por Jorge Joury *
También hay quienes piensan que la decisión de no soltar la mano al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, apunta a que, sin él en el centro de la escena, la atención pública volvería a temas más espinosos como escándalos y denuncias que podrían salpicar a la general, Karina Milei, el caso Libra o el penoso rumbo de la economía.
La propia CGT en el acto por el Día del Trabajador en Plaza de Mayo dio un duro documento donde manifestó que “la mayoría de los indicadores laborales, económicos y sociales reflejan un retroceso en la calidad de vida del pueblo argentino”, mientras considera que “el Gobierno, en lugar de tender puentes de unión y reconocimiento, divide al pueblo, promueve el enfrentamiento, la descalificación, el odio y el resentimiento, y pone en riesgo la paz social". También se advirtió que “se acabó la paciencia” y se llamó “a profundizar los conflictos”.
En este contexto, los libertarios no ceden en su iracundia. Comenzaron a hablar ahora que desde la prensa se impulsa "la cadena del desánimo", un término que acuñó el viejo programa 678, en su momento cuando se convirtió en la vedette del kirchnerismo. “¡Corruptos son ustedes!”, les gritó el Presidente a los periodistas cuando entraba al Congreso para respaldar la exposición de su jefe de Gabinete. “¡Chorros!”, insistió cuando salía del Palacio. La inquisición del periodismo es el camino del autoritarismo.
No es un invento del periodismo la fuerte caída de la imagen presidencial. En este artículo me voy a remitir a dar cuenta de lo que marcan las mediciones de las diferentes consultoras. Por ejemplo, una encuesta de Latam Pulse muestra que la aprobación de Milei, cayó al nivel más bajo de su gestión, es decir un 35%. Lo curioso de esta medición, es que, entre las mujeres, en cambio, el rechazo trepa al 72,9% y la aprobación se hunde al 25,4%, una distancia de casi 50 puntos que convierte a las argentinas en el segmento más crítico del presidente.
Otro dato de la realidad señala que el 71,2% de los argentinos cree que hace falta un cambio de gobierno. El relevamiento reciente pertenece a la consultora Zuban Córdoba.

Se sabe que el denominado círculo rojo está buscando una alternativa a Milei. En esa grilla están Mauricio Macri y Jorge Brito, el banquero y ex presidente de River Plate.
Lo cierto es que la realidad marca que a la mayoría de la gente no le alcanza para llegar a fin de mes y las familias se endeudan como pueden. Los salarios están bajos y la economía muestra una depresión notoria. Y encima, para dos de cada tres argentinos el pacto "anti casta" se rompió y por consiguiente viene la etapa del desencanto con el gobierno libertario. Los casos Adorni, $LIBRA y Spagnuolo, han empañado la imagen del gobierno y puesto en duda su credibilidad.
Un dato preocupante, es que la deuda de las familias alcanzó un nivel crítico: casi 16 millones de personas arrastran obligaciones con los bancos por un promedio de 8,76 millones de pesos, equivalente a cinco salarios y medio, en un contexto donde la mora se disparó y el crédito dejó de ser una herramienta de expansión para convertirse en un atajo desesperado para sostener consumos diarios como comida, transporte y servicios.
Mientras tanto, Milei como su ministro Luis Toto Caputo, se apoyan en indicadores macroeconómicos para defender su programa. Esto implica equilibrio fiscal, baja de la inflación respecto de los picos previos, mejora de algunas expectativas financieras y ordenamiento de determinadas variables. Sin embargo, la calle mide el momento con otro termómetro: salarios que corren desde atrás, alquileres y expensas cada vez más altas, tarifas que presionan, comercios que venden menos y familias que no llegan hasta el 20 de cada mes y se terminan endeudando para hacer frente a sus obligaciones. La macro puede ordenar el discurso oficial, pero la micro es la que define el humor social.
Encima, hay más locales vacíos ahora que durante la pandemia. Los comerciantes no pueden costear los alquileres y se mudan a plataformas online ante una incertidumbre que ya no les permite aguantar.
En la mirada de algunos especialistas, Milei está equivocando la ruta. El comentario es que se concentra en controlar la macroeconomía, pero descuida al campo de la economía real, pese al crujido de los cimientos del orden económico y social audible para cualquier oído atento.
Convengamos que la economía real tiene que ver con la del argentino de a pie: la del trabajador que observa cómo su salario pierde poder adquisitivo, la del jubilado empobrecido con el ajuste más grande de la historia y la del pequeño y mediano empresario que se ve forzado a cerrar las puertas del comercio que representó el sueño y el esfuerzo de toda su vida. En contraposición, la apertura comercial indiscriminada, la destrucción sistemática de puestos de trabajo y el cierre de pymes constituyen la raíz de un programa económico que se apoya sobre la carne viva de una sociedad expuesta a una fractura de efectos tan peligrosos como insospechados.
Lo que está viendo hoy gran parte de la sociedad es que el sacrificio que se le impone no conduce a un destino compartido. Si los trabajadores desplazados no encuentran reconversión si las comunidades productivas del interior ven quebrar las economías regionales y si las nuevas generaciones comprueban que el mercado laboral se contrae, mientras la tecnología avanza sin que nadie les ofrezca herramientas para desenvolverse en ese nuevo mundo, la fractura social será inevitable.
Si esa fractura se produce, como comenzaron a advertir desde hace ya unos meses prestigiosos economistas, periodistas y académicos, todos los pronósticos se vendrán abajo. Las garantías que el gobierno nacional supone aseguradas con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y las políticas concordantes se derrumbarán una a una, porque ninguna arquitectura jurídica de promoción de inversiones resiste las consecuencias de un tejido social roto. Los inversores que hoy miran a la Argentina con interés inevitablemente observarán este cuadro de situación que es tan significativo como la seguridad jurídica. Un país fracturado no sostiene nada, porque la fractura social es la madre de la inestabilidad institucional y política, y la inestabilidad es el enemigo declarado de toda inversión de largo plazo, como lo demuestra la historia de los países.
Lo que se comenta, es que las cosas no andan bien con el ministro de Economía quien no da con la tecla para salir del andarivel depresivo en que se encuentra la economía. A tal punto que Javier y Karina Milei salieron a levantar la moral a Toto Caputo en la cena de la Fundación Libertad.
Ello se dio después de varios días de versiones sobre cortocircuitos por el rumbo del plan económico. Los rumores en torno al malestar con el ministro se habían acelerado con su faltazo a la reunión de mesa política que se realizó el lunes al mediodía en la Casa Rosada. Fue la segunda ausencia consecutiva de Caputo, que explicó que al anterior encuentro no fue porque estaba en Washington.
Según indica el último Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora. el 66,6% de las personas consultadas considera que Milei terminó siendo parte de aquello que decía venir a combatir. Ese número toca la médula del dispositivo político libertario, porque el Presidente no construyó su legitimidad únicamente sobre un programa económico de ajuste, sino sobre una promesa moral: limpiar el sistema, castigar privilegios, la corrupción y así diferenciarse de la política tradicional.
Sin embargo, Milei aseguró que a él le va "peor" porque nunca se aumentó el sueldo: "Soy el que menos gana de los presidentes latinoamericanos". No obstante, reconoció que "los salarios se están desplomando" y que "lo pagó la casta". Para él, "la economía creó más empleo".
En este contexto, Milei sigue sumando odios. No solo está peleado con empresarios pesados como Paolo Rocca, el periodismo en general, sino que ahora agrega a los aliados del PRO. La cena de la Fundación Libertad reunió a los principales dirigentes políticos de La Libertad Avanza, el PRO y varios empresarios del llamado círculo rojo. El jefe de Estado también volvió a verse cara a cara con el ex mandatario Mauricio Macri, aunque no se cruzaron en el escenario principal y tampoco se saludaron en una nueva muestra de la marcada distancia que se mantiene latente entre ambos.
A Milei le gustaría reinar en un país sin periodistas, ni empresarios que no sean de su paladar. Las agresiones contra los hombres de prensa generalmente van acompañados por la sigla NOL$ALP. Para entenderlo, en el curioso léxico presidencial, quiere decir “no odiamos lo suficiente a los periodistas”. Y, además, lleva al signo pesos en el medio, porque para Milei el 95% de los periodistas son corruptos. En las mismas semanas, denunció penalmente a varios colegas y cerró la Sala de Periodistas de la Casa Rosada, porque sostenía que la permanencia allí de algunos periodistas atenta contra la “seguridad nacional”. Es tan loco todo, que esta medida que ni siquiera se aplicó durante la dictadura militar. No obstante, el lunes volverá a abrirse con una conferencia de prensa de Adorni. El gobierno lo que está mostrando, es una pulsión contraria al liberalismo. Estas expresiones que brotan del mundo violeta, de libertad no tienen nada y de democracia, mucho menos.
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información y analista político. El 22 de noviembre de 2017, el Concejo Deliberante de La Plata lo declaró "personalidad destacada en el periodismo".