martes 04 de octubre de 2022 - Edición Nº2385
Impulsobaires » Politica » 2 mar 2021

La mirada de Jorge Joury

Sonaron cacerolas para el Presidente anti grieta que se pasó al Cristinismo

La clase media y gran parte del electorado votaron un Presidente que prometía la moderación y alejarse de aquellas arengas Cristinistas en el Patio de las Palmeras de la Casa Rosada. Pero en las 62 páginas de discurso político, Alberto Fernández se pintó la cara y anticipó que la batalla electoral que viene será a cara de perro. Durante casi dos horas de lectura frente al recinto poco poblado de la Cámara de Diputados, tibiamente, calificó de “error” al vacunatorio VIP que organizó en las sombras Ginés González García. Embistió con ímpetu una y otra vez contra Mauricio Macri. anunciando que se lo querellará por la deuda externa a la que calificó de "criminal". Y finalmente, dinamitó todos los puentes en su relación institucional con la Corte Suprema y la Justicia federal.


Por: Jorge Joury *

En síntesis, el Alberto moderado de la campaña, le dejó paso a su otro yo. Es decir, quedó claro y de manera elocuente, su giro hacia el kirchnerismo duro o el Cristinismo, como quiera llamárselo. "Por momentos pareció que hablaba Cristina con pantalones", comparó un legislador de la oposición.

La extensa presentación de Fernández de 110 minutos,  se vio claramente dirigida al núcleo duro de su coalición y de sus votantes. Cristina Kirchner debería sentirse reconocida y reflejada en ese discurso.  

En la ganchera presidencial, quedaron colgados los poderes económicos concentrados, la oposición, los medios de comunicación y periodistas críticos. Además, los intereses extranjeros, el Poder Judicial y todos los que incomodan al Gobierno, pasaron a la categoría de adversarios declarados. Están casi en la antesala de convertirse en enemigos del pueblo. El extenso discurso presidencial, tuvo un claro tono populista que dinamita todos los puentes de diálogo con la oposición parlamentaria, cuando aún están pendientes el tratamiento de leyes fundamentales.

AF remató su mensaje con dos frases que parecían haberse colado de otro discurso. "Necesitamos construir un país antisísmico,que supere lo odios" y "quiero ser recordado como el Presidente que sembró la unidad", concluyó con el mismo énfasis con el que había arremetido contra todos los que se diferencian y lo cuestionan.

En este marco, las mayores novedades que arrojó la alocución presidencial fueron la admisión del retraso en las negociaciones con el FMI, la creación de un tribunal para restarle atribuciones a la Corte Suprema, a la que denostó casi explícitamente, el pedido al Congreso para que controle a la Justicia y la denuncia contra los miembros del gobierno de Macri que contrajeron la deuda pública y privada. En el último punto, Fernández no reparó en dos realidades que exponen alguna ligereza en su planteo.

En primer lugar, ya existe una causa abierta en los tribunales de Comodoro Py por el endeudamiento a la que el Estado podría aportar elementos sin necesidad de abrir otra investigación. Salvo que no les satisfagan los investigadores actuales y busquen otros.

En segundo término, el Presidente quedó expuesto a una contradicción si la anunciada decisión de investigar los créditos tomados no fuera un mero recurso retórico-político: su gobierno no declaró ilegítima ni ilegal a esa deuda sino que la reconoció y la renegoció, tras mostrar voluntad de pago. La ahora dilata negociación con el FMI, que contradice el optimismo mostrado hasta hace nada por el gobierno, necesita de algún atenuante. ¿No será que la estrategia de Alberto es utilizar la figura de Macri , para minimizar judicialmente la de Cristina?, se preguntaron desde la vereda de la oposición.

"Es un año electoral. Alberto se quiso meter en la interna de Juntos por el Cambio", señaló de forma socarrona un diputado de la alianza opositora. Algo de eso quedó a la vista en el recinto cuando el jefe de Estado mandó a callar a Iglesias ante sus griteríos. "Tuvo cuatro años para hablar. ¿Por qué no me deja hablar a mí, por favor?", apuntó el mandatario, mientras la vicepresidenta Cristina Fernández lo intentaba calmar con una palmadita en el brazo.  

El escándalo por las irregularidades en el sistema de vacunación se transformó, como era de esperar, también en terreno de disputa entre el oficialismo y la oposición. "Vacunar a los amigos es delito", vociferó Wolff apenas el presidente se refirió al caso de los vacunados privilegiados y a los opositores que hablaron de "infectadura" y "acusaron penalmente" al Gobierno "por envenenar a la población" en plena pandemia del COVID-19.

"No llegué a la presidencia para ser sordo a las críticas bien intencionadas. Como tampoco llegué a la presidencia para dejarme aturdir por críticas maliciosas que responden a intereses inconfesables de poderes económicos concentrados, que en ocasiones buscan sembrar la fractura, la polarización y discordia entre el pueblo argentino", afirmó Alberto Fernández, visiblemente molesto, ante la Asamblea Legislativa. 

No solo en el plano político judicial, Fernández rindió tributo al ideario cristinista, sino que también lo hizo en el plano económico al autocelebrar el congelamiento de tarifas y los controles de precios, que la vicepresidenta militó públicamente contra los intentos de racionalizar la economía.

Horas después del mensaje presidencial, en el que la pobreza, el desempleo y la inflación estuvieron ausentes, la ciudadanía respondió con un fuerte cacerolazo en diferentes puntos del país. Evidentemente, el llamado a "la unidad" que hizo AF, falló y muchos no le creyeron. El jefe de Estado eligió consolidar al núcleo duro de la coalición. Espantó a los moderados e independientes que creían en un cambio y en el que volvían para ser mejores. Sepultó al presidente que prometió ser anti grieta durante la campaña y eso tendrá un costo en las urnas.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP.


 

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