por Redacción
"Después de lo que vimos, nadie podrá negar que la Selección nacional dejó la vida en la final. Pero en el balance final, estos muchachos lograron reavivar el sentimiento popular por Malvinas. Hoy, el tema a raíz de la bandera que arrojaron desde la tribuna del estadio de Atlanta y que levantó Giovani Lo Celso, ha tomado una dimensión nunca antes vista en las redes sociales, sobre todo entre los jóvenes que se abrazaron el sentimiento patriótico de manera inusitada". Así lo señaló Jorge Joury en el programa "A las cosas por su nombre", que conduce Hugo Manzo por la FM 98.9 y Pinamar TV.
El analista añadió que: "Pero la euforia mundialista también dejó a la intemperie las pulsiones ideológicas más oscuras. La política metió la cola y la xenofobia picó en punta a la hora de descalificar y excluir, generando incluso conflictos diplomáticos.La política pretendió manchar la pelota, pero la Selección le impuso al Gobierno el tema Malvinas en un lugar de la agenda distinto al previsto por Milei. La bandera que mostraron los jugadores argentinos tras el triunfo ante Inglaterra en el Mundial generó una repercusión internacional inesperada y tensionó el delicado equilibrio que la Casa Rosada busca mantener con Londres.
La Selección le dio una lección a la clase política.La dejó en offside. Mientras una parte de la dirigencia política intentó apropiarse de la emoción futbolera, quienes realmente estaban sometidos a la mayor presión que eran los jugadores, entrenadores y cuerpos técnicos, fueron ellos los que transmitieron un mensaje exactamente opuesto.
Scaloni lo dijo con absoluta contundencia, con la humildad de los sabios:“Es sólo un partido de fútbol, punto”. Ni revancha ni reivindicación. Nada de eso. Apenas un encuentro deportivo. Con la templanza que lo caracteriza, Scaloni intentó contener la escalada que precedió al memorable duelo con la histórica pica con Inglaterra.
Desde la vereda de la intemperancia y del aprovechamiento del sentimiento ciudadano, fue la vicepresidenta Victoria Villarruel la primera en quedar expuesta en las redes:“Jugamos contra los piratas usurpadores”, escribió. Y agregó que no sería “políticamente correcto ni pecho frío”. “Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores”, agregó.
Lo que vimos de Villaruel es la foto del fútbol guerra y un nacionalismo exacerbado, que confluye en una irrupción descontrolada. Se trató de una exhibición de oportunismo que dejó a la Vicepresidenta expuesta en su peor versión y motivó la reacción de la diplomacia británica. Lo que se dice, un pelotazo en contra.
La bandera rescatada por los jugadores dio la vuelta al mundo. Poco para reprocharles a los muchachos que, atravesados por la emoción de haber derrotado a Inglaterra, levantaron la consigna escrita con aerosol sobre una sábana de hotel frente a los ojos del mundo. Se hicieron cargo de un sentimiento que nada ni nadie pudo silenciar.
Lo de Villarruel es otra historia cuyo costo se verá. Trepada al paraavalanchas de la política, apareció en modo barrabrava para chicanear a Milei y los suyos. Buscó protagonismo, pretendió elevar el voltaje de la confrontación y terminó encendiendo un conflicto diplomático que su propio Gobierno prefiere evitar.
A Milei no le gustó nada el desafío de la Scaloneta y apenas terminó el partido y empezó a viralizarse la imagen de la bandera, declaró que "no hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas, rancios"."Las Malvinas se recuperan con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas", cuestionó Milei, que se declara admirador de Margaret Thatcher.
Otro de los que se metió en la polémia fue el vocero presidencial Adrián Ravier, que se había sumado para cruzar a Messi después de que el capitán señalara que en la Argentina hay personas que no tienen trabajo, no llegan a fin de mes y "la viven peleando". Ahora, Ravier buscó reencauzar la discusión en la estrategia diplomática del gobierno y tuvo expresiones que avivaron la polémica.
"Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas. Si logramos que la Argentina sea grande nuevamente, próspera y respetada, nuestras posibilidades de avanzar en el reclamo de soberanía serán mucho mayores", afirmó. Luego agregó que "la única vía es la diplomática" y que el respaldo internacional resulta clave.
También hay que decir que esto se inscribe en el delicado equilibrio que el gobierno viene manteniendo con Gran Bretaña lo cual le permite avanzar en acuerdos comerciales y, sobre todo, en la visita de Javier Milei a Londres, que está en carpeta para fines de octubre de este año.
Allí donde la política buscó dividir, el fútbol mostró cooperación; donde aparecieron la xenofobia y el oportunismo, la Selección reivindicó el respeto, el trabajo colectivo y la integración.
Afortunadamente Villarruel no abrió una crisis diplomática, pero introdujo desde la Vicepresidencia un lenguaje beligerante que condicionó la previa, amplificó la lectura política del partido y volvió más incómoda la estrategia de acercamiento del Gobierno argentino con Londres. Esto ocurrió justo cuando Argentina cuenta con el apoyo de Donald Trump para recuperar la soberanía de las islas en negociaciones secretas que se están llevando a cabo. Esto generó un costo político y comunicacional: endureció el clima y proporcionó argumentos a quienes, en Gran Bretaña, presentaron las manifestaciones argentinas como provocaciones políticas.
Mientras la política irrumpía en la conversación mundialista para dividir y alimentar mensajes de odio y polarización, desde los planteles llegaban expresiones de tolerancia, respeto mutuo y cohesión grupal, algo que debería aprender nuestra dirigencia".