miércoles 07 de diciembre de 2022 - Edición Nº2449
Impulsobaires » Politica » 31 ene 2022

Columna radial

"Todavía Cristina y Máximo no bajaron el martillo con el FMI", dijo Jorge Joury por la FM 98.9 de Pinamar

"Para graficar la dramática situación que se vivió, podríamos decir que Alberto Fernández logró frenar al borde del precipicio. Pero aún falta sortear otra prueba de fuego: Cristina Kirchner tiene poder de veto sobre el acuerdo económico y financiero que negoció con el FMI. Los reembolsos para pagar la deuda necesitan de una ley del Congreso de la Nación que la vicepresidente puede trabar con los diputados y senadores que responden a sus órdenes, si no coincide con las condiciones fijadas por el organismo internacional. Otra de las alarmas que se disparan tienen que ver con que los Derechos Especiales de Giro (DEG´s) para refinanciar la deuda de 44.000 millones de dólares que contrajo Mauricio Macri con el FMI recién se incorporarán a las arcas del Banco Central cuando el board apruebe la carta de intención con el programa económico y financiero que se aplicará hasta 2024 y después se habilite su ejecución en la Argentina con una ley sancionada en el Congreso".


Por: Redacción

Así comenzó su análisis semanal el periodista Jorge Joury en el programa "A las cosas por su nombre", que conduce Hugo Manzo, por la FM 98.9, Coast, de Pinamar.

A continuación acercamos un resúmen de los conceptos del analista:


"La principal preocupación de la Casa Rosada es que el 22 de marzo vencen cerca de 2.800 millones de dólares que no existen en las reservas del Banco Central. El gobierno tiene intenciones de pagar y necesita de la carta de intención aprobada por el directorio del FMI como paso previo para acceder a ese primer reembolso.

Luego del anuncio del principio de acuerdo con el FMI hubo una sensación de alivio en los mercados. Por ejemplo, el viernes el dólar informal tuvo una baja de casi $11 desde el récord de $223 al que había llegado el día anterior. Es una buena señal, aunque los economistas aseguran que es muy pronto para estimar si el acuerdo,del que aún restan definiciones claves, provocará una baja en las expectativas de inflación y servirá para evitar un traslado de las subas en la cotización informal a los precios. Por ejemplo, para enero las consultoras señalan que probablemente la inflación estará en el 4%.

Políticamente, Alberto Fernández  jugó una bala de plata para aflojar las tensiones de los mercados y alejarse de un default dramático que el kirchnerismo se encargó de agitar en los días previos. El silencio de Cristina, que es más peligroso que cuando habla, aún abruma al Presidente. En la Casa Rosada se vive una emoción pasajera. Se deberá convivir con el peligro de una quiebra si la misión del FMI que monitorea el acuerdo llegara a detectar incumplimientos con lo cual se caerían los préstamos.
 

Si bien es cierto que se perdió mucho tiempo y durante la pandemia las circunstancias de negociación habrían sido más favorables para el país, sin embargo hoy el compromiso externo ofrece un orden que Alberto Fernández fue incapaz de imponer en dos años de una gestión marcada por el deterioro de su autoridad, la ausencia de un plan, la contradicción sistemática y la ineficacia de un mecanismo administrativo contaminado por las batallas internas.

Recurrir al FMI no es el mejor de los recursos, pero en este caso le abre al Gobierno una ventana de aire fresco para llegar a finales de 2023 evitando un estallido económico. A cambio obliga a acomodar las cuentas públicas con una receta que eriza la piel de Cristina Kirchner, cuyo primer mandamiento es “no tomarás ninguna medida que frene el consumo”. El 2023 es un año electoral y el gobierno deberá apagar la máquina de imprimir billetes y evitar el plan platita, algo a lo que seguramente se resistirá Cristina.

El rumbo elegido el viernes lo califica como un gobierno de supervivencia, auditado por el Fondo y tironeado por la vicepresidenta. “ Si Alberto iba al default, como le pedían algunos gurkas del kirchnerismo, significaba sellar su sentencia de muerte.

Cristina funda su silencio en la desconfianza respecto del exitismo albertista. Lo hará responsable de una derrota si en las próximas elecciones el pueblo le da la espalda.Así como lo marcó después de las PASO ve imposible ganar elecciones en un contexto de bajo consumo y pérdida del salario real. Y si en 2021 le pareció una ruina el ajuste sigiloso de Guzmán. El escenario para ella es negro.No consiguió los 20 años de plazo que exigía, no se redujeron las sobretasas ni hubo una autocrítica abierta del Fondo por la asistencia que le dio a Mauricio Macri.Tampoco podrá reconectar con los votos perdidos, sobre todo los de la clase media, la más castigada por este gobierno.

Máximo Kirchner es aún más radical en la visión sobre la posibilidad de éxito con un programa digitado desde Washington. Axel Kicillof también vivió con decepción la fisonomía del acuerdo. Él había animado a Guzmán a “explorar otras alternativas” en aquella reunión del 5 de enero. El viernes se tomó 10 horas para dar su opinión sobre el anuncio presidencial, después de una insistente presión de la Casa Rosada. Lo hizo con un mensaje en Twitter teñido de amargura, que es lo más cercano a un apoyo que pudo expresar.

Guzmán y Fernández presentan el acuerdo como un triunfo. Prometen no ajustar, no afectar las jubilaciones, no bajar el gasto público, no aumentar tarifas energéticas más del 20% y no promover una devaluación brusca. También dijeron que el FMI no exige una reforma laboral, algo que tranquiliza a la CGT. Aseguran que el déficit bajará por la vía del crecimiento económico, que se invertirá más en obras, que la emisión monetaria para financiar el rojo fiscal bajará de 3,7% a 1% del PBI este año, que habrá tasas de interés positivas. Y como pide Cristina, una suba de los salarios por encima de la inflación, conseguir la combinación de todos esos factores se parece mucho a un milagro. 

Lo cierto es que hoy todos esperan la última palabra de CFK. “Cristina está de acuerdo con lo que hicimos”, opinó Alberto Fernández en Olivos para tratar de aquietar las aguas.Se trata de una formalidad discursiva. En Estados Unidos  quieren creerle al jefe de Estado, pero sólo respirarán aliviados cuando la carta de intención sea aprobada en el Parlamento. Por estas horas nadie duda que se trata de un hecho político que depende de la decisión de Cristina y Máximo."Ni se llora, ni se celebra",dicen desde la primera línea del kirchnerismo.

Mientras tanto, se estima que las tarifas deberían aumentar 180% tras el acuerdo con el FMI, pero el kirchnerismo que controla el área energética sigue sosteniendo el incremento anunciado del 20 por ciento".
 

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