sábado 28 de mayo de 2022 - Edición Nº2256
Impulsobaires » Economía » 18 dic 2021

Análisis

Presupuesto: la inmadurez de los políticos argentinos jugó al “tacticaje” cuando el país más los necesitó

La sesión de la Cámara de Diputados de la Nación que trató el proyecto de Ley de Presupuesto 2022 mostró con claridad la distancia entre la “casta” (incluido Javier Milei, su divulgador) y el amplio conjunto de la sociedad. Cada estamento social, con sus más y sus menos, van a sufrir las consecuencias de una inmadurez histórica. ¿Cómo lo sentirá el aparato productivo expo e impo?.


Por: Fabricio Moschettoni, editor de ImpulsoBaires Twitter @FMoschettoni

Una encuesta de DC Consultores de hace unos días mostraba a nivel nacional una dura realidad pero bastante perceptible: los argentinos no creen en su clase política. Una pregunta a 1.350 encuestados sobre por qué los políticos argentinos se parecen a Papa Noel, mostraba que el 35% sostuvo que “te dan lo que no pediste”, el 29.5% consideró que “una vez al año te dan algo”, casi el 23% dijo que “quieren que nos portemos bien para darnos algo”, y apenas un 11% sostuvo que “saben lo que necesito”.

El sondeo, dirigido por Aníbal Urios, no nos debe sorprender. Cansancio, hartazgo e insatisfacciones que además se vienen manifestando en la práctica con mermas considerables de electores que participan de los comicios, tal como se vio en varias provincias en contiendas previas a la última elección nacional.

Estamos cerca de que se cumpla un aniversario más del golpe político que terminó con la caída del presidente Fernando de la Rúa en el 2001 y el surgimiento del “que se vayan todos”, y esta vez los argentinos estamos igual de frustrados que hace tantísimos años, con la misma dirigencia política (muchos de ellos más viejos, mañeros y sordos), con peores problemas, y por ahora con un poquito más de paciencia, pero solo será por ahora.

La sesión de Diputados, en donde se cayó el proyecto de Presupuesto 2022 tuvo responsables a todos los legisladores, no se salvó nadie. El oficialismo porque hizo un proyecto de Presupuesto imposible de creerlo, porque el pronóstico que mostraba sobre indicadores como la inflación en 33%, o un dólar a $ 131 aproximadamente no es nada fácil de sostener, y además porque se resistió a desenganchar poderes extraordinarios para el presidente Alberto Fernández, y situaciones innecesarias y hasta probablemente ilegales o inconstitucionales de política impositiva.

Javier Milei, el autor de propagandizar el slogan “son la casta”, también se convirtió en parte de esa “casta”, pegó faltazos en reuniones claves de comisión y en el recinto buscó tomar protagonismo, pero ya era tarde. Milei también defraudó, tal como los otros, los políticos conocidos, los que vienen defraudando hace largo tiempo.

La ex diputada Elisa Carrió dijo que su fuerza, la Coalición Cívica, no estaba de acuerdo con dejar al país sin presupuesto, pero sus legisladores como parte de Juntos también se plegaron al grupo de los que votaron en contra y constituyeron la mayoría necesaria para abortar el tránsito del expediente. Por lo tanto, los dichos de Carrió quedan vacíos, o por lo menos hay una incoherencia manifiesta.

El oficialismo hizo todo mal, ya lo vimos, y la remató con esa bochornosa exposición y apurada final del presidente de la bancada del Frente de Todos, Máximo Kirchner, que estuvo muy lejos de actuar en calidad de jefe de la bancada oficialista, le faltó altura, cintura política, manejo de tiempos y sobre todo sentido común, aunque esta última cualidad es idénticamente carente en el resto de sus pares, así que no se notó tanto.

En la práctica, la torpeza de ayer, el circo de oficialistas y opositores (desde la derecha a la izquierda), va a traer consecuencias que los políticos no deberán enfrentar porque tienen los privilegios de cobrar sus dietas y sueldos a tiempo, y disfrutar de los placeres paradisíacos de sus propios relatos, pero la economía real va a detonar.

Por ejemplo, el año que viene podría ser importante para la recuperación económica, porque la economía mundial podría traccionar, pero supongamos un caso muy claro en materia de comercio exterior como articulador del crecimiento.

Aquí, lo que la política argentina parece no saber es que se manejan operaciones a mediano y largo plazo porque es la forma en la que el mundo nucleado en los países que son parte de la Organización Mundial del Comercio operan, y es allí en donde tanto exportador como importador se constituyen en un intercambio comercial en donde se analizan múltiples conveniencias.

Para un empresario exportador argentino es necesario saber demasiado de la previsibilidad argentina para el año próximo, por ejemplo, cuál será la estimación lo más cercana posible al valor de nuestro peso en relación con el dólar, con que tipo de cambio nos vamos a encontrar, si el gobierno va a devaluar o no, y si devalúa de qué manera lo va a hacer. También hay que conocer exactamente la política impositiva a todo nivel para calcular costos, hay que saber el nivel de inflación para tener una idea aproximada de otras variables imprescindibles para un proceso productivo como por ejemplo aumentos salariales, tarifas, seguros locales, y demás.

Un tema muy técnico que en comercio exterior es el tratamiento de los Incoterms (International Commercial Terms), que son los términos del comercio internacional entre dos partes, y que se establecen en los contratos de compra venta internacional de mercancías, que si bien son voluntarios hace décadas que son una regla de oro por la que se articula el mundo del COMEX. Esos Incoterms son once actualmente (se rediscuten cada diez años), o sea once denominaciones que se identifican con tipos de letras (EXW, FCA, FAS, FOB, CFR, CIF, CPT, CIP, DPU, DAP, DDP), pero cada uno de ellos reglamenta el riesgo y el costo de una operación de transporte internacional, o sea qué parte se hace cargo de los seguros y del flete en cada tramo que va desde que el producto sale de fábrica hasta que llega al depósito del importador. Como se puede observar el costo de flete y seguros internacionales es en dólares por lo tanto un operador argentino, sea exportador o importador, debe saber cómo está parado el país para el manejo de esa moneda.

El exportador y el importador de Argentina además tiene otros problemas, como que en varias ocasiones los buques de carga no quieren bajar desde el Puerto de Santos, en Brasil, hacia nuestro país, por lo que hay que sumar costo adicional; y además el problema más importante a nivel mundial como es la crisis de los contenedores que surgió en pandemia por múltiples razones, entre ellas por la falta de acero para construirlos, por la expansión del comercio desde China, y porque no se produce eficazmente la logística inversa, o sea regresar a Asia contendedores que están dando vuelta por todo el mundo. Este último capítulo para nuestro país, que está lejos del centro del mundo y encima es una economía muy débil, lo terminó de condenar.

Así que el motor de la economía, o sea el comercio exterior, hoy está averiado por el pésimo comportamiento de la clase política en la sesión de Presupuesto, porque es necesario tener previsibilidad para los próximos tiempos y eso no es culpa de ningún factor externo, sino propio. Es decir, a los factores como son la complejidad operativa y de costos del comercio internacional fuera de fronteras, que no podemos manejar nosotros, le sumamos los desaciertos locales.

Una locura.

Dejar al país sin esa herramienta actualizada, por más mala que sea, es un golpe letal a la economía desde el punto de vista de recuperación a través de la comercialización, y ni hablemos de cómo terminará afectando en la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

El empleo de los argentinos lo generan las pymes y los emprendedores que trabajan como auxiliares de esas pymes que a su vez son proveedoras de grandes industrias. 

O sea, un carpintero que trabaja para una pyme exportadora o que sea proveedora de una industria exportadora va a sufrir también las consecuencias del coletazo de la falta de Presupuesto, se van a pagar menos impuestos porque se perderán oportunidades comerciales y es así que todos los habitantes de algún modo terminarán perdidosos porque al haber menos recaudación, menos recursos disponibles hasta los servicios del Estado se van a resentir.

Todo por el Presupuesto.

La política y los políticos cobrarán sus dietas y sueldos, no le temen a la inflación porque son los únicos que le ganan y por eso siguen jugando, mientras los articuladores de la economía real pierden por goleada.
 

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