jueves 23 de septiembre de 2021 - Edición Nº2009
Impulsobaires » Politica » 8 may 2021

Contrapoder

A los golpes contra el "Partido Judicial" y colocando la institucionalidad al palo

De manera obligada, la palabra que más se repitió durante la semana en los medios y las redes sociales fue "golpe". Inexplicablemente, el Gobierno activó a ese fantasma que solo ha sembrado la muerte en nuestro país. Volvió al escenario por el fallo de la Corte, donde el oficialismo acusó un severo golpe de nocaut. Un dicho popular da cuenta que quien anda con un martillo en la mano, ve golpes por todos lados. Eso le está ocurriendo a Cristina Kirchner, la mentora de una campaña para desacreditar a los jueces que le mantienen el aliento en la nuca. La ex presidente y Alberto Fernández interpretan que el fallo es un apoyo implícito a la futura candidatura de Horacio Rodríguez Larreta.


Por: Jorge Joury *

Como se observa, las reacciones denotan un virtual desprecio hacia la independencia de poderes. Encima, fue acompañado con otras postales turbias, como la desafortunada frase del intendente Mario Secco en el acto de Ensenada. Este dirigente ultra K, tiene antecedentes de pretender avasallar poderes, como cuando irrumpió violentamente en la legislatura bonaerense durante el gobierno de María Eugenia Vidal. Esta vez, emulando al dictador Leopoldo Fortunato Galtieri disparó sin filtro un cañonazo electoral hacia la oposición: "si quieren venir que vengan, les  daremos batalla". 

Los protagonistas principales de esta aventura suicida, han olvidado que detrás de estas expresiones del pasado hay páginas de sangre. Inexplicablemente, el Gobierno está agravando la propia tormenta que que generó y padece, con su especial manera de concebir la gobernabilidad de la manera más autoritaria. Además, las pancartas desplegadas en Ensenada son una muestra de la intolerancia reinante. Planteaban: "democracia o partido judicial". La realidad marca que el kirchnerismo de paladar negro no soporta la división de poderes, los fallos en contra, la democracia, ni los límites. Llaman golpista a todo aquel que piense distinto. Es lo mismo que hacía el primer kirchnerismo, cuando ensalzaba a Hugo Chávez y Rafael Correa, por poner algunos ejemplos ideológicos afines.

Cada vez que la sociedad, la justicia o el periodismo le pone límites a esta manera particular de gobernar pateando derechos, es traducido como una intentona golpista. 

Sostener que un fallo de la Corte Suprema que plantea que las escuelas deben estar abiertas, lo entienden como un golpe blando, o suave, o light. Lo que se dice, un disparate conceptual y una falta de respeto a la historia argentina.

Es la búsqueda de un pensamiento único, uniforme, como bloquear las críticas  y anular toda posibilidad de disenso.

Es la pobre metodología del kirchnerismo, que cuando saben que perdieron la discusión: insultan, agreden, gritan y amenazan en todas las direcciones. Son el fiel testimonio de síntomas evidentes de desesperación, que se disparan cuando el presente no les es favorable.

La escalada de esta vertiente dura, que responde incondicionalmente a CFK, tiene un efecto devastador. Termina erosionando el poder presidencial  y condiciona de hecho la unidad que se pregona y que se pretendió buscar en la foto de Ensenada. No es ni más ni menos, que una unidad condicionada o simulada, donde el discurso va en línea únicamente con las necesidades y la estrategia de Cristina para salir a flote del entramado judicial con que se siente acorralada.

Hasta el propio Presidente, un hombre que viene del riñón del derecho y ejerce el profesorado en la UBA, se ha lanzado al vacío, compartiendo la idea de un enemigo conformado por jueces, medios y la oposición. Es todo lo contrario a lo que pensaba antes de ser candidato y está escrito a fuego en los archivos del pasado. Alberto Fernández, el hijo de un juez, profesor de leyes durante 30 años, que sabe lo que es el Estado de Derecho,disparó en Ensenada una frase detonante: “No va haber ni tapa de los diarios ni sentencia judicial que nos deje o nos lleve a hacer  aquello que debemos hacer en favor de los argentinos”. Más allá del fallido, es una promesa inesperada. El Presidente está avisando que si es necesario, está dispuesto a ponerse fuera de la ley con tal de, según él interpreta, cuidar a quienes están bajo la carpa de su gobierno.

Alberto Fernández lo que ha hecho, no es otra cosa que dejar en claro que es definitivamente prisionero de  la interna, que domina CFK y en la cual lo ha entrampado como socio mayoritario. Representa la negación del acuerdo político y una advertencia a  los jueces, los destinatarios directos de sus críticas.“No nos van a hacer cambiar de idea". Y con los ojos cerrados planteó sin nombrarlo que la Corte actuó para favorecer una futura candidatura presidencial de Horacio Rodríguez Larreta, al que se considera el enemigo a vencer.

Sobre este punto, fue más lejos otra de las espadas más filosas del  cristinismo, el viceministro de Justicia, Juan Martín Mena, quien les mandó un misil teledirigido a los jueces: "si quieren gobernar, renuncien, armen un partido y vayan a elecciones". Luego fue más a fondo y afirmó que el fallo de la Corte “está invadiendo esferas del Poder Ejecutivo”.

Alberto cree que la resolución de los cortesanos es un golpe a las instituciones democráticas, lo cual alimenta peligrosamente, como lo señalé en un artículo anterior, las especulaciones sobre la generación de un clima que derive en un grave conflicto de poderes. Más allá de los dardos envenenados del oficialismo hacia la Corte, en la Ciudad no dejan de ponerle atención a las voces radicalizadas, como la del asesor del Ministerio de Agricultura y constitucionalista K, Eduardo Barcesat, que propuso el juicio político para los jueces de la Corte Suprema, pese a que el Frente de Todos no tiene número en el Senado, y la intervención federal a la Ciudad por desacatar el DNU 241 antes y ahora él 287. Aunque se trate de un disparate, que suena a amenaza y pisotea la propia Constitución,  no se lo puede subestimar.

El FdT es lo más parecido a un barco a la deriva.La “foto de la unidad” de Ensenada, disimuló solamente las divisiones. Se trató de una puesta en escena. Pero las diferencias son muy notorias. No obstante, en la coalición gobernante están obligados a jugar juntos porque si no el Gobierno se desintegra. Pero habrá que acostumbrarse, que siempre estarán midiendo poder. Por ejemplo, Cristina va a mantener hasta el final la coalición como ocurrió con Julio Cobos, que fue vaciado de poder, pero duró hasta el final de su mandato. Las disputas y las intrigas van a  continuar hasta que los resultados de las divisiones denoten el éxito o el fracaso en las urnas. Después se verá cómo sigue la historia.La idea de concebir un "Partido Judicial" de facto representa la figura de una conspiración en continuado contra el poder político. Esa foto  es altamente peligrosa en términos institucionales y suma tensiones innecesarias en medio de la pandemia y la crisis económica y social. Este sábado comenzará otro capítulo cargado de interrogantes para el oficialismo. Alberto Fernández depositará en su vice, Cristina Fernández de Kirchner, otra muestra de confianza. La dejará a cargo del país cuando inicie una gira por Europa que incluirá un encuentro con el Papa Francisco. Es probable que la semana próxima, ante los líderes extranjeros, veamos a un Alberto con un discurso más moderado, ubicado más en el centro, parecido al de la campaña. Pero a su retorno, obligadamente deberá volver a ponerse el uniforme más duro del cristinismo.Mientras tanto, el país electoral inexorablemente saldrá del invierno diezmado por los indicadores sanitarios o asolado por la recesión, el desempleo y la inflación. Pero la cepa que más castiga al Gobierno es la de la falta de credibilidad y la intolerancia. Son dos caminos de los cuales es difícil volver. De todas maneras, todavía existe un mapa hacia mejores destinos: el mejor camino es el que nos aleja de Venezuela.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias