jueves 26 de noviembre de 2020 - Edición Nº1708
Impulsobaires » Politica » 21 nov 2020

La mirada de Jorge Joury

Hay síntomas de rebelión fiscal en medio de esperanzas defolteadas

La promesa del Gobierno era que volvían para ser mejores, pero no se nota. Por el contrario, en la coalición todos creen que gobiernan, pero nadie toma el timón. La Argentina está patas para arriba. Mucho tuvo que ver la pandemia. No obstante, los desaciertos también abundan en una gestión que no impone confianza. Uno de los tantos datos de la realidad que golpean, es que hay escuelas sin clases. Pero mientras tanto, con protocolos abren Casinos y Bingos. De esta manera, también vamos camino hacia el default educativo más grande de nuestra historia. Un millón y medio de niños han perdido todo contacto con la escuela. Y muchos de ellos para siempre. Lo que hizo esta educación virtual profundiza las severas diferencias de un país tremendamente desigual. Pero todo se puede resolver yendo un ratito al casino. Aquí también se ha adoptado con naturalidad ocupar tierras que comprarlas. Y Grabois sigue siendo el Robin Hodd de la película. Si ganás menos de $50 mil estás por debajo de la pobreza, los jubilados cobran $18 mil y encima quieren esquilmarlos más con la nueva ley de movilidad. Todo mal con los adultos mayores. Los ajusta el Estado y los mata el Covid.La fórmula como está planteada agrava el cuadro de deterioro de los haberes. Está pensada para momentos de crecimiento económico y de recuperación de la recaudación. Conviene recordar que el sistema previsional tiene un haber jubilatorio mínimo cercano a 18.000 mil pesos, otro promedio de alrededor de 22 mil pesos frente a una canasta de bienes y servicios para un jubilado que no baja de los 49.000 pesos en octubre.


Por: Jorge Joury *

En este marco, no hay ningún político que en un gesto patriótico se baje el sueldo. Por el contrario, cada vez son más los que viven de la teta del Estado y agrandan el déficit.  

Los jóvenes que se sienten frustrados, se cruzan de orilla y emigran a territorios más previsibles, como Uruguay. Allí le abren los brazos a los argentinos y aquí los echamos a patadas. Encima, el país no está preparado para el mundo que viene porque no cuenta con financiamiento para encarar los próximos años. ¿Quién va recalar en estas tierras a invertir con semejante escenario?. Hay dirigentes a los que no se les cae una idea para salir de la crisis. Solo recurren al facilismo de subir impuestos, justamente en la nación más cara del mundo en materia impositiva. Por ejemplo, el gobernador Axel Kicillof proyecta aumentos de un 32% en la Provincia, como si los sueldos corrieran en esa dirección. Y los peajes a partir de enero subirán el 55%. ¿Cree Kicillof que va a poder mejorar la recaudación de esta manera, con un pueblo casi fundido contando las monedas para llegar a fin de mes?.

Ya podemos decir que vivimos en "Impuestolandia". Desde que el presidente Alberto Fernández asumió su cargo el 10 de diciembre de 2019 hasta hoy, creó o aumentó impuestos en 14 ocasiones, si se incluye dentro de la cuenta a las medidas del Ley de Presupuesto 2021 ya aprobado y el Impuesto a la Riqueza que desde este miércoles cuenta con la media sanción de la Cámara de Diputados.

La clase media está asfixiada de soportar  el peso que le imponen todos los gobiernos y cada vez se escucha con más frecuencia la idea de una rebelión fiscal. Hay hartazgo también por la desfachatez de un impuesto al viento en Puerto Madryn. En este marco recesivo y sin moneda en que apoyarse, ahora se proyecta el más terrible de los ajustes. Y en el gobierno quieren que no se note, para no ofender principios básicos de la doctrina peronista. Claro, ajuste es siempre una palabra maldita que nadie quiere cargar.  

El telón ya se levantó. y el acting ante el FMI se puso en escena. Un ala del Gobierno hace el papel de buenos demostrando interés en honrar la deuda. Y el otro se convierte en el malo de la película, con la excusa de no exponer al pueblo a otro sacrificio. Todos mienten y nadie quiere asumir el costo de llamar a cada cosa por su nombre, de comunicar la verdad pura por más dura que sea. Para colmo, creen que el Fondo es idiota y se va a tragar la pantomima.

El Presidente colocó a Martín Guzmán como pieza central de su tablero. Para ponerle un dique al dólar y para negociar un acuerdo de facilidades extendidas con el FMI. No resulta sencillo, porque ese tipo de programas plantea una serie de reformas a cambio de tiempos largos para afrontar la deuda. 

Guzmán debe estar maldiciendo la realidad. Prometió una serie de formalidades a las autoridades del organismo que no se han cumplido. Tampoco imaginó, aunque aseguran que fue anoticiado con anticipación, que Cristina y los senadores oficiales irrumpirían con una carta belicosa que también ha puesto al sistema político en estado de confrontación.

Ahora todos en el Gobierno están pendientes del acuerdo con el FMI, como si fuera la puerta de salida a los graves problemas económicos que tiene la Argentina y que arrastra desde hace varias décadas. Existe una tendencia a idealizar los arreglos financieros como si estos fueran sustitutos de solucionar los problemas estructurales. Nadie admite que la crisis es de confianza.“El ajuste esta vez no lo van a pagar los más humildes: lo van a pagar los acreedores, los que especularon”, dice y se golpea el pecho el Presidente. 

Pero, el  resultado aún está por verse. Desde el propio Ministerio de Economía ensayan razonamientos que intentan dar luz sobre la estrategia futura: “Alberto fue duro con el FMI; Massa fue duro con el FMI; los senadores fueron críticos; Martín Guzmán estaba enterado. Quienes tienen que ser duros son duros. Los que tienen que negociar negocian. No hubo ninguna sorpresa”, comentaba un funcionario.
Fernández se irrita cuando se habla de ajuste, pero en ese sentido van muchas de las medidas. Aparecen entonces la cuestión de los costos y los crujidos domésticos. La proyección del ajuste y los efectos ya notados harían recomendable la búsqueda de un entendimiento político en base a la aceptación de responsabilidades mutuas. No es lo que asoma.

Por ejemplo, vale preguntarse: ¿Puede un Gobierno ir hacia adelante cuando los socios mayoritarios (AF y CFK) no se hablan desde hace tiempo?. El Presidente reacciona a su manera: buscando hacer más peronismo. Los intendentes de la provincia y varios gobernadores, contentos. Muchos quieren poder ser reelectos para seguir nutriendo su buen pasar. Pese a la ley que se los impide, Alberto los quiere de su lado y ya les abrió una puerta.

Mientras tanto, hay otra mala noticia para el bolsillo.Miles de contribuyentes que no estaban originalmente alcanzados por el impuesto a la riqueza finalmente tendrán que pagarlo, una vez que la iniciativa que ya tiene media sanción en Diputados, sea aprobada por el Congreso. Esto se debe a un cambio del texto original del proyecto que se había redactado en abril. En aquel momento se estipuló que la base de cálculo sería el 31 de diciembre de 2019. Pero en el dictamen que discutirá hoy Diputados se dispuso que en realidad la fecha será la del día de la promulgación de la ley en el Boletín Oficial, lo que podría suceder a fines de noviembre o principios de diciembre.

Esto implica un gran cambio en el cálculo de quiénes deberán pagar el tributo. La clave está en el salto del tipo de cambio desde que empezó el año. A fines de 2019, el dólar oficial (al que se calcula el impuesto) rondaba los $ 60. Pero ahora está cerca de los $ 80, o sea un salto superior al 30%.

La economía agoniza  y los últimos datos datos de la inflación de 3,8% en octubre, meten miedo. Es el número más alto en 11 meses. Existe alarma por la suba del 4,8% en alimentos y justo sobre fin de año. La situación se presenta caótica, a pesar del cepo de los Precios Cuidados, una estrategia que empieza a relajarse. Todos le piden a la Casa Rosada que busque un Guillermo Moreno, porque a los remarcadores nadie los puede frenar. 

Para este mes, las consultoras estiman que la inflación rondará por el 4% y ya se notan faltantes en las góndolas.

Todos coinciden que la inflación comenzó a acelerarse de la mano de las menores restricciones a la circulación, también producto del menor alcance del programa de precios máximos, así como el ajuste de algunos precios regulados, como combustibles y prepagas.  

En este marco, el Frente de Todos está decidido a tapar con la política el fuerte ajuste que tiene previsto aplicar la Casa Rosada. La carta que los senadores oficialistas enviaron a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, es un ejemplo. Mientras el oficialismo pone límites a las exigencias del Fondo, el Gobierno intenta cumplir con las recetas clásicas de la burocracia de Washington.
Guzmán ya le explicó al Presidente que no tiene otro camino que el ajuste para sobrevivir. 

Aseguran que la estrategia es similar a la que aplicó Evo Morales en Bolivia. En ese entonces, el líder boliviano tenía un ministro de Economía -el actual presidente-, Luis Arce, que era conservador en lo fiscal y que emitía bonos en Wall Street a una tasa de un dígito, al mismo tiempo que el canciller, David Choquehuanca, despotricaba contra Washington y acusaba a su embajador en el país de conspirador. La ilusión de Fernández es conseguir un equilibrio similar, con un Guzmán fiscalmente responsable y un kirchnerismo crítico de las demandas del "imperialismo".

Para la vicepresidenta Cristina Kirchner, en tanto, la estrategia tiene otra virtud, que es la de despegar al kirchnerismo de los errores en que pueda incurrir el gobierno de Alberto Fernández en la ejecución de las medidas más antipáticas.

El problema es que no está claro que la misión negociadora del FMI termine de digerir esta dualidad en el Gobierno. Mucho menos que la comprenda su principal accionista: Estados Unidos. El gobierno norteamericano tiene la última palabra en el FMI y Guzmán lo sabe. De hecho, las negociaciones con el organismo sólo comenzaron formalmente el día después de que Guzmán tuviera una audiencia con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. El encuentro, que tuvo lugar el 25 de agosto pasado, no fue comunicado en su momento, y solo se conoce ahora a través del Registro Único de Audiencias, en donde los funcionarios dan cuenta de sus reuniones oficiales, aunque lo hacen con bastante rezago.

Funcionarios del gobierno norteamericano que tienen vínculos frecuentes con actores políticos y del sector privado vienen deslizando sus dudas en conversaciones privadas. Expresan preocupación por la falta de gestión de Alberto Fernández y por las diferencias políticas que existen dentro de la propia coalición. Fernández es, para ellos, un gran negociador, pero que por ahora no ha demostrado dotes de gestor. Las diferencias públicas y privadas con Cristina Kirchner no contribuyen a fortalecer su posición ante el mundo exterior.

Es la primera vez que varios peronismos pretenden gobernar y toman medidas distintas y enfrentadas al mismo tiempo. Pulsean con leyes, anuncios, reformas y movilizaciones en un festival de presiones cruzadas y ejercicios de posicionamiento. Todos creen gobernar, pero nadie termina de hacerlo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.  

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