martes 28 de septiembre de 2021 - Edición Nº2014
Impulsobaires » La Plata » 3 ene 2020

Punto de vista

Nuevas heridas narcisistas 2021: Freud, la comunicación y la sociedad digital por Esteban Concia

Una nueva nota de reflexionar al comienzo de año.


Por: Esteban Concia */

Hace más de 100 años Sigmund Freud en una de sus Conferencias de introducción al Psicoanálisis mencionó  tres heridas narcisistas que conmovieron al hombre “En el curso de los tiempos, la humanidad ha debido soportar de parte de la ciencia dos graves afrentas a su ingenuo  amor propio. La primera, cuando se enteró que nuestra Tierra no era el centro del universo, sino una ínfima partícula dentro de un sistema cósmico apenas imaginable en su grandeza. Para nosotros, esa afrenta se asocia al nombre de Copérnico, aunque ya la ciencia alejandrina había proclamado algo semejante. La segunda, cuando la investigación biológica redujo a la nada nuestro supuesto privilegio que se había conferido al hombre en la Creación, demostrando que provenía del reino animal y poseía una inderogable naturaleza animal. Esta subversión se ha consumado en nuestros días bajo la influencia de Darwin, Wallace y sus predecesores, no sin la más encarnizada renuencia de los contemporáneos. Una tercera y más sensible afrenta, empero, está destinada a experimentar hoy la manía humana de grandeza por obra de la investigación psicológica; esta pretende demostrarle al yo que ni siquiera es el amo en su propia casa, sino que depende de unas mezquinas noticias sobre lo que ocurre inconscientemente en su alma”.

Al decir de Freud el Yo no es el amo en su propia casa. Existen unas poderosas fuerzas inconscientes que inciden en nuestro comportamiento, determinan nuestras acciones, y el Yo no tiene poder de incidencia sobre las mismas. Somos extraños a estas fuerzas que aunque reconozcamos como propias  producen fenómenos incluso contrarios a nuestros anhelos y proyectos.

Las mociones afectivas como un quantum energético se desplazan de variada manera en las dos estructuras neuróticas que presenta Freud, inervan el cuerpo en la histeria, se desplazan de una representación a otra en la obsesión. La carga energética  circula y tiene efectos en las respuestas de los sujetos.

Al momento de analizar racionalmente nuestro comportamiento nos topamos con puntos sin sentido, conflictivos y sintomáticos que nos generan padecimiento. Estas formaciones se reconocen como retoños del inconsciente y constituyen el fundamento de la Teoría Psicoanalítica.

Por más objetivos y racionales que nos empeñemos ser no podemos dejar de lado nuestra subjetividad. Estamos determinados en gran parte por estas fuerzas emocionales que aunque propias nos resultan extrañas. Es muy frecuente en la clínica escuchar a los pacientes lamentarse de repeticiones y recurrencias que a sabiendas no les resultan convenientes no puedan evitar ejecutar. Todo el edificio del Psicoanálisis y otras psicoterapias se sostiene sobre el  padecimiento subjetivo, donde el factor emocional e inconsciente es el  principal responsable.

Frente a un hecho concreto podemos intentar un análisis racional y objetivo, basado en datos medibles y comprobables, estadísticas o porcentajes, y así enfocarnos en abarcar todas las variables cuantitativas imaginables que le otorguen cientificidad.  No ocurre lo mismo cuando intentamos analizar una respuesta subjetiva. Lo emocional interviniente es inconmensurable y sin embargo es lo que más afecta nuestro comportamiento. ¿Cómo no considerar entonces lo emocional si queremos generar alguna respuesta en un sujeto? Asimismo es necesario contemplar la subjetividad de quien intenta comunicar y generar algún tipo de respuesta en el otro, porque también está afectado por las emociones.

Vivimos tiempos de nuevas heridas narcisistas de la humanidad que podríamos llamarlas heridas de cuarta generación, a saber: lo digital supera a lo analógico, no es tan importante lo que decimos sino que vale más lo que el otro escucha y re interpreta, las imágenes y lo audiovisual supera al contenido estructurado y/o escrito, y sobre todo a partir del aporte de las neurociencias que sostienen nuestro cerebro humano se basa también en emociones para tomar decisiones y que las mismas ocupan un lugar físico en nuestro cuerpo, el “alma está en el cerebro” y las neuronas para lograr conectarse entre sí se activan mediante sensaciones.

Esto evidentemente es fuerte, pues tira por la borda siglos de iluminismo y racionalismo, donde el ser humano tenía una centralidad en su poder de tomar decisiones en base a estadísticas y números, lo cual era la garantía de un porvenir auspicioso. Pero ya no basta con tener razón, con saberse portador de una idea superadora o mejor, ya no basta con decir, la nuevas heridas narcisistas son una cachetada a la razón y a los números.

Eso se rompió. Los estudios recientes van marcando cada vez más la fuerte presencia de lo emocional como motor de las decisiones que va tomando el cerebro humano.

Ahora bien, no se trata únicamente de generar contenido emocional, aunque esto es fundamental sino también de conectar con el otro que ya tiene emociones, ya tiene sensaciones, ya tiene estados de ánimo. No es hacerlo sentirse orgulloso de una política pública, es más bien encontrar las sensaciones que está viviendo, los estados de ánimo por lo que está cruzado para poder conectar, para poder igualarnos en una práctica común.

Es el desafío de la comunicación política, el lazo, la conexión. Para esto hay que conocer al otro y ya no estudiar solamente su voto o comportamiento político en clave de clase, estructura social y/o tradición socio histórica sino en clave de lo que está viviendo y sintiendo, y partir de allí generar el vínculo.

Ese es uno de los desafíos de 2021, conectar con emociones y empató con sociedades angustiadas, cambiante y fragmentadas.

*/ Esteban Concia,  Lic en Comunicación.Sec del PJ  para ImpulsoBaires.com.ar


 

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