sábado 04 de diciembre de 2021 - Edición Nº2081
Impulsobaires » La Plata » 23 abr 2021

Contrapoder

La enfermedad del odio y el virus de la intolerancia, nos empujan al precipicio

La pandemia y el coronavirus parecen haber exacerbado un clima en donde la posibilidad del acuerdo mediante el diálogo, es improbable en la Argentina. Mauricio Macri y Cristina Kirchner, son las caras visibles de un enfrentamiento político que divide al país en dos veredas irreconciliables.En todos los frentes del poder aparece la misma foto. Es decir, una llamativa falta de reflexión y de solidez profesional cuando se toman decisiones.


Por: Jorge Joury *

Esta suerte de indigencia técnica deja en la más absoluta oscuridad un problema conceptual. Tanto en el orden sanitario como en el educativo, el presidente Alberto Fernández lidera una administración con inesperados impulsos espasmódicos y reaccionarios que intranquilizan a la ciudadanía. No obstante, aún hay tiempo de parar la locura y frenar la esquizofrenia en la estamos entrando. No será fácil con el déficit en gestión en el que estamos sumergidos. Pero el Gobierno tiene la responsabilidad principal de llevarnos a buen puerto. El resto debe acompañar. Pero si AF acelera en la dirección equivocada, será difícil pedir mesura en quien recibe la bofetada.

Para el lúcido analista de la realidad regional y mundial, José “Pepe” Mujica, existe una enfermedad muy grave que afecta a la Argentina y le impide desarrollarse a la medida de sus capacidades y de su potencial: "el odio".

El histórico militante político e integrante del Frente Amplio explicó que en ese marco surgen movimientos y posturas extremistas para defender distintas cuestiones, pero descuidan lo más importante: el valor de la vida.

La pregunta es: ¿Cómo salir de la trampa del odio? . Para ello es necesario tener una tolerancia intelectual que nos lleve a conductas donde se pueda acordar y discrepar, en un tono de altura que evite la ofensa gratuita.

Hace poco tiempo un lector me trató de "personero de la muerte de Juntos por el Cambio". Fue por defender la apertura de las escuelas en uno de mis artículos. Primero: debo decir que escribo fuera de toda ideología. Critiqué los desaciertos del macrismo y ahora lo hago de la misma manera con el FdT. La crítica fundamentada siempre es buena y la recibo con beneplácito. Pero cuando se llega a los extremos de la ofensa, con el virus de la intolerancia de por medio, me resulta tóxica. Algunos fanáticos entienden equivocadamente que o se está con el gobierno, o se es el enemigo. Por esa cepa, la del odio, estamos en terapia intensiva, en medio de un Estado de locura y sin brújula.

Esta situación ha llevado  a que hoy estén dinamitados los puentes de la concordia. Como dice el sabio pensador uruguayo Pepe Mugica, que estuvo 15 años detenido en un hoyo de la cárcel de Punta Carretas, "hoy la Argentina duele".

Entiende que "cuando uno la ve de lejos, duele porque hay un odio muy fuerte y eso no garantiza ninguna salida. La grieta y los debates por el poder político entre la oposición y el oficialismo no son nuevos en la Argentina .El odio y el amor son ciegos, pero tienen una sustancial diferencia: el amor es creador, el odio termina destruyendo hacia afuera y hacia adentro. Es un arma de doble filo”, reflexiona.

Y completó: “La naturaleza nos colocó los ojos hacia adelante. Y hacia atrás puede haber recuerdos buenos y malos. Pero hay un conjunto de cuentas que no se van a cobrar nunca. El problema es la esperanza hacia mañana. Porque lo más importante es lo que vendrá, no lo que fue”.

Parece mentira, pero en el momento más sensible de un país que ya perdió más de 60 mil vidas, por la pandemia, el propio Alberto Fernández es el que alimenta la grieta. Después de tratar de "imbéciles" a dirigentes opositores y de "relajados" a los profesionales de salud, hace horas difundió una caricatura en la que aparece junto a Vladimir Putin a punto de darle la vacuna en el glúteo a un gorila. Luego debió borrar la publicación por el repudio que recibió en Twitter. (Ver el dibujo que ilustra esta nota).

Me pregunto: ¿Quién asesora al jefe de Estado, que le hace apagar el fuego con nafta?.

Desde su cuenta oficial, el presidente retuiteó un mensaje en el aparecía el dibujo con la firma Serko, compartido por el usuario @fundaspercusion que le agradece tras vacunarse contra el coronavirus.

Tanto Alberto como Putin, con quien negoció la llegada a la Argentina de la vacuna Sputnik V, aparecen vestidos como médicos. El argentino muestra un algodón con el que higieniza las nalgas del gorila, el animal con el que en Argentina se representa despectivamente a los antiperonistas.

El gorila está vestido de traje y tiene manos de humano, como para no dejar dudas de que es una alusión a un detractor del Gobierno.

La publicación sólo duró minutos en la cuenta del presidente pero no evitó cientos de comentarios, entre los que se incluyeron críticas opositoras pero también de partidarios del oficialismo.

El virus de la intolerancia lo llevan a cuestas vastos sectores sociales a los cuales la política no sintetiza y las instituciones no cobijan. Hay un creciente entramado que siente estar fuera de las reglas de juego. Que se las cambian todo el tiempo y que encima son perjudiciales para sus intereses. Allí se engloban desde los más perjudicados por la galopante inflación, hasta los empresarios o emprendedores a los cuales el Estado les pide y reclama cada vez más, sin notar que cada vez cuentan con menos para aportar.

La saturación que generan los permanentes cambios del Gobierno lleva a momentos de zozobra constantes. Da la impresión de que nada está firme y permanente. Todo se torna diabólicamente inestable con el "demos anuncios y después vemos".

Fomenta el camino más corto, aunque esté al borde de la ley, como adelantarse en la fila para vacunarse, aunque no corresponda. El mal ejemplo lo han dado pesos pesados del Gobierno como el procurador del Tesoro, Carlos Zaninni y señora. La lista sigue y la transgresión ya está naturalizada.

La sensación de que todo es un viva la Pepa, lo potencia una dirigencia a la que le falta ejemplaridad y por cierto vocación de servicio público.Nadie se ha bajado el sueldo como un gesto patriótico ante la emergencia. Por el contrario, cada vez son más los que se sirven del Estado. Eso potencia el "nosotros" y "ellos" como axioma. Nada más destructivo para una sociedad que requiere puentes y vasos comunicantes. Estamos enfermos. Hay que encontrar la vacuna, antes de que la sangre llegue al río.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP. 

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