico, de los cuales 50 millones provienen de reasignación de partidas de la AFI, y que hasta la fecha ya invirtió 1.600 millones para becas, aumento un 25% los subsidios y duplico los ingresos al sistema científico tecnológico.

Existe un axioma que generalmente se aplica a los modelos económicos que dice “el costo de la oportunidad es lo máximo que se podría obtener si los recursos se invirtieran en aquella alternativa escogida como la mejor y que es diferente de todas las evaluadas”.

Hoy quiero aplicar este principio a nuestra realidad nacional en donde la ciencia y tecnología tiene esta oportunidad y con satisfacción, como Presidente de la Asociación Química Argentina, la veo ponerse de pié y colaborar en las soluciones que hacen a la problemática nacional no solo en salud sino que, además, en la nueva etapa económica/social post pandemia. Apostar por la compra nacional, por la sustitución de importaciones, entre otras, permitirá que las padecientes PYMES encuentren los estímulos necesarios para su resurgimiento.

Si afirmo que “la ciencia y tecnología puso la otra mejilla” no es para recibir más golpes, agravios y menosprecio, sino para colaborar en la generación de un sistema más igualitario para que todos tengan acceso a los bienes y servicios básicos y para sentirse que son tenidos en cuenta en este siglo XXI en donde el trabajo, que no solo dignifica al hombre, genere una sociedad en la cual todos tengan la posibilidad de progresar. 
 

 

Licenciado en Ciencias Biológicas y Dr. en Quimica de la UBA.Presidente de la Asociación Química Argentina. Para ImpulsoBaires.com.ar

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