miércoles 01 de diciembre de 2021 - Edición Nº2078
Impulsobaires » La Plata » 11 jul 2021

La semana que pasó

Panorama Político Platense: economía y educación, a votar por ese lado

Falta pocos días para el cierre de las listas. Diariamente, durante la semana, este Panorama empezó a informar sobre movimientos políticos, pero este domingo la propuesta es reflexionar como ciudadanos, porque en definitiva la idea de ciudadanía es maravillosa y el ejercicio libre de ella es una herramienta sensacional, de lo más revolucionario. ¿Qué debemos exigir este año a los partidos políticos?.


Por: Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires / Twitter @FMoschettoni

Del editor (casi todo) en primera persona

Los mejores momentos que encuentro para pensar y sentirme poderoso son una Iglesia, un aeropuerto, un museo y el baño. ¿Cómo es eso?.

A la Iglesia voy para dialogar con Dios y mantengo largas charlas,  sobre todo prefiero las capillas de los aeropuertos, antes y después de un viaje; los museos son mis preferidos sobre todo los días de finales de mundiales de fútbol porque estoy solo mirando una escultura o una pintura e ingreso en la obra para conocer sobre el momento histórico en la que se hizo (soy de Racing apasionado y el mundo futbolístico para mí empieza y termina en el Cilindro y no en un Mundial porque siempre se los utiliza políticamente), y el baño porque es el más habitual o el que está a mano todo el tiempo (siempre nos asiste en los momentos de nuestras urgencias y es fantástico porque ni la persona más atrevida se anima a interrumpirnos: es sagrado).

Anoche mientras jugaba la Selección la final de la Copa América, y todos estaban con eso, la pasé bárbaro avanzando en un trabajo sobre demostrar por qué estudiar matemática, historia y filosofía nos hace libres. Recién voy explicando lo primero en el sentido del álgebra. Desde el comienzo de nuestra civilización la matemática dio herramientas a la humanidad para entender el sentido de todas las cosas, y hoy en nuestros días, la necesitamos para todo: la tostadora a la mañana está inspirada por matemática aplicada en su resistencia, la computadora que prendemos con su internet lo mismo aunque más sofisticada, la compra que hacemos de verdura en una feria los martes y viernes también y el verdulero usa muchas cuentas que hace en papelitos, el celular y su cámara fotográfica interpreta una imagen y la representa por pixeles, y ni hablar el sentido de la comercialización actual con el e-commerce: eso es un festival de matemática pura.

La historia nos permite entender las luchas de los pueblos a lo largo de los tiempos, y sobre todo en las edades Media y Moderna, y ahí de sus entrañan brotan borbotones numéricos. Las pujas de los pueblos, la expansión o extinción de imperios, las revoluciones sobre todo las industriales, o la guerra en sí mismo al estar inspirada por el deseo de poder que a su vez lo origina la imposición de modelos económicos que para entenderlos necesitamos matemática. Estudiamos historia, pero cuando llegamos a la historia económica nos encontramos con estadísticas, y estadística es matemática, y los historiadores que detestan la matemática tienen que ir corriendo a algunos libros que están dando vueltas y que se subtitulan casi todos: ´economía para historiadores´, o incluso hacer cursos que están disponibles hasta en YouTube. La matemática nos hace libres porque se crean patrones y se modeliza y ahí empezamos a descifrar problemas que parecían indescifrables; la historia nos permite hacer un repaso más o menos cercano a lo que pudo haber pasado con civilizaciones anteriores, y la filosofía nos genera un ´big bang´ en nuestro cerebro y tratamos de encontrarnos con lo más maravilloso que tiene nuestro camino terrenal como es entender para qué estamos, cuál es nuestra misión, por qué existimos, incluso avanzar en un estadio superior hacia lo metafísico.

Imaginemos que es tan fuerte esta combinación de matemática, historia y filosofía que hoy usamos teoremas o cuestiones de fondo que se hicieron hace una eternidad. “Esto lo resolves con Bhāskara”, me decía un joven profesor de matemática al que acudí hace poco para que me refresque conceptos de mis años de secundaria y que los necesitaba para economía, y ahí me remitía a la popular fórmula cuadrática o resolvente. Y Bhāskara era un científico indio del siglo XII: “pensar que esto lo hizo en un desierto seguramente”, me recordaba mi profe. Y así otros como el más famoso de todos los tiempos: Pitágoras. El genio hizo el Teorema más popular de nuestra secundaria, y ahí aprendimos sobre triángulos rectángulos, hipotenusa y la suma de los cuadrados de los catetos, y ya ni sé cuánto más. Y pensar que esto último viene como desde el año 570 a.c. ¿Es fantástico, verdad?.

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano afirmaba en una cita que la utopía está en el horizonte, uno camina un par de pasos y ella se aleja lo mismo y el horizonte lo hace aún mucho más. Y las matemáticas, la historia y la filosofía son en cierta forma utopías para casi todos lo mortales porque es posible que buceando en ellas no lleguemos a conocerlo todo y no se consiga el ideal, pero seguramente avanzamos hacia un estado de libertad, y la libertad la necesitamos para ser más pillos que aquel que nos quiere vender “gato por liebre”. Y los argentinos necesitamos ser pillos para sobrevivir, porque todo el tiempo alguien nos está tratando de entrampar, y sobre todo lo hace el poder, y más que nada los políticos que por otra parte no son otra cosa que una fracción de nuestro reflejo: el que corresponde a nuestras miserias.

Así que dejo tranquilos por ahora a Bhāskara y a Pitágoras, a la primera Revolución Industrial, a los modelos económicos de la Edad Media, a la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel (¡qué difícil es entenderlo!) en Marx, y llego a nuestros días.

Como ciudadanos, en nuestro pleno ejercicio de ciudadanía tenemos que exigir calidad. Los políticos se regocijan porque creen que son los dueños del destino de cada uno de nosotros, entonces se sienten los más poderosos del mundo cuando tienen que hacer una lista, que después todos nosotros le damos legitimidad a partir de una imposición que nos hacen, en este caso al obligarnos a votar. Votar es derecho y obligación en nuestra legislación (me quedo con la parte del derecho, rechazo la imposición).

En ese proceso de selección de candidatos surge la profesionalidad de la política, algo absurdo y muy detestable. Un amigo al que quiero mucho, abogado y profesor de historia constitucional, cuando éramos más jóvenes me decía que él nunca iba a llegar a nada en política porque se la pasaba estudiando y desarrollándose como un ser social, y los que podían llegar estaban todo el tiempo en un comité (éramos radicales, pero bien puede cambiarse comité por Unidad Básica, o Casa del Pueblo, o lo que fuese). Y tenía mucha razón.

En pocas semanas nos enfrentaremos una vez más a una urna para resolverle los problemas a los políticos. Ellos no pueden ponerse de acuerdo para hacer una lista, aunque sí hacen el trazo grueso, entonces nos exigen a los ciudadanos que vayamos a votar en una elección PASO parar elegir entre un par de nóminas prefabricadas del mismo partido y así llevarles agua a su molino (nuestro voto es una ficha más que cargan en su inventario para después negociar lugares para ellos). Las primarias inútiles a las que vamos a concurrir nos cuestan un verdadero dineral que surgen de las arcas del país pobre en el que vivimos.

Nuestras herramientas como ciudadanos son pocas, porque vamos a llegar al cuarto oscuro y tendremos a disposición una sábana para avalar a 35 precandidatos a diputados que casi nada sabemos sobre ellos, a seis precandidatos a diputados provinciales que no siempre son platenses, una docena de precandidatos a concejales que se dicen vecinos pero que al 95% nunca hemos visto, y cinco precandidatos a consejeros escolares que por lo general no saben escribir una oración sin faltas de ortografías y mucho menos sacar porcentajes (en la mayoría de las veces son peligrosos, en función, en materia de porcentajes y terminan haciendo barrabasadas).

Tan solo podemos cortar boleta, o votar en blanco, o poner la imagen de algún personaje de ficción para manifestar nuestro descontento, pero más que eso no podemos hacer.

Si tan solo pudiésemos seleccionar a los candidatos uno por uno el resultado electoral sería otro, la calidad de los políticos sería mayor, y por lo tanto las decisiones que luego tomen por nosotros podrían ser más acertadas.

Llegan los del mate del comité, como decía mi amigo, y luego toman decisiones de mateadas de comités, y ahí estamos fritos.

Un ejercicio para esta elección y conocer más a la gente es utilizar la poderosa herramienta de internet, ´googlear´ el nombre de cada candidato y conocer algo más sobre ellos. Ahí seguro que encontramos que los que más posibilidades tienen de surgir electos son los que dicen ser “asesores de”, “militantes de”, “estatales de”, “gremialistas de”. Seguro que vemos mucho CUIT virgen porque de actividades privadas poco saben. Eso aumentará nuestra bronca, pero también será una patada a nuestros trastes para exigirnos mucho más en nuestra acción como ciudadanos a la hora de exigirle al poder por nuestros derechos.

El eje

Esta elección es importante, como todas, porque de cada contienda surge que nuestro futuro se modifique o no, y si se modifica en qué sentido lo hace.

En esta ocasión tenemos, a mi criterio, dos temas fundamentales para debatir: economía y educación.

En los últimos años nuestro país entró en una crisis educativa espantosa, con altísimos niveles de deserción, con una escuela pública ganada por gremios que obstaculizan todo el tiempo, y con decisiones gubernamentales pésimas. La economía también es parte de la educación que nos falta.

Los políticos hablan de la gratuidad, de la educación pública, de la universidad para todos, pero se olvidan que esos conceptos deben ser enriquecidos todo el tiempo, y no manipulados o vaciados.

Por eso esta elección tenemos que pedir a los partidos políticos que “nos hagan el favor” de poner precandidatos que sepan de economía, que conozcan de educación, o sea que tengan sentido común para ver cómo se resuelve la profundidad de nuestros problemas.

El reflejo en el espejo

Desde el miércoles pasado todos los días voy escribiendo lo que se sabe de los diferentes movimientos políticos, por lo tanto hoy domingo quise llegar con estas líneas para motivar una reflexión, un debate sincero, para ir pensando qué país, provincia o ciudad queremos hacia el futuro, y si es que efectivamente tenemos un futuro en común. Pero tenemos que dejar de ser tan cómodos y patalear un poco para que aquellos que se niegan a hacer una justa reforma política entiendan que no podemos ser siempre las víctimas de sus picardías.

Que tengan un gran domingo.

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